¿Qué villano de Halloween eres según tu horóscopo?

¿Qué sería del cine de terror (y de nuestras vidas) sin esos villanos que pueblan nuestras pesadillas y nos atemorizan por las noches? Todos tenemos nuestro ‘monstruo’ predilecto, ese que nos fascina y aterroriza a la vez. Pero… ¿a cuál de ellos nos parecemos más? Para descubrirlo, solo necesitas saber tu horóscopo.


SIGNOS DE TIERRA (Capricornio, Tauro y Virgo)

Según la astrología, los signos del zodiaco pertenecientes al elemento Tierra (es decir, Capricornio, Tauro y Virgo) son personas analíticas que estudian cada una de las situaciones de su vida. Son ambiciosos y, si algo les importa de verdad, van a por ello. Enemigos de los soñadores, los signos terrestres son cautelosos, perseverantes y muy perfeccionistas. Esto les hace parecerse mucho a…

JIGSAW – Saga SAW

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Jigsaw, el asesino del puzzle de la saga SAW, es muy práctico y calculador. Sus torturas están planeadas desde el principio y corresponden un auténtico reto para los desgraciados que se someten a ellas. No hay detalle que se le escape, ni un solo hilo suelto en su macabro plan. Así que, si eres un signo de Tierra… que empiece el juego.


SIGNOS DE FUEGO (Aries, Leo y Sagitario)

Llega el turno de los más ardientes del zodiaco. Aries, Leo y Sagitario son signos de Fuego, es decir, personas muy activas, impulsivas y pasionales. Son muy seguros y confían a ciegas en sus propios impulsos. Eso sí, a veces pueden llegar a ser un poquito agresivos, al igual que…

CHUCKY – El muñeco diabólico

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Siempre he jugado con Barbies y ahora ya entiendo por qué. Es mejor no estar en la misma habitación que Chucky, un muñeco que querrá jugar contigo, sí, pero a su manera. Es muy impulsivo y, cuando menos te lo esperes, puedes acabar cayendo en sus manos de juguete. Si eres Aries, Leo o Sagitario, lo entenderás, ¿verdad? Valoras tu instinto por encima de todo y a veces no puedes controlar tu carácter. Pero solo a veces.


 

SIGNOS DE AGUA (Piscis, Cáncer y Escorpio)

¿Y qué pasa con los signos de Agua? Los que pertenecemos a este grupo, es decir, Piscis, Cáncer y Escorpio, somos unos soñadores. Sí, eso es lo que mejor nos define. Nuestra imaginación nos hace soñar despiertos en todo momento y ser muy creativos. Eso sí, somos extremadamente sensibles y tendemos a tener altibajos emocionales constantes. Por todo ello, el villano de cine de terror con el que más tenemos en común es…

Freddy Krueger – Pesadilla en Elm Street

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¿Y quién si no? Freddy Krueger es ese asesino que utiliza el mundo de los sueños para matar. La imaginación es su arma más poderosa y con ella consigue atacar los puntos débiles de sus víctimas. Y, por supuesto, es el villano más cool (como los signos de Agua).


SIGNOS DE AIRE (Acuario, Géminis y Libra)

Si los signos de Aire (Acuario, Géminis y Libra) pertenecieran al mundo de Harry Potter, su casa de Hogwarts sería Ravenclaw. La inteligencia es una de sus mayores cualdidades, pero también son emocionales. Les encanta relacionarse con los demás y son buenos comunicadores, como es el caso de…

Norman Bates – Psicosis

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Psicosis de Alfred Hitchcock marcó un antes y un después en el género slasher y, sobre todo, nos regaló uno de los personajes más interesantes del cine. Norman Bates afable y simpático. Le gusta charlar con los que visitan el Bates Motel, aunque cuando los clientes se marchan, todo cambia. Su inteligencia hace que nadie sospeche de que, de puertas para adentro, guarda un secreto muy oscuro. ¿Esconderán también algo los signos de Aire? Vigilémosles por si acaso.

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El slasher, el género más bestia del cine de terror

Hoy he estado dudando entre escribir sobre unicornios o sobre el aroma de las margaritas, pero al final he decidido embarcarme en un post sobre el género slasher, que es un poco más macabro que los unicornios rosas y las flores. El slasher es un subgénero del cine de terror que tuvo su edad dorada a principios de los 80 para después revivir en la década de los 90. Pero, ¿cuáles son sus características? ¿Es fácil reconocer una película de cine slasher?

Es absolutamente necesaria la presencia de un psicópata en las películas slasher. Sí, él es el malo de la historia.

Las víctimas del psicópata son adolescentes. Y es que nada resulta más irresistible para el villano en cuestión que un grupo de teenagers que campan a sus anchas y suelen coquetear con las drogas y el sexo.

– Es muy frecuente que el asesino cometa sus salvajes crímenes a modo de venganza por una humillación recibida en el pasado.

– También suele cumplirse el elemento “final girl”: un personaje femenino que sobrevive hasta el final de la película, momento en el que es perseguida sin descanso por el asesino hasta que consigue derrotarle o, al menos, escapar de él.

– Normalmente, las películas slasher suelen tener varias secuelas debido a su éxito. Es decir, estamos hablando de sagas compuestas por varias entregas.

Seguramente ya se os vienen a la cabeza varios títulos que se integran en este género, pero hay que saber que la película que lo empezó todo fue ‘Halloween’ (1978) de John Carpenter, aunque se vio claramente influenciada por otros films como ‘La matanza de Texas’ (1974) e incluso por ‘Psicosis’ (1960), la joya de la corona de Hitchcock.

la matanza de texas slasher

No quisiera estar en su piel (‘La matanza de Texas’)

Como ya he adelantado, el cine slasher vivió su época de esplendor entre finales de los 70 y principios de los 80. Y es que en esta etapa nacieron producciones como ‘Viernes 13’ (1980) y la mítica ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984), que alcanzó el éxito al incorporar al psicópata elementos fantásticos como el poder de introducirse en los sueños de sus víctimas.

freddy krueger slasher

No hay villano más cool que Fredy Krueger (‘Pesadilla en Elm Street’)

En los 90 resurgió la popularidad del género y su artífice fue el director Wes Craven, que ya había triunfado con ‘Pesadilla en Elm Street’ y regresaba con fuerza con ‘Scream’ (1996). Precisamente, ‘Scream’ merece una mención especial en este post, ya que no solo relanzó el cine slasher, sino que mezcla los trágicos asesinatos de Ghostface con una parodia del cine de terror. Las películas de ‘Scream‘ albergan numerosas referencias a otras películas de terror y reproducen algunos tópicos de las mismas. Por ejemplo, el conserje Fred -interpretado por el propio Wes Craven- viste un traje muy similar al de Freddy Krueger en ‘Pesadilla en Elm Street’. Además, también hay otros actores provenientes de míticas películas de terror como Linda Blair, la niña poseída de ‘El exorcista’, que interpreta a la periodista que se acerca a Sidney en la escuela tras ser atacada por el asesino. A ‘Scream’ le siguieron otros títulos reseñables como ‘Sé lo que hicisteis el último verano’ (1997), ‘La casa de los 1.000 cadáveres’ (2003) y ‘Hostel’ (2005).

drew barrymore scream slasher

Ahora que ha llegado el verano, espero poder hacer pronto un maratón de películas slasher. ¿Os animáis? 😉

‘No soples mis velas en Halloween’ (Parte 3)

Summer estaba tan ensimismada en sus pensamientos, reconstruyendo en su cabeza la tragedia de la familia Thomas como si de una película de Hitchcock se tratara, que se llevó un buen susto cuando Alice le puso delante de sus narices una apetitosa tarta salpicada de finas velas encendidas.
– Un cumpleaños no es un cumpleaños de verdad sin un buen pastel- rió Alice mientras le guiñaba un ojo.
– Gracias, chicos, es todo un detalle- Summer estaba cortada y agradecida a partes iguales.
La tarta, redonda y de color naranja, tenía una pinta estupenda. Sus amigos comenzaron a cantar las típicas canciones de cumpleaños mientras ella observaba las largas velas blancas, que parecían los finos dedos de un pianista.

Aplausos. “Vamos, pide un deseo, Sum”. Risas.
“Bien”, pensó Summer, “Mi deseo está bastante claro”.
Antes de soplar las velas, quiso dejarle claro a Bryan lo que había pedido y le miró por última vez. Por última vez de verdad.

Frío. Oscuridad. Silencio.

Summer miró a un lado y a otro, pero no veía nada. Una especie de corriente de aire había apagado todas las velas del salón, incluidas las de su pastel de cumpleaños. Y por lo que parecía, también había apagado las voces de sus amigos.
– ¿Chicos? ¿Qué ha pasado? ¿Tenéis una linterna o algo así?
Más silencio.
Summer empezó a ponerse nerviosa. ¿Por qué ninguno de sus amigos respondía?
– Si esto es una broma, no es gracioso. No me gusta la oscuridad.
Ni un solo sonido, ni un solo susurro, ni una sola respiración.
– Joder, no tiene gracia. ¿Estáis bien?
El frío invadió su cuerpo, cada poro de su piel. ¿De dónde procedía? Alguien debía haber abierto la puerta, pues el salón carecía de ventanas. Sin embargo, la luz de la luna llena no se filtraba por ningún lugar.
– ¿Alice? ¿Rachel? ¿Ed? ¿Dan? ¿Br-Bryan?
Dios, ¿acaso se habían marchado? ¿Y quién había apagado las velas? Parecía que sus amigos se habían esfumado. No oía nada, ni siquiera una risita nerviosa o unos pasos. Sin embargo, notó una presencia muy cerca de ella que intensificó el frío que sentía en el cuerpo. Y sabía que no eran sus amigos.
– ¿Quién anda ahí?
La angustia se apoderó de ella. Sabía que algo malo estaba pasando. Ya no notaba la extraña presencia junto a ella, pero seguía helada de frío. Y seguía sin escuchar a sus amigos. Quería luz. Y entonces recordó que, aunque no tenía mechero ni linterna, se había traído el móvil. Sí, eso serviría. Hurgó a tientas en su mochila, pero el móvil no estaba allí. Palpó su cartera, las llaves, un espejo, pero no el maldito móvil.
– Joder, joder, JODER.
No lo soportaba más. Las lágrimas se deslizaban sobre sus mejillas y estropeaban su maquillaje. Le escocían los ojos. Respiraba entrecortadamente, intentando olvidar el frío y el miedo. ¿Qué estaba sucediendo? Estaba atrapada en la oscuridad. Y nadie parecía percatarse de sus sollozos. Pero, cuando creyó que todo estaba perdido, sus dedos acariciaron una superficie muy lisa. ¡La pantalla del móvil! Rezó que tuviera batería y que sus nervios le permitirían desbloquearlo.
– Oh, sí. ¡¡¡SÍ!!!

Luz. No demasiada, pero la suficiente. Estaba salvada. Apuntó con el móvil hacia sus amigos, esperando verles conteniendo la respiración y la risa por la broma que le estaban gastando. Pero no vio nada. No estaban allí.
– Cabrones…- murmuró Summer contrariada.
Sabía que sus amigos tenían sentido del humor, pero esta vez se habían pasado. No tenía gracia. Se sintió idiota por llorar y por haberse agobiado tanto. Le parecía increíble haber pasado tanto miedo por una broma pesada como esta después de haber visto tantas pelis de terror. Comenzó a ponerse en pie y su móvil alumbró más abajo, al suelo.
– …

Summer estaba petrificada. Sus amigos no se habían marchado. Al menos, no Alice. Su mejor amiga estaba allí, tumbada sobre el improvisado mantel, y allí había estado todo el tiempo. Sonreía. Tenía la mirada perdida (y vacía). Estaba muerta. Lo supo por el hilo de sangre que escapaba de su congelada sonrisa, de su última sonrisa. Movió el móvil un poco más, enfocando el cuerpo de su amiga. Su ropa estaba rasgada y bañada en sangre, sangre que seguía borboteando de su interior. Una vez más, movió su móvil. Rachel también yacía en el oscuro mantel, pero no sonreía. Sus ojos estaban cerrados y los párpados presentaban algunas salpicaduras de sangre. No enfocó el cuerpo, pues sabía lo que se encontraría. Giró su móvil. Ed y Dan, tumbados muy juntos, parecían mirarse. Pero sus ojos no tenían vida. Y otra vez más, movió su móvil. ¿Tendría fuerzas para soportalo? Oh, Bryan. Al igual que sus compañeros, estaba muerto. Su mirada era triste. Parecía resignado ante la muerte. Disfrazado de uno de los psicópatas más peligrosos, Hannibal Lecter, había sido él al que habían abierto en canal, al que le habían arrebatado la vida con una brutalidad inhumana. Inhumana… Sum giró el móvil una vez más, aunque sabía que al lado de Bryan no había nadie. ¿O sí?
– ¡NO!

No le importó la oscuridad. Se olvidó de sus fobias, del miedo y hasta del dolor por lo que acababa de ver. Sus amigos estaban muertos, habían muerto ante sus narices y no sabía cómo. Bueno, ahora sí. No sabía donde había caído su móvil ni si se había roto, pero no importaba. Summer corrió y corrió, intentando liberarse de ese frío, de esa angustia. El salón parecía interminable. No sabía si llegaría a la puerta, si podría escapar, si él no se cruzaría en su camino. No sabía absolutamente nada, solo que en toda su vida había corrido tanto como en ese momento. Ni siquiera cuando jugaba a las carreras de relevos en el patio ni cuando quería estar en primera fila en el concierto de Green Day del año pasado. Extendió los brazos hacia delante y, sin previo aviso, sus manos chocaron contra un muro. No, no era un muro, era el portón de aquella odiosa mansión. Empujó. El fulgor de las estrellas se coló por la pequeña apertura, que poco a poco se hizo más grande. Summer no miró atrás. Al menos, no hasta que hubo atravesado el tétrico jardín, que se le antojó absurdamente grande. Entonces sí que se atrevió a dedicar una última mirada a la casa, insultantemente silenciosa. Memorizó cada detalle de la fachada, cada arista, cada cristal roto, cada brizna de hierba. Quizá solo así podría borrar de su mente el rostro de Dick junto al cadáver de Bryan, sonriente, insolente, fantasmal. Aquel estúpido niño se había ensañado a gusto y se había divertido de lo lindo. Al fin y al cabo, él también nació un 31 de octubre.

– (Parte 1) ‘No soples mis velas en Halloween’

– (Parte 2) ‘No soples mis velas en Halloween’

‘No soples mis velas en Halloween’ (Parte 2)

– Ya hemos llegado, Sum.
Alice estaba emocionada, era algo evidente en su voz. Se notaba que ella había sido la que se había encargado de todo, como todos los años. Le encantaba organizar fiestas y eventos, sobre todo para la que era una de sus mejores amigas. Summer sonrió. Era perfecto.
– Gracias, Alice. Gracias, chicos.
Y no pudo evitar mirarle. Bryan le devolvió la mirada y sonrió también. Todo estaba yendo como la seda.

La casa era enorme y presentaba un aspecto verdaderamente lúgubre. El tejado de pizarra azul estaba plagado de enredaderas que habían trepado por los grises y viejos muros. El paso del tiempo había roto los cristales de algunas de las ventanas, tras las que se podía entrever una tintineante luz.
– ¿Hay alguien?- preguntó Summer algo nerviosa.
– Espera y verás- respondió Rachel guiñándole un ojo.

Tras atravesar el ondulante sendero de piedra flanqueado por setos silvestres y hierbajos, Ed empujó el gran portón de madera, que se abrió lentamente emitiendo crujidos. El enorme salón estaba totalmente iluminado por decenas de velas de todos los tamaños y colores, que dejaban ver la elegante escalera de caracol de la mansión y los inquietantes retratos de los grandes cuadros. En el centro de la estancia estaba extendida una especie de mantel o sábana de color negro y grandes dimensiones, sobre el que descansaban vasos de plástico y algunas bolsas de patatas fritas y palomitas. Summer no podía creer lo que veía. ¡Le encantaba! Todo era tan tétrico y excitante… Sin duda, la mejor fiesta de cumpleaños de su vida.

Sentados alrededor del mantel, los amigos brindaron con cerveza y zumo de calabaza.
– ¡Por Summer! – entonó Alice alzando su vaso.
– ¡Por Summer!- coreó el resto mientras bebía.
– Gracias, chicos, de verdad. Me conocéis muy bien y ni os tengo que decir que me ha encantado la sorpresa. Jamás pensé que celebraría mi cumpleaños en una casa abandonada, en esta casa abandonada.
Y es que la propiedad en la que estaban tenía su historia y todo el pueblo la conocía. Nadie osaba acercarse mucho a los límites de la casa, pero Summer siempre había soñado con atravesar sus puertas y poder pasar un tiempo en uno de los lugares más emblemáticos y misteriosos de la zona. En los años 50, una humilde familia proveniente de Texas compró la propiedad, que había sido construida hacía apenas cinco años y su antiguo dueño, profesor de Matemáticas y escritor a partes iguales, se veía obligado a venderla por no poder seguir pagándola. La familia texana no podía creer en su suerte: había comprado una mansión maravillosa a un precio de risa. De hecho, decoraron la casa lo más suntuosamente que podían permitirse e, incluso, compraron en una subasta unos viejos cuadros de retratos de una antigua familia de aristócratas ingleses para otorgarle un aspecto más lujoso. Los primeros meses fueron maravillosos. El padre, Ronald Thomas, abrió una tienda de comestibles a las afueras del pueblo y el aspecto pintoresco del comercio atrajo a muchos clientes. Gina, la madre, se encargó de que la casa estuviera siempre perfecta y de que cada uno de sus recovecos brillara como el oro pulido. Y Dick, el pequeño de la casa, rápidamente se hizo muchos amigos en la escuela. Sin embargo, al cabo de unos seis meses, la suerte de la ilusionada familia comenzó a cambiar…

Todo ocurrió una tarde de otoño en la que el sol hacía compañía a un cielo blanquecino. Gina se había puesto su mejor vestido, el de color esmeralda, y también las perlas que le había regalado Ron en su décimo aniversario de boda. Había invitado a unas vecinas a tomar café y pastas, y tenía que estar perfecta. Acostumbrada a la dura vida campestre de Texas y a sus interminables y ardientes días en la granja, Gina no cambiaría su nuevo estilo de vida por nada del mundo. Era de esas personas a las que les encantaba aparentar, y ahora que tenía la oportunidad (una mansión enorme, melena de peluquería y trufas heladas en la nevera), no pensaba desaprovecharla. Tras repasarse los labios con su nueva barra color fresa, salió de su habitación para buscar al pequeño Dick.
– Dick, cariño, ahora quiero que bajes a saludar a las invitadas y después regreses a tu habitación a jugar. Y no me armes ningún escándalo, mi vida.
Al no obtener respuesta, la buena mujer fue hasta la habitación del niño, que seguramente estaría imaginando mil historias con sus muñecos de trapo y su tren de madera como cualquier otro niño de seis años. Al entrar en el dormitorio de paredes azules, Gina emitió el grito más desgarrador de su vida. Desde la colorida alfombra en forma de estrella, Dick observó a su madre con una macabra sonrisa salpicada de la sangre que fluía del cuerpo de una pequeña ardilla que yacía muerta sobre su regazo. Las manos de Dick, ensangrentadas, aún seguían escarbando en el cuerpo abierto y desgarrado del roedor. Gina no creía lo que estaba viendo, no podría creer que su adorado niño estuviera despedazando un animal con sus propias manos, unas manos diminutas que acostumbraban a mancharse de chocolate o ceras de colores y no de espesa y oscura sangre. Pero no tuvo más tiempo para pensar ni para entender qué habían hecho mal ella y Ronald al educar al pequeño. Solo él, Dick, supo cuáles fueron las últimas palabras de su madre.

La encontraron muerta, con la boca desencajada y los ojos claros abiertos de par en par, tendida sobre la infantil alfombra junto a la ardilla destripada. Su vestido verde se había teñido en algunas partes de color escarlata. Esta horrible escena era obra, nada más y nada menos, que de Dick, que se había precipitado por la ventana tras matar a su madre, pereciendo en el acto. Ni la policía ni nadie en absoluto sabía cómo un inocente niño de seis años había conseguido rasgar la piel de su madre y del pobre animal con sus pequeñas y suaves manos. Cuando Ronald recibió la llamada de los agentes policiales, que le pidieron que acudiera a su domicilio inmediatamente, jamás se imaginó que su mujer y su hijo estarían muertos. Sus gritos y sollozos se escucharon en toda la calle. El hombre quedó tan traumatizado que, apenas un mes después de la tragedia, lo encontraron colgado de su corbata en la lámpara de su tienda, mientras el letrero de “Closed” continuaba balanceándose como intentando lanzar un aviso a los que caminaban de forma apresurada y distraída ante el acristalado comercio.

– (Parte 1) ‘No soples mis velas en Halloween’

– (Parte 3) ‘No soples mis velas en Halloween’

‘No soples mis velas en Halloween’ (Parte 1)

Es curioso que una chica obsesionada con Halloween se llamara Summer. Era un nombre demasiado cursi, demasiado alegre, demasiado color pastel. Pero todos los que la conocían sabían que nada tenía que ver con su personalidad. No es que fuera una emo ni nada de eso, pero sí era una chica un poco siniestra. No, no solo era porque escuchara heavy metal, pues eso era algo que tenía en común con muchos adolescentes de Sparks Town, ni porque llevara pintas extrañas (de hecho, su pelo era “normal”, castaño oscuro, y no se pintaba las uñas de negro ni vestía con túnicas o corsés). Simplemente, Summer sentía debilidad por los libros de terror, por las leyendas urbanas y por las criaturas sobrenaturales. Ah, y por Halloween, tenebrosa celebración que coincidía exactamente con su cumpleaños. De hecho, le encantaba celebrar su nueva edad con un maratón de pelis de terror con sus amigos o invocando a los espíritus a través de la ouija. Lo que no se esperaba es que lo mejor llegaría cuando cumpliera los 19 años…

– Venga, Sum, anímate. Lo vamos a pasar bien y es Halloween. Y es tu cumpleaños.
– Ya lo sé, Alice, pero no te miento cuando te digo que no me encuentro muy bien. Sigo algo resfriada todavía.
– Joder, Summer, no seas gallina. Esta noche vamos a ir a recogerte quieras o no, así que prepara tu mejor disfraz y tu sonrisa más arrebatadora. Porque va Bryan, no sé si lo sabes.
– ¿Bryan? ¿No estaba en Alaska con sus padres?
– Sí, pero ya ha vuelto. Por Halloween. Por tu cumpleaños, tonta. ¿Vas a desaprovechar esta oportunidad?
Summer se mordió el labio inferior mientras jugaba con el cable del teléfono. Sí, todavía usaba un teléfono “antiguo”, de esos que tienen cables y carecen de pantalla. Tras observar sus calcetines de Jack Skellington durante cinco segundos, carraspeó y con voz firme pero divertida dijo:
– Pues claro que iré, Alice. Si sobreviví a diez picaduras de abeja cuando tenía 6 años, ¿qué puede fallar ahora?

Después de muchos retoques, por fin estaba lista. Dios, estaba increíble. No es que se sintiera precisamente sexy, pero Summer pensaba que Halloween no era una festividad para vestirse de vampiresa porno o de brujita juguetona. Había que dar miedo. Y ella, con su melena alborotada y encrespada, con los jirones de piel (de silicona) cayéndose de su rostro y con sus ojos inyectados en sangre, lo inspiraba. Tras dar gracias a Youtube por los fantásticos tutoriales de maquillaje y caracterización que había encontrado, cogió las llaves y salió a la calle. Pensó que sus amigos no tardarían demasiado, y no se equivocó. En apenas dos minutos, vislumbró cinco sombras difusas al final de la calle. A medida que se acercaban, los reconoció a todos, a pesar de los disfraces. Estaba Alice, por supuesto, perfecta de muñeca diabólica con sus dos trenzas rojizas, su corta estatura y su vestido ensangrentado. Los gemelos Ed y Dan no se habían esmerado demasiado: Ed se había cubierto de papel higiénico en un intento de momia y Dan había pringado de gomina su ya de por sí grasiento pelo color trigo, peinado que acompañado de una capa roja demasiado corta y unos colmillos de plástico, le daban el aspecto del vampiro menos terrorífico del mundo. Rachel, sin embargo, estaba increíble con su disfraz de novia cadáver de Tim Burton, sobre todo porque tenía unos ojos enormes y aspecto frágil como la protagonista de la película. Y por último estaba él, Bryan. Sus ojos azules brillaban desde lejos y eran tan dulces que su máscara de Hannibal Lecter parecía menos macabra. Summer sonrió y él le devolvió la sonrisa, haciendo que se sintiera la zombie más dichosa del mundo.

Tras las felicitaciones y los abrazos, el grupo de amigos empezó a caminar por las empedradas calles de Sparks Town. Casi todas las casas estaban decoradas con telarañas de algodón, gatos negros petrificados y siniestros espantapájaros, recibiendo a grupos de niños (y no tan niños) que buscaban llenar sus coloridas bolsas de dulces y chocolatinas. Summer miró la escena con nostalgia, sintiendo que sus recién estrenados 19 años le pesaban más que nunca. Aun así, aunque ya no tuviera edad para asustar al vecindario e hincharse a caramelos, se lo estaba pasando bien. No sabía adónde le llevaban sus amigos, que se miraban entre sí y compartían risitas cómplices. Sentía un cosquilleo en el estómago y se moría de ganas por descubrir la sorpresa que le habían preparado. Lo que nunca se imaginó, es que llegaría a arrepentirse de sus deseos…

– (Parte 2) ‘No soples mis velas en Halloween’

– (Parte 3) ‘No soples mis velas en Halloween’

¿Te atreverías a estar dentro de una película de terror?

“Mira detrás de ti. ¡¡Detrás de ti!! Pero corre. Corre. ¡¡¡CORRE!!!”

Ver una película de terror es toda una experiencia, al menos para mí, que me adentro tanto en las historias que acabo gritando a la tele como si los personajes de la peli pudieran escuchar mis advertencias. “Bah, si estuviera yo allí, no me entretendría tanto y salía corriendo rápidamente. O me subiría al coche. Y bajo ningún concepto subiría a la planta de arriba, porque así el asesino te atrapa seguro”. Seguramente no sea la única que muchas veces se ha puesto en la piel de los personajes, que se ha imaginado en esa situación, que ha mediodeseado estar dentro de la película. Me gusta imaginar qué haría yo si estuviera en el lugar de los protagonistas, cómo escaparía de los psicópatas y monstruos y si conseguiría sobrevivir o no. Y, por suerte o por desgracia, ahora podría cumplir este oscuro sueño…

En San Diego (California) se encuentra la casa del terror “más extrema” del mundo, McKamey Manor. De hecho, es tan escalofriante que nadie ha conseguido completar su recorrido, que puede durar hasta 7 horas, y que comprende toda clase de desagradables escenarios. No, no pienses que es como el Caserón del Terror del Parque de Atracciones de Madrid en el que los “monstruos” de la casa no te pueden tocar (supuestamente), pues a los actores de la atracción californiana no solo les está permitido tocar a los asistentes, sino introducirles en bañeras llenas de sangre, amordazarles y hasta darles de comer asquerosos y pestilentes platos.

A pesar del horror que experimenta todo aquel que se atreve a entrar, la lista de espera para probar esta terrorífica experiencia es de 24.000 personas, un número que crece ahora que Halloween está tan cerca. Siendo sincera conmigo misma y a pesar de que me guste todo lo relacionado con el terror, no sé si me atrevería a entrar (y si lo hiciera, no creo que durara más de 10 minutos). Sin embargo, si sois más valientes que yo, tenéis más de 21 años, andáis bien de salud y estáis cerca de San Diego, esta es vuestra oportunidad para vivir una película de terror… desde dentro. ¡Ah! Y lo mejor de todo es que entrar es gratis, así que no podéis poner de excusa vuestras carteras vacías. Si alguno probáis algún día esta experiencia, os ruego que me lo contéis todo con detalle. Y no vale haceros los valientes, porque cada vez que McKamey Manor abre sus puertas (solo se permiten dos personas por visita), se filma todo el recorrido, por lo que os podré ver implorando que os saquen de allí, como hacen muchas de las personas del vídeo que os adjunto a continuación (y que no recomiendo ver si acabáis de comer algo).

Halloween en casa.

Halloween, Halloween, Halloween… Halloween ya está aquí.
Aunque muchas veces celebrar esta fiesta de origen celta e importada de Estados Unidos es criticado (el típico argumento de “Halloween no es español. ¿Acaso celebran los estadounidenses la Virgen del Pilar?”), siempre nos hace bastante ilusión que llegue el día. Queráis que no, nos parece curioso ver los disfraces de la gente (que si al guapo de clase le sienta muy bien el disfraz de vampiro, que si el disfraz de calabaza de mi vecina parece de naranja, que si yo hubiera ido mucho más guapo/a…) y de los famosos (os dejo AQUÍ un artículo sobre los famosos más implicados con la fiesta de los muertos). También nos solemos divertir poniendo calabazas, murciélagos y fantasmitas en el nick del Messenger (¿¿Messenger?? Uy, en 2012… quería decir Whats App) y tuiteando cosas desde curiosas hasta chorras sobre esta terrorífica celebración. Sea como sea, Halloween se hace querer y solemos sentir algo especial cuando llega el día. Y es que en el fondo todos estamos sedientos de terror…

– Si no pido caramelos, ¿qué hago?
Aunque a más de uno nos gustaría, ya no estamos en edad de pasearnos por el vecindario con nuestra bolsita en forma de calavera en busca de caramelos, chocolate o una propinilla. Ya no podemos decir “¿Truco o trato?” con voz angelical para engatusar a esa vecina anciana que siente debilidad por los niños. Pero… lo que sí podemos es divertirnos.

