Terroríficamente Poe

En este blog ya hemos hablado alguna vez de genios clásicos del género de terror. Por desgracia, no todo el mundo se deja embriagar por la magia de los autores de siglos pasados y se conforma con el “terror enlatado” que nos vende la industria hollywoodiense o las series de televisión. Nadie niega la importancia de best sellers actuales o de grandes estrenos cinematográficos (yo soy la primera que consume estos contenidos con ansias de pavor), pero muchas veces solo los antiguos escritores son capaces de presentar auténticas historias de miedo, narraciones ajenas a cualquier filtro, relatos puros y escritos con pluma y sangre. Y es que en la actualidad, con tantos efectos especiales y con argumentos tan explotados, parece que nada nos sorprende y que cuesta dar con una buena historia de terror. Por eso, a veces es bueno sucumbir a la nostalgia y sumergirse en el pasado para experimentar el verdadero horror…

El pionero del relato corto
Probablemente, aquel 19 de enero de 1809 el cielo se tornaba grisáceo y el frío desnudaba a los árboles de la ciudad de Boston. Así, en un panorama frío, hostil y terrorífico, nacería Edgar Allan Poe, que años más tarde llevaría al papel innumerables escalofriantes historias. Lo cierto es que Poe puede calificarse como un hombre polifacético, pues no solo se ganó la vida como periodista o crítico, sino que entregó su alma a la poesía. No obstante, las creaciones que más le dieron a conocer y que hicieron que su nombre quedara grabado en el firmamento de la inmortalidad fueron sus relatos breves. De hecho, Poe es considerado uno de los pioneros estadounidenses en este arte.

Entre sus cuentos destacan diversos géneros, como el detectivesco o el de ciencia ficción. Pero, posiblemente, los más interesantes sean los llamados por muchos macabros. Y lo cierto es que es una denominación que hace justicia al contenido… El estilo de Poe es exquisito, deteniéndose en los detalles y explotando la belleza incluso de los sucesos más trágicos. La temática es bastante variada, desde el sufrimiento por amor hasta la auténtica locura y sed de sangre. Y, lo que más me llama la atención (al igual que en las Leyendas de Bécquer) es esa forma de generar pavor casi instantáneo. No necesita imágenes ni ningún tipo de reclamo audiovisual, sino que con sus escenarios descritos y las sensaciones de los personajes es capaz de trasladar esos peligros a la realidad del lector, que no puede evitar interrumpir su lectura y vigilar sus espaldas…

Para acabar, quería citar los dos cuentos que más me han dejado petrificada. Para muchos críticos y lectores, Los crímenes de la calle Morgue es la obra cúspide de los relatos de Poe, pero yo he “sufrido” bastante más con El gato negro. Quizá es porque estoy acostumbrada a que el centro de mis pesadillas sea ocupado por asesinos, psicópatas o zombies, es decir… humanos (o casi). Sin embargo, este breve relato ha conseguido que tiemble al pensar en la maldad escondida en el animal protagonista de la historia: un gato. ¡Un simple gato! Una pequeña criatura que desencadena terribles acontecimientos, que provoca macabras prácticas y que intimida solo con la mirada amarillenta.

La otra historia que me ha hecho estremecer ha sido Lady Ligeia, un relato de amor que, sin necesidad de incluir sangre, vísceras y torturas, mantiene la tensión durante toda la lectura y eriza el vello hasta del más valiente. Además, una especie de aire místico envuelve toda la obra… Muy, muy recomendable.

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Edgar Allan Poe (1809-1849) – Fotografía de Kevin Dooley

No dudéis en leer al menos un cuento de Poe (son muy breves, de verdad), pero mientras lo hacéis no dejéis de vigilar vuestras espaldas… por si acaso.

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“Maldito décimo gol…”.

Lara no podía estar más emocionada. Era la primera vez que asistía a un partido de fútbol y una sensación entre nerviosismo y euforia invadió su cuerpo nada más pisar el estadio. Su amigo David y ella ocuparon sus sitios, nada más y nada menos que en la grada baja, primera fila, a escasos metros de los mismísimos jugadores. El inmenso estadio estaba lleno y miles de conversaciones, risas y vítores llenaban el ambiente. Lara nunca se había sentido tan bien.

David y ella se compraron unos nachos con queso y un par de refrescos, ansiosos de que los dos equipos salieran al campo a darlo todo. David llevaba la bufanda azul de su equipo, y en sus ojos habitaba el brillo de la mirada de un niño con un juguete nuevo. Lara echó un vistazo a las gradas, ocupadas por familias, grupos de amigos, parejas y hasta gente importante. La gente estaba ya más relajada y había tomado asiento, pues faltaba medio minuto para que los jugadores pisaran el césped. Dicho y hecho, los equipos salieron poco a poco, se saludaron y… el partido comenzó.

Fue emocionante desde el primer minuto, Lara podía sentir la adrenalina dominando su cuerpo. No habían pasado ni cinco minutos cuando su equipo marcó el primer tanto. David se levantó del asiento, por supuesto, profiriendo toda clase de gritos ante los que Lara no pudo evitar que se le escapase una risotada. Mientras sorbían sus refrescos, su equipo seguía metiendo goles espectaculares. Los jugadores corrían como gacelas, saltaban como canguros y hasta volaban como majestuosos halcones. El balón apenas rozaba los dedos del portero y se hundía con fuerza en la red. El público estaba eufórico. Querían más.

A medida que avanzaba el partido, nuevos tantos se iban apuntando. A David y Lara el tiempo se les pasó muy rápido, y cuando quisieron darse cuenta el partido estaba a punto de finalizar. Su equipo iba ganando ¡9-0!
“¡Qué paliza!”, repetía David una y otra vez con lágrimas de emoción. Jamás había visto a su equipo jugar así.
Lara miró el marcador. 9-0. 9. A Lara no le gustaban los números impares y pensó que 10 goles era una cifra mucho más redonda y atractiva.
“Vamos equipo”, murmuró.

De repente, el pichichi de su equipo se hizo con el balón y con una energía sobrenatural, emprendió su carrera esquivando a los adversarios con elaboradas jugadas, cada vez más cerca de la portería, de la meta. David cruzó los dedos y Lara se mordió el labio inferior. Faltaba apenas un minuto para que el partido llegara a su fin y era la oportunidad del equipo de vencer con un tanto más, llegar a los 10 goles. Lara miró de nuevo el marcador. Tuvo el presentimiento de que el 9 desaparecería para dar paso a un gigantesco y hermoso 10. Sí, sin duda ocurriría.
Cuando su mirada regresó al terreno de juego, el balón ya estaba penetrando la portería, viajando con una fuerza sobrehumana, como un auténtico objeto mágico. El portero no pudo hacer nada para evitarlo, simplemente se arrodilló y tapó la cara con sus manos mientras las lágrimas se le escapaban: había sido un partido catastrófico. La grada se levantó eufórica ante los campeones mientras los jugadores se abrazaban y lanzaban por los aires al goleador. Lara abrazó a David mientras observaba satisfecha al marcador: 10-0. El gol de la gloria.

Los asientos retumbaban. Era la gente animando al equipo ganador, pensó Lara. Había sido una experiencia increíble. Su primer partido de fútbol y su equipo aplastaba a su adversario. Increíble. Los futbolistas ganadores se abrazaban y gritaban. Lara sonrió. De repente, el pichichi y artífice del décimo glorioso gol se paró en seco. Su expresión estaba cambiando, tornándose totalmente seria e incluso diabólica. Sus ojos color miel estaban tiñéndose de rojo. No, imposible, Lara debía estar viendo mal. La piel del jugador comenzó a poblarse de rajas e incluso a caerse a trozos. No, definitivamente Lara estaba soñando. El futbolista se giró burscamente y la miró con aquel rostro muerto. Muerto… esa era la palabra… ¡era un muerto viviente! O al menos ese era su aspecto. Imposible… Después de sonreir tétricamente a la impactada Lara, se giró bruscamente, agarró con fuerza a un jugador de su equipo clavándole las uñas (literalmente) en los brazos y se lanzó sobre su cuello. Apretó la mandíbula con fuerza mientras el jugador herido mostraba una mueca de asombro y horror, hasta que con una fuerza sobrenatural le arrancó un trozo de cuello e hizo que un chorro de sangre saliera disparado de la horrorosa herida. Lara no podía creer lo que veía. El pichichi siguió persiguiendo a otros jugadores en busca de más víctimas mientras otros… ¡también se transformaban! Sus rostros se volvían decrépitos y su instinto se tornaba asesino. Mientras tanto, los futbolistas heridos despertaban, ahora muertos y sedientos. Todo estaba sucediendo a una velocidad vertiginosa pero para Lara ocurría a cámara lenta. ¿Qué pensarían los demás espectadores de la escena? Un crujido detrás de ella la sacó de sus reflexiones. Se giró para ver el asiento de atrás y observó como una anciana (o lo que quedaba de ella) devoraba la cara de un joven. La sangre salpicaba a Lara en la nuca. Con una fuerte presión en el pecho y la sangre helada, Lara miró horrorizada toda la grada. La visión hizo que casi se desmayara. Todo el estadio se había vuelto loco. Una pareja se fundía en un beso sangriento en el que ella trataba de arrancarle la boca a su novio. Un inocente niño de unos 7 años estaba poséido, trepando por las butacas y mordiendo a todo miembro que encontrase. Una adolescente en pleno proceso de transformación, hundió la mano en el pecho de su amigo, arrancándole el corazón, la imagen más terrorífica e impactante que Lara había visto nunca. Los jugadores seguían con su caza, esta vez persiguiendo al portero, al que alcanzaron y cuya sangre y vísceras acabaron tiñendo las redes de la portería.
-¡DAVID!- gritó Lara mirando a su amigo, que miraba como ella incrédulo y aterrorizado lo que estaba sucediendo en el estadio.
David volvió en sí, miró a su amiga y cuando abrió la boca para decirle que se marcharan corriendo, el vendedor de perritos calientes se lanzó a su espalda mientras devoraba su nuca.
Lara se tapó la boca horrorizada y antes de que la recién convertida señora zombie de su derecha mordiera su mejilla, Lara saltó al campo.

No se atrevió a mirar las gradas de nuevo, donde apenas quedaban vivos y donde las tripas y la sangre ornamentaban los asientos y las banderas de los equipos. La mayoría de los jugadores zombies estaban ocupados devorando al portero, en corrillo. Otros ya se dirigían a las gradas a capturar más presas y deleitarse con el festín. Lara aprovechó sus distracciones para correr como nunca lo había hecho hacia la salida, deliciosamente despejada. Daba grandes zancadas pero como sucede en algunos sueños, sentía que avanzaba muy lentamente. Ignoraba los gritos de dolor y el susurro de las lenguas sorbiendo la sangre, solo pensaba en escapar. No estaba tan lejos, unos metros más y saldría del estadio para buscar ayuda en la calle. No entendía como había sucedido, solo sabía que con el décimo gol algunos de los presentes se habían convertido en decrépitos muertos vivientes y habían comenzado su salvaje caza. Se le revolvía el estómago al recordar las terribles imágenes que había presenciado y el corazón se le encogía al recordar el detsino fatal de su amigo David, que en ese momento sería uno de ellos y buscaría ávidamente órganos que llevarse a la boca. Siguió corriendo, sin pausa, cuando sus Converse resbalaron en el húmedo césped. Cayó de bruces, dolorida. Cuando estaba a punto de incorporarse, sintió una agitada y ruidosa respiración detrás. Antes de que pudiera mirar atrás, levantarse o gritar, el pichichi del equipo se abalanzó sobre ella, hundiendo su desgarradora mandíbula en su nuca. Antes de que su corazón se parara, Lara susurró: “Maldito décimo gol”.

ABRIMOS LA TUMBA…

Hombres lobo y niñas diabólicas; zombies y vampiresas, me complace informaros de que esta tumba ya está abierta.

Si quieres saber quién soy, desplaza tu sarcófago hasta PERIOZOMBIE.
Si quieres que te cuente más… sigue leyendo.

En este blog os contaré todo tipo de historias con el propósito de haceros sentir miedo/pavor/repugnancia y, en definitiva, que os tapéis de pies a cabeza cada noche.
La temática de los relatos es diversa: muertes macabras, lugares encantados, espíritus que regresan, muertos que reviven y pesadillas que atormentan.
No obstante, si te interesa algún tema concreto puedes proponérmelo en TÚ MANDAS EN ESTA TUMBA.

Además, también haré entradas especiales que traten sobre cine de terror, libros indispensables para no dormir, series diabólicas, leyendas, personajes de nuestras pesadillas…

Pronto empezaremos a recorrer el camino hacia el cementerio.
Puedes acompañarme, pero no podrás salir.