¿Por qué mis series favoritas son de terror?

Me he percatado de algo: la mayoría de series que sigo son de terror. Es algo que no puedo evitar. Donde esté un buen drama macabro o una comedia terrorífica, que se quite todo lo demás. Así que, sin más dilación, os dejo algunas recomendaciones especialmente dedicada a los seriéfilos amantes del género de terror:

1. The Walking Dead (AMC)
Sí, soy consciente de que ‘The Walking Dead’ es un producto de masas, una serie seguida por millones de espectadores como, por ejemplo, ‘Juego de Tronos’. Aun así, yo no me cansaré nunca de recomendarla a todos aquellos que, por increíble que parezca, todavía no han visto ni un solo capítulo. A lo largo de sus 7 temporadas, ‘The Walking Dead’ ha sabido renovarse y no perder el ritmo, fidelizando a una audiencia que sigue la serie no solo por sus genialmente caracterizados zombies, sino por unos personajes con los que es fácil empatizar y a los que duele mucho verles morir en pantalla.

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2. Penny Dreadful (HBO)
Amo esta serie porque ha sacado de los libros clásicos de terror a personajes como Drácula, Frankenstein o Dorian Gray para protagonizar una trama gótica de lo más emocionante. La serie recrea a la perfección el Londres más tenebroso del siglo XIX, todo ello con un reparto estelar claramente dominado por la gran Eva Green.

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3. Scream Queens (FOX)
Reconozco que a veces me pongo muy pesada con esta serie, pero es que no me puede gustar más. Para mí es de las mejores comedias de los últimos años y un genial homenaje al género slasher. Tiene un regusto noventero afrodisíaco y cuenta con actores míticos como Jamie Lee Curtis o John Stamos. Si queréis saber más sobre la serie protagonizada por las insoportablemente divertidas Channels (Emma Roberts, Abigail Breslin y Billie Lourd), aquí podéis leer más.

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4. Bates Motel (Universal)
Quién tras ver ‘Psicosis’, una de las películas más famosas de Alfred Hitchcock, sintiera curiosidad de saber más sobre la relación entre Norman Bates y su madre, esta es su serie. ‘Bates Motel’ es una precuela del clásico de Hitchcock ambientada en la actualidad, pero plagada de guiños a los años 60. También os he hablado antes de ella por aquí.

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5. Stranger Things (Netflix)
Había pensado en reservar mi quinto puesto de series a ‘Hannibal’ o a ‘American Horror Story’, pero creo que el fenómeno ‘Stranger Things’ debía tener su lugar en esta lista. Es cierto que es más una serie de ciencia ficción que de terror, pero en ella abundan referencias a iconos del cine de horror como ‘Alien’ o ‘Jaws’. A todo esto hay que sumar su tétrica estética y su macabro monstruo protagonista, el Demogorgon.

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Espero que os haya gustado este repaso por mis series de terror favoritas. ¿Me recomendáis alguna más?

P.D: Sé de una serie que posiblemente ocupe un lugar en futuras listas y, por supuesto, en mi corazón. Se trata de ‘Santa Clarita Diet’, la última apuesta de Netflix que podremos ver a partir de febrero. Ya os contaré, amigos.

¿Qué es el género grindhouse?

Uno de los espacios más apasionantes del cine de terror es el género grindhouse. Surgido alrededor de los años 70 en Estados Unidos, el cine grindhouse narra sus historias de una forma muy sangrienta. Y es que los temas que trata no son muy complejos que digamos, destacando tramas como el canibalismo, el sexo y el subgénero Z.

En las películas grindhouse, en su gran mayoría producciones de bajo presupuesto, podemos ver zombies y otros monstruos, además de tramas propias del cine slasher. El sexploitation también es muy recurrente, es decir, mezclar violencia, sadismo y sexo en películas muy gráficas e impactantes. Además, era común en los cines y teatros proyectar varias cintas de este género en una única sesión y a precios muy bajos. Esto es lo que hicieron Robert Rodríguez y Tarantino con sus respectivas obras ‘Planet Terror’ y ‘Death Proof’, dos historias con puntos de unión entre sí que agrupadas se titularon precisamente ‘Grindhouse’, proyectándose en cines de forma conjunta.

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‘Planet Terror’, (2007)

El género grindhouse fue toda una revolución en las décadas de los 70 y 80. En contraposición con el cine de directores como Martin Scorsese, Woody Allen y Kubrick, el cine grindhouse producía películas de fácil visionado y comprensión, creadas simplemente para el disfrute (o para el horror) del espectador. Sin embargo, eso no quiere decir necesariamente que se trate de un género de mala calidad. Económicamente hablando, es fácil hacer este tipo de películas, lo que precisamente supuso un trampolín para directores que no contaban con demasiado presupuesto. Lo que no es sencillo es saber cómo combinar los distintos atributos de este género (violencia, sexo, terror, fantasía, etc.), aderezando esta este cóctel con una buena dosis de humor negro.

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Erotismo tarantiniano en ‘Death Proof’ (2007)


“Cualquiera puede hacer cine grindhouse, pero no cualquiera puede hacerlo bien”
. Así resumiría la esencia de este tipo de cine no apto para estómagos delicados. Entre los que sí lo hicieron bien porque sus películas se han convertido en obras de culto, está el (para mí, infravalorado) Ed Wood con ‘Plan 9 del espacio exterior’ (1959), el gran Wes Craven con ‘La última casa a la izquierda’ (1972) y hasta el mismísimo Peter Jackson, del que nadie habría pensado que haría trilogías como ‘El señor de los anillos’ tras ver su ópera prima, ‘Bad Taste’ (1987).

A estos clásicos se suma el ya citado proyecto de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, ‘Grindhouse’ (2007), todo un homenaje al mundo del terror y, más concretamente, a las producciones de serie B que hacían temblar y reír a partes iguales. Mientras que Tarantino se ocupó del guion de ‘Death Proof’, más cercana al slasher, Rodríguez optó por la vertiente más extravagante, alienígena y explícita con ‘Planet Terror’. Las tramas están relacionadas y tienen personajes en común. Además, un detalle curioso es que el propio Tarantino aparece como actor en ambas películas, aunque en este caso interpretando a personajes diferentes. Pero, de lo que no cabe duda es de que juntas forman un tándem explosivo que pocos cinéfilos han conseguido olvidar.

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Cartel de presentación de ‘Grindhouse’ (2007)

 

Oda a Tate Langdon

Me he hecho fan de American Horror Story. Más de cuatro años después del estreno de su primera temporada, he decidido darle una oportunidad. Llego tarde, sí, pero llego para quedarme. Y uno de los culpables de este enamoramiento seriéfilo es Tate Langdon.

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Le quise desde el principio. Su estética grunge atormentada me evocaba una síntesis entre Kurt Cobain y James Dean. Creía en la locura, pero no estaba loco. No creía en el amor, pero se enamoró.

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Se manchó las manos de sangre incontables veces. Es increíble que el mismo tipo sádico, despiadado e insensible ante el dolor ajeno, pueda poseer al mismo tiempo una sensibilidad tan intensa. Él no comprende al mundo, pero el mundo tampoco lo comprende a él.

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Es irónico y ácido, pero también puede ser romántico. Esconde su debilidad tras una coraza de rebeldía e indiferencia. Es siniestro y aborrece la normalidad. No huye de nada y huye de todo.

Es Tate.

‘La cumbre escarlata’, la delicia de los amantes del horror sobrenatural

Guillermo del Toro (‘El laberinto del fauno’, ‘Pacific Rim’) ha regresado pisando fuerte. Con motivo de la Fiesta del Cine y el consecuente abaratamiento de las entradas, he aprovechado hoy para ver la nueva propuesta del director mexicano, ‘La cumbre escarlata’. Creo que han sido 3 euros muy bien gastados y que es una película que os gustará si sentís especial atracción por las pelis de fantasía con toques macabros. Sí, efectivamente, estoy pensando en Tim Burton.

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La trama es sencilla: una joven escritora víctima de una tragedia familiar se enamora de un misterioso noble -pero arruinado- con el que decide casarse y marcharse a vivir a su tétrica mansión, conocida como La cumbre escarlata por el sangriento color que adquiere la nieve al mezclarse con la arcilla de las minas del lugar. Sin embargo, el galán caballero, que no es otro que el guapo actor Tom Hiddleston, no está solo: su inseparable hermana y unos inquilinos un tanto fantasmagóricos campan a sus anchas por la casa de color bermejo.

la cumbre escarlata

Para mí han sido 2 horas de disfrute y algún susto que otro. Aunque la califiquen como película de terror, yo no la incluiría como tal en el género o, al menos, lo haría con ciertos matices. Es una historia de pasión, amor, venganza y el peso del pasado, aunque también hay fantasmas, sustos y un par de escenas un poco gore. A continuación os ofrezco mi breve resumen:

Lo mejor:
– El guion es bastante original y la historia está bien hilada. Son dos horas de metraje que no se hacen nada largas.
– El reparto
 es bueno, sobre todo por Tom Hiddleston y Jessica Chastain. Charlie Hunnam también me ha sorprendido. ¡Qué bien que al final no hiciera de Christian Grey!
– Lo visual. En serio, disfrutaréis como niños de los alucinantes contrastes entre colores y de sangrientas escenas que resultan hasta bellas. Además, detalles como el vestuario están especialmente cuidados.
La película está plagada de referencias literarias, con claras alusiones a obras como ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, ‘El fantasma de Canterville’ de Oscar Wilde o la mismísima novela ‘Drácula’. De hecho, la protagonista, Edith (Mia Wasikowska), es un vivo reflejo de Mary Shelley, autora de ‘Frankenstein’.

Lo peor:
– Hay un par de efectos especiales poco pulidos. En la sala de cine se escapó más de una risita al ver el aspecto artificial de uno de los fantasmas.

– A veces se utilizan transiciones entre escenas de lo más cutres, tipo las que incluye el programa Movie Maker. Es una pena que una película tan cuidada estéticamente parezca en algunas ocasiones una presentación de Power Point.
– El doblaje al castellano, aunque me refiero particularmente al personaje de Edith, al que pone voz Michelle Jenner, cuyo tono es demasiado aniñado (y no puedo evitar acordarme de Hermione, lo admito).

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En definitiva, si no sabéis qué ver durante estos días, tirad por el horror de Guillermo del Toro. No creo que os defraude.

Música y terror: 12 videoclips que te harán temblar

A los que nos gusta el terror, queremos “consumirlo” en forma de literatura, de cine y hasta de series. Solemos perdernos entre páginas de libros portadores de historias escalofriantes. También nos encanta recrearnos en siniestras imágenes y grabar en nuestras pupilas icónicas escenas del cine de terror. Pero lo cierto es que los escritores y los cineastas no son los únicos que sienten predilección por este género y que lo plasman en sus obras artísticas… La música, esa gran creación de Dios (o del diablo), también protagonizada una tormentosa y apasionada relación con el terror. Son muchos los grupos y cantantes que idean y protagonizan videoclips que más bien parecen películas de miedo. Y nosotros, fieles siervos del género, estamos encantados. Música y terror unidos… ¿qué más se puede pedir?

¡Bu!

                                       ¡Bu!

Son muchos aquellos músicos que han caído en las oscuras y decrépitas redes del horror, por lo que yo simplemente he hecho una pequeña selección de videoclips que te harán sentir escalofríos. ¿Los conocéis? ¿Hay alguna ausencia esencial? Como siempre, sugerencias, opiniones, críticas y bombas fétidas en el apartado de comentarios. Ahí va el ranking, amigos:

12. ‘Disconnected’ (Keane)
Comenzamos con un videoclip made in Spain. Juan Antonio Bayona (director de exitosas películas como ‘Lo imposible’) es el artífice del videoclip de ‘Disconnected’, canción del álbum ‘Strageland’ de Keane. Parece que la banda británica hizo bien en confiar en Bayona para transformar su música en imágenes, ya que este videoclip con una estética muy similar a la de la película ‘El Orfanato’ y protagonizado por la actriz Leticia Dolera (‘Rec 3: Génesis’), fue elegido el mejor vídeo del año en 2012 por la revista británica Q.

11. ‘Transylvania’ (McFly)
El famoso grupo británico McFly mezcló terror y humor en este divertido videoclip para su canción ‘Transylvania’. En él, los miembros de la banda (Tom, Dougie, Danny y Harry) se enfundan en trajes, vestidos (sí, de mujer) y pelucas de época para entonar el pegadizo estribillo de la canción. El escenario es un tétrico castillo y entre las escenas, grabadas en blanco y negro, destacan algunas imágenes que aluden a personajes célebres como el monstruo de Frankenstein.

10. ‘Total eclipse of the heart’ (Bonnie Tyler)
Recordáis a Bonnie Tyler y su voz rasgada, ¿verdad? Imaginadla cantando en una siniestra mansión rodeada de un coro poseído. Precisamente así aparece en el vídeo de la famosísima canción ‘A total eclipse of the heart’.Si alguno no lo habéis visto, preparaos para disfrutar de casi 6 minutos de arte (tanto por la música como por las imágenes) y de una de las divas de los años 80.

9. ‘I miss you’ (Blink 182)
Uno no ha tenido una adolescencia de verdad si no ha sido fan de Blink 182 (venga, seguro que al menos os gusta ‘Dammit’). Acostumbrados a que sus videoclips sean cañeros o también irónicos y divertidos (como el de ‘All the small things’), el vídeo de ‘I miss you’ destaca por su bella fotografía que hace disfrutar y estremecerse a partes iguales. Y las alusiones sexuales, un toque de lo más guay.

8. ‘Crush on you’ (Nero)
Seguro que ningún miembro de The Jets se imaginó que más de 20 años después de su éxito ‘Crush on you’, la banda electrónica Nero produciría un cover de su canción, acompañado de un videoclip muy, muy inquietante. Ya no es solo que la música (la de la versión de Nero, claro) resulte perturbadora y agobie un poco, sino que con la trama del vídeo y sus siniestras imágenes os pensaréis dos veces romper el corazón a una chica. Y si no, ved el terrible destino que le espera al protagonista por ser un rompecorazones…

7. ‘The ballad of Mona Lisa’ (Panic! at the disco)
Panic! at the disco no podía faltar en esta lista. Aparte de ser geniales y tener canciones muy, muy guays (también muy propias de adolescentes locos por Blink y My Chemical Romance), la estética de sus videoclips suele ser muy cuidada y excéntrica. Si el vídeo de ‘I write sins not tragedies’ ya daba mal rollo (recrea una boda que, más que romántica, es tétrica), ‘The ballad of Mona Lisa’ aún más. El protagonista no es otro que el cadáver de Brendon Urie, el cantante, así que ya os podéis imaginar.

6. ‘Another brick in the wall’ (Pink Floyd)
No sé si os gustarán los niños, pero hay que reconocer que a veces dan verdadero miedo. Si no, pensad en películas como ‘Los chicos del maíz’ o ‘El exorcista, en las que son los más pequeños los que nos hacen gritar. Los integrantes de Pink Floyd apostaron por este “terror infantil” para crear uno de los videoclips más famosos de todos los tiempos, el de ‘Another brick in the wall’. No sabréis si compadeceros de los niños protagonistas o salir huyendo despavoridos lejos de ellos. A vuestra elección lo dejo.

¡¡¡¡Llegamos al TOP 5!!!!

5. ‘Kids’ (MGMT)
Y, hablando de niños, son ellos los que abren el top 5 de videoclips de terror. Descubrí este vídeo hace poco tiempo y me pareció absolutamente genial. En él, aparecen unas asquerosas criaturas que solo pueden ver los niños, que lloran y gritan muertos de miedo. Y claro, como sus padres no pueden ver a estos monstruos, no les hacen ni caso. No os lo perdáis porque es de esos vídeos con los que no sabes si reír o sentir miedo.

4. ‘Hard Rock Hallelujah’ (Lordi)
Eurovisión, año 2006. España, como sucede muchas veces en este certamen, hace el ridículo con Las Ketchup. Finlandia, en cambio, sorprende llevando una canción de heavy metal, ‘Hard Rock Hallelujah’, con la que se alza ganadora. Como no podía ser de otra manera, el videoclip de la canción de Lordi hace juego con la indumentaria de los componentes del grupo, que parecen auténticos muertos andantes. Merece la pena ver cómo siembran el terror en una escuela de secundaria en los apenas 3 minutos que dura la canción.

3. ‘Everybody’ (Backstreet Boys)
La boyband que invadió las carpetas de todas las chicas en los años 90 sorprendió con un videoclip de esos que no se olvidan. Brian, Nick, Howie, Kevin y A.J con su pinta de niños buenos, entran en una enorme y lúgubre mansión en la que pasan la noche más terrorífica de sus vidas. Simplemente, mítico.

2. ‘Sweet dreams’ (Marilyn Manson)
Si alguien no podía faltar en esta lista era él, el rey de lo macabro, Marilyn Manson. Su aspecto (y el de sus compañeros de grupo) ya anticipa el contenido de sus escalofriantes videoclips. Yo me he decantado por el de la canción ‘Sweet dreams’, uno de los mejores covers de la Historia, que nos regala imágenes horripilantes como Marilyn chillando desquiciado ataviado con un sucio vestido de novia. Sin embargo, igual de horribles (en el buen sentido) son los vídeos de ‘Personal Jesus’ y ‘The Beautiful People’.

1. ‘Thriller’ (Michael Jackson)
¡Ya estamos en la cima! Y solo había una persona merecedora de estar en la cúspide: Michael Jackson. Como seguramente no hace falta que os diga, Michael era un genio. Nadie cantaba como él, nadie bailaba como él y nadie tenía unos videoclips como los suyos. ‘Thriller’ es todo un referente de los videoclips de terror y el baile de los zombies protagonistas ha sido, posiblemente, uno de los más imitados del mundo. Más que un videoclip, parece una pequeña película que te deja sin aliento hasta el final. Michael, ¿por qué te marchaste tan pronto?

Las películas de ‘The Purge’ o cómo explotar el “terror real”

Tras el reciente estreno de Anarchy: La noche de las bestias, muchos han sido los que se han animado a acudir a las salas de cine y, ya de paso, a ver la primera parte, que fue estrenada en 2013, The Purge. Lógicamente, las comparaciones no han tardado en aparecer y se han formado dos bandos bastante claros: los que piensan que  Anarchy, supera a la primera parte, y los que creen que que The Purge es mejor que su secuela. Sea como sea, ¿cuál es el secreto del éxito de las dos películas de James DeMonaco?

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La empatía y el terror real
Para empezar, hay que reconocer que la idea de ambas películas es muy innovadora. Tras el boom de películas de zombies y exorcismos, The Purge acercó el género de terror a las personas gracias a un argumento bastante creativo: una noche al año, el gobierno de Estados Unidos permite que los ciudadanos cometan cualquier crimen sin consecuencia alguna, con el objetivo de que “se purguen” y liberen la tensión acumulada en una sola noche, disminuyendo así los crímenes en el resto del año. ¿El resultado? Una noche terrorífica y sangrienta en la que los estadounidenses salen a las calles armados hasta los dientes para matar, principalmente a mendigos y gente de clase baja que no tiene los medios que poseen los ricos para protegerse.

A pesar de que en pantalla no aparecen demasiados asesinatos -sobre todo en la primera parte-, el espectador se siente inquieto y en tensión durante toda la película e, incluso, sigue dándole vueltas a la idea al acabar la película. El truco está en que, a diferencia de las películas de criaturas como zombies y vampiros, lo que sucede en estas películas puede llegar a ser real. Sí, lógicamente es una exageración y cuesta creer que algún día pudiera celebrarse en el mundo una purga anual en la que todo estuviera permitido, pero no es del todo imposible. En cambio, que unos zombies salgan de la tierra, sí. Por eso, tanto en The Purge como en Anarchy, es fácil sentir empatía por los personajes e imaginar que eres tú el que intentas proteger tu casa de la entrada de asesinos -que pueden ser hasta tus propios vecinos- que serán capaces de matarte sin tener que vérselas con la justicia.

¿Las segundas partes nunca fueron buenas?
Para empezar, me gustaría aclarar que el que no haya visto Anarchy y le apetezca pasarse por el cine, puede hacerlo aunque no haya visto The Purge, la primera parte. Se trata de dos películas paralelas con personajes distintos y acontecidos en momentos distintos (The Purge se centra en la purga del año 2022 y Anarchy transcurre un año después) que simplemente tienen en común la idea principal: la purga que tiene lugar cada año en Estados Unidos. Sí que es cierto que en The Purge se insiste más en explicar esta idea y aparecen algunos detalles interesantes que ayudan a contextualizar y comprender mejor la segunda parte, como el hecho de que los vecinos que colocan flores azules en las puertas de sus casas son partidarios de la purga y lo muestran de esta forma. Además, ver las dos películas aporta dos puntos de vista distintos: en The Purge, la perspectiva de los ricos -se observa muy bien cómo las familias pudientes invierten su dinero en caros sistemas de seguridad para sus casas y a la vez salen a matar para “limpiar” el país de mendigos y gente pobre- y en Anarchy, la perspectiva de las clases bajas – al contrario que los ricos, las familias más humildes apenas tienen medios para protegerse, y menos aún los que viven en la calle, por lo que muchos deciden vengarse y atacar a los ricos-.

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Respecto al debate de qué película es mejor, debo decir que me han gustado bastante las dos. Sin embargo, aunque es cierto que Anarchy es más dinámica, ágil y hay más acción -ya que el escenario se amplía a toda la ciudad de Nueva York-, The Purge me inspiró más medio, precisamente porque la acción se concentra en una sola casa y esto concentra la tensión y te permite empatizar más con los personajes y la historia. Además, las famosas marcas que aparecen en la primera parte me parecen todo un símbolo de la noche de la purga y dan bastante más miedo que algunas que aparecen en la segunda parte. Aun así, aunque el sentimiento de angustia es mayor en The Purge y es una película muy visual con escenas tétricas y siniestras, Anarchy destaca por los ‘sustos’ que sobresaltan al espectador en cualquier momento de la película. Además, tiene un final genial, pero eso mejor os dejo descubrirlo a vosotros.

P.D: Seguro que no soy la única que, tras ver las películas, se ha imaginado una purga en su barrio/ciudad. Escalofriante.

Memorias de África

Desde siempre, mi sueño había sido viajar a África. Ni siquiera tenía un país favorito, simplemente quería penetrar en el continente que me apasionaba. De niña, podía pasarme horas viendo documentales sobre elefantes que parecían hechos de roca y sobre tribus que invocaban a sus dioses en medio de la sabana. Jamás imaginé que unos años más tarde -en concreto, al cumplir los 22 años-, estaría montada en un Land Rover Santana junto a un guía menudo, pelirrojo y de ojos saltones que me explicaba el ciclo reproductivo de los leones. Sin embargo, yo no le prestaba atención. Su explicación era interesante, pero podía encontrarlo en los libros y enciclopedias. No obstante, lo que mis ojos veían en ese momento, no podría consultarlo en otro sitio jamás. No quería perderme un solo detalle del paisaje, de las altas hierbas doradas que casi tocaban el abrasador sol. Tampoco quería dejar de mirar a algunos animales que surgían de los recovecos naturales, como los guepardos acechantes o los curiosos suricatos. Era mi oportunidad para disfrutar de un lugar fascinante, y todo gracias a mi esfuerzo. Desde los 17 años estuve vagando de trabajo en trabajo -desde dependienta de una tienda de ropa hortera hasta repartidora de pizzas- para ahorrar para este viaje. Me había privado de muchas cosas, pero tenía la oportunidad de disfrutar de una más o menos larga estancia en mi anhelado destino. Sin embargo, hubo cosas en las que nunca pensé cuando hojeaba libros de National Geographic o veía “El rey león”…

Todo comenzó la tercera noche. Me alojaba en una humilde pensión en un pequeño poblado junto a la selva. De hecho, cuando salía al balcón -algo que hacía poco debido a que mi pálida piel es un imán para los mosquitos de todas las nacionalidades y razas-, podía ver la silueta de la jungla e imaginar lo que se escondía en esa negrura. Pensaba en todo tipo de animales y extravagantes insectos, cuyo pensamiento era confirmado por los sonidos que emitía aquella masa de árboles difuminados. Sin embargo, aquella tercera noche, un ruido muy distinto me sobresaltó. Jamás había escuchado nada igual, ni siquiera en películas de terror, y creedme cuando os digo que he visto muchas. Fue mucho más que un grito. Fue un alarido que me heló la sangre y me dejó petrificada. De hecho, pensé en meterme en la cama de madera de acacia y no abrir los ojos hasta la mañana siguiente, en la que me esperaba una visita a unas famosas cuevas del lugar. Sin embargo, si por algo había acudido a África era por su magia, y no podía quedarme con los brazos cruzados ante aquel sonido, que no parecía volver a repetirse. ¿Habría alguien en peligro? Porque lo que estaba claro es que no se trataba de ningún animal, sino de un grito humano. Y, al final, resulta que acerté. Bueno, en todo menos en lo de humano.

Cuando me quise dar cuenta, mi pijama de franela yacía sobre la cama. En su lugar, me había enfundado en unos vaqueros “pesqueros” y una sencilla camisa blanca. Me recogí la melena castaña en una sencilla trenza, para que el pelo no me estorbara en mi “misión”. Sí, iba a salir del hotel, acercarme a la selva y… entrar en ella. No, no iba a avisar a nadie. ¿De qué me serviría un estúpido guía irlandés que todo lo que sabía de África era gracias al Discovery Channel? Podía valerme por mí misma y era la ocasión de demostrarlo. Aquel grito había sido algo magnético para mí y quería descubrir de qué se trataba por mis propios medios. Sin apenas titubear, salí de la pensión y, al instante, la humedad del ambiente me azotó el rostro. Tardaría en acostumbrarme al clima, no cabía duda. Me planté durante medio minuto frente a la jungla y mis ojos se perdieron entre las sombras. Los árboles tapaban el estrellado cielo y los sonidos de reptiles y animales salvajes resonaban entre los árboles, las rocas y las lianas. Pero eso no me amedrentó. Más bien me dio fuerzas para seguir y creer en mí misma por una vez en la vida.

Al principio, tuve miedo. Sería de locos no admitirlo. De hecho, se me pasó por la cabeza la idea de darme la vuelta y regresar al poblado antes de que fuera demasiado tarde y me perdiera en aquella espesura. Sin embargo, una parte de mí me decía que tenía que seguir, que era por eso por lo que había recorrido tantos kilómetros. Mis piernas parecían caminar solas y saber dónde ir, aunque realmente yo no tenía ni idea de qué camino tomar. Estaba tan distraída con mis pensamientos y divagaciones, que tardé bastante en darme cuenta de algo: el silencio. Os puedo asegurar que, incluso de noche, la selva africana es un hervidero de siseos, chasquidos e incluso gruñidos. Pero en ese momento, no se escuchaba nada. Creo que el único sonido que me acompaña en mi hazaña era el crujir de las ramas bajo mis botas. Sin saber por qué, un sudor frío empezó a recorrer mi frente. Tuve la necesidad de mirar a mi alrededor, aunque lo cierto es que no tenía miedo de que aparecieran arañas venenosas, serpientes estranguladoras o fieras hambrientas. Tenía miedo a no saber lo que me acechaba. Porque estaba claro que algo me acechaba. Sí, algo me vigilaba desde las sombras y el inquietante silencio que se había instalado. Un silencio que se vio roto por un sonido todavía más extraño que el grito que había escuchado desde la posada. Era una especie de chasquido constante, como si un animal estuviera rumiando o saboreando algo de textura gelatinosa. Di un par de pasos más y el misterioso sonido se intensificó. Estaba cerca. Sin querer, tropecé con un pequeño tronco, pero no me llegué a caer, pues pude apoyarme en un grueso y nudoso árbol. Suspiré aliviada y levanté la vista y, cuando lo hice, desee no haberlo hecho jamás. Frente a mis desencajados ojos se encontraba la escena más escalofriante que jamás había presenciado. En una especie de claro, la luz de la luna llena incidía sobre un individuo muy particular. El individuo era negro y tenía su cuerpo escuálido flexionado sobre… algo. No podía verle el rostro, pero su abombada cabeza se movía rítmicamente mientras producía ese extraño y baboso sonido. Estaba… engullendo. Sí, no cabía la menor duda. No tuve tiempo de marcharme por donde había llegado, porque el hombre levantó la vista de golpe. Me quedé petrificada. Aquel “hombre” era más bien una criatura. Sus ojos, pequeños e inyectados en sangre, estaban clavados en mí. Su boca plagada de largos y afilados colmillos se torció en una sonrisa diabólica bañada en sangre. Las gotas le resbalaban por los gruesos labios y por la barbilla y caían sobre sus collares de huesos… ¿humanos? Dios mío. Cada segundo que pasaba, más horrorizada estaba. Parecía que el tiempo se hubiera detenido. Él seguía mirándome y su extraña mueca parecía ensancharse. Pero, esta vez, reaccioné. Giré sobre mis talones y eché a correr, aunque antes de alejarme para siempre de aquel monstruo, vi por el rabillo del ojo lo que estaba devorando. No, no era una gacela ni ningún otro tipo de animal. Era un ser humano. En concreto, un varón de despeinada cabellera anaranjada y pecoso rostro. Era… mi guía. O, más bien, lo que quedaba de él. Su rostro estaba desencajado y salpicado de su propia sangre, de la sangre que seguía emanando a borbotones de su pecho abierto en canal. De la sangre que aquel vampiro africano o demonio de la noche, sorbía con ansia. No sé si tuvo piedad de mí o si realmente no pudo alcanzarme, pero pude llegar al poblado y marcharme al día siguiente del continente al que siempre había amado y que había acabado horrorizándome. Meses después he podido autocontestarme: no tuvo piedad alguna de mí. De haberla tenido, no me visitaría cada noche en mis pesadillas.