Seguramente todos soñemos con vivir una fiesta de Halloween del rollo casa decorada, música rock a tope y vampiros/as sexys por doquier. Sí, la típica fiesta universitaria en la que emborracharnos con ponche rojo y aprovechar que estamos camuflados bajo una sábana blanca para ligar. Pero, si eso no es posible, hay otras alternativas. Y aunque ni siquiera salgas de casa a ni vayas las típicas discotecas “Si pasas por la lista de Pepito y te disfrazas, entras gratis hasta la 1:00h”, puedes pasártelo bien. Veamos las alternativas…

1) Pelis de miedo que nunca fallan.
El cine, nuestro gran salvador. El cine, principal arma contra el aburrimiento. Además de ver el típico maratón de pelis de terror que echan en la tele, puedes buscar tú mismo películas que han pasado a la historia por hacer temblar al personal.
Como lo clásico nunca falla, no me cansaré de recomendar “El exorcista” (reconócelo: te sigue dando miedo cuando la cabeza de la niña empieza a dar vueltas), cualquiera de Freddy Krueger (su cara quemada… aaahhg) o “Drácula” (la más vintage de todas, pero mítica).
Si prefieres el cine más moderno y gore, haz un repaso por la saga SAWo sufre con la niña de “The ring”.
Y si en vez de pasar miedo quieres vomitar arco iris… nada mejor que los vampiros y hombres lobo de la saga Crepúsculo.

2) Un buen libro, un buen escalofrío.
Aunque quizá suene freak, quedarse en casa leyendo un buen libro junto al calor de la chimenea (o radiador) es bastante atractivo. Jamás me cansaré de recomendar las Leyendas de Bécquer, ya que en cuestión de literatura no hay nada mejor que los clásicos. Por eso mismo, la novela Frankenstein de Mary Shelley también es una buena opción, ya que además de inspirar pavor contiene reflexiones psicológicas.
Por supuesto, Hitchcock y Stephen King son dos genios de este género, aunque autores más desconocidos como Joe Hill nos pueden sorprender.
Por último, hay un escritor muy bueno “made in Spain” que narra horripilantes historias de zombies: Víctor Blázquez. En su web puedes leer ( Free !!!! ) los cuatro primeros capítulos de su aclamado libro “El cuarto jinete”).

3) Mmm.. delicious!
Sí, ¿por qué en vez de mancharnos de sangre no nos manchamos de harina?
Estéis o no acostumbrados a cocinar, invitad a vuestro mejor amigo a casa (o mismamente con tu hermano pequeño, que le hará ilusión) y seguid o cread alguna receta terrorífica (¿qué mejor manera de acompañar la película en el sofá?). En Internet podéis encontrar muchas recetas, aunque os dejo este post que contiene platos escalofriantes muy, muy fáciles de hacer (prometido).

4) Órgano y violines.
Nos encanta la música. Nosotros mismos reconocemos que no podríamos vivir sin ella. Por ello… ¿qué mejor manera que disfrutar de Halloween a través de canciones y videoclips? Aquí una pequeña recopilación.

5) Escribid y compartid.
¿No os sucede que a veces os hartáis de que las series/películas repitan siempre los mismos topicazos de Halloween? Si es así… ¿por qué no escribís un pequeño relato? Imaginad, soñad y cread una historia. Y después de tener la pesadilla hecha papel, ¿por qué no la compartís con la gente? Seguro que le gusta a alguien y eso haga que algún día seáis pequeños Stephen Kings…

Además de esto, también podemos leer y ver documentales sobre pueblos fantasmas, espíritus y misterios de resolver. También podemos, pincel y ceras en mano, crear fáciles adornos para tu habitación. Podemos, incluso, mirar tutoriales en Youtube para maquillarnos y tener una apariencia terrorífica (más que cuando nos levantamos). Pero, sea como sea, si queremos, no nos aburriremos en Halloween (ni aunque lo pasemos en Home, sweet homre).

Happy Halloween !!

Imagen

Fotografía de Hanna Horwarth.