Los mejores zombies son coreanos

El género de terror nos ha regalado criaturas memorables: vampiros, licántropos, momias y, por supuesto, zombies.

El zombie es mi monstruo favorito con diferencia. Creo que está infravalorado, que se le tacha de ‘bobo’, que se le ignora por no ser tan vigoroso como el hombre lobo, ni tan escurridizo como el fantasma, ni tan misterioso como el vampiro. Pero lo cierto es que el zombie es con el que más tenemos en común los humanos. Al fin y al cabo, el zombie es un humano muerto que se aferra a la existencia con todas sus fuerzas. El resto de criaturas nos son más lejanas con sus poderes sobrenaturales y sus aires de superioridad.

Sí, definitivamente, me quedo con los zombies. Pero… ¿qué zombies? ¿Los caminantes lentos y desorientados de The Walking Dead? ¿Los muertos veloces e impersonales de World War Z? ¿O los simpáticos de Zombies Party? Hasta ahora, mi elección habría sido con R, el protagonista de Memorias de un zombie adolescente (lo siento, sigo teniendo una fangirl dentro de mí). Pero todo ha cambiado desde que he visto la película Train to Busan.

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Con Yeon Sang-ho a cargo de la dirección, Train to Busan narra la odisea de unos pasajeros de un tren sorprendidos por el apocalipsis zombie. Sí, es lo que estáis pensando: vagones de tren surcados por hordas de zombies, ventanillas salpicadas de sangre y vísceras, una carrera hacia la salvación plagada de obstáculos.

La cinta surcoreana puede presumir de un impecable ritmo narrativo y de una crueldad extrema en cada giro argumental. Y, sobre todo, de unos zombies terroríficos, salvajes, que te miran a los ojos y hasta casi sonríen antes de despedazarte. Así que, si alguna vez soy un zombie, quiero ser un zombie coreano.

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¿Merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’?

Hacer una película sobre una historia tan conocida como la del monstruo de Frankenstein no es tarea fácil. Por eso, sentía mucha curiosidad por ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan, precuela en la que el doctor Frankenstein y su ayudante Igor son interpretados por dos de mis actores favoritos, James McAvoy y Daniel Radcliffe.

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Está bien arriesgar y eso es algo demostró Burr Steers con ‘Orgullo, prejuicio y zombies’ en su macabra versión de la novela más famosa de Jane Austen. McGuigan ha intentado hacer lo mismo con el clásico de Mary Shelley pero, en mi opinión, no con el mismo éxito. Si tuviera que resumir ‘Victor Frankenstein’ en una sola frase, la definiría como “una película que promete mucho y cumple poco”.

La primera parte de la cinta sí merece la pena, pues en ella profundizamos en el personaje de Igor Strausman (que en realidad no es Igor Strausman, pero eso ya lo veréis) de la mano de un expresivo y sensible Daniel Radcliffe. También me gusta la interpretación de Frankenstein de James McAvoy, que le aporta cierta rebeldía de la que carece en otras versiones del clásico y en el propio libro de Shelley. La película empieza así como una precuela original y divertida, en la que los inicios de la amistad entre el doctor y su ayudante se plantean de una forma diferente, mezclando el terror con el humor ácido.

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Bravo, Daniel, bravo.

Lo que bien comienza, no siempre bien acaba. Esta ‘comedia de terror’ va dejando paso a muchas (¡¡demasiadas!!) escenas de acción que distraen y abruman al espectador, perdiendo profundidad en los personajes y en tramas más interesantes como la relación de los protagonistas o la propia creación del monstruo. Y así es hasta el final, un desenlace un poco insípido y ligeramente abierto. O eso da a entender.

Respondiendo a la pregunta que se plantea en el título, sí, merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’. Merece la pena siempre que no tengas nada mejor que hacer, claro.