“Donnie Darko” y el terror psicológico

“Donnie Darko” es una película estadounidense del año 2001 dirigida por Richard Kelly (“The Box”, “Southland Tales”) y protagonizada por Jake Gyllenhaal (“Brokeback Mountain”, “Prince of Persia”). Todos estos datos se pueden encontrar fácilmente en Internet, pero lo que no es tarea sencilla es encuadrarla en algún género cinematográfico. La mayoría de los críticos la han calificado como una película de suspense, pero creo que se acerca más al género de terror. Sí, un terror raro, distinto, propio del cine independiente, pero terror al fin y al cabo. Para los que no hayáis visto la película, os dejo un breve resumen de la que para mí es una de las joyas del cine del siglo XXI.

donnie darko cinema

Donnie Darko es un adolescente muy inteligente e imaginativo que se salva por los pelos de una muerte segura. Padece esquizofrenia y sonambulismo y, la noche del 2 de octubre de 1988, la visión de un conejo llamado Frank le incita a levantarse de su cama e ir a parar a un campo de golf, donde se despierta a la mañana siguiente. Cuando regresa a su casa, se encuentra a sus padres y a su hermana Elizabeth llorando: el motor de un avión ha caído sobre la habitación de Donnie, por lo que creen que ha muerto. A partir de ese momento, Donnie se hace “famoso” en su barrio por haber burlado a la muerte, pero él está demasiado ocupado intentando conquistar (a su manera) a Gretchen, la chica nueva de clase, y esperando el fin del mundo (en las persistentes visiones, el siniestro conejo Frank le dice que quedan poco más de 28 días para que el mundo se acabe). ¿Podrá Donnie cambiar su futuro (o su pasado…) y evitar el apocalipsis? Me guardo ese detalle para no destripar el más que sorprendente final de la película, que hace que todo cobre sentido.

Cuando vi la película, tras reflexionar durante un rato (sí, “Donnie Darko” es de esas películas que hacen que te rayes la cabeza bastante), llegué a la conclusión de que estaba ante un film de terror psicológico. ¿Que por qué? Pues…

1) El drama adolescente
Hay incontables películas que representan al típico adolescente americano. Incluso, hay bastantes películas que muestran al típico adolescente americano introvertido, freak y bastante rarito. Sin embargo, “Donnie Darko” va más allá. Con su toque más tétrico, hace alusión a ese perfil de joven incomprendido que no encaja en el mundo no solo por su personalidad y gustos, sino por trastornos como la esquizofrenia (de esto hablaremos en el siguiente punto). También dibuja otros perfiles como el de la chica rara e incomprendida enamorada del raro incomprendido (Cherita, una chica asiática), la chica guapa y popular enamorada del raro incomprendido (la ya mencionada Gretchen), la hermana mayor que ha madurado a medias y se interesa por la política (Elizabeth, interpretada por Maggie Gyllenhaal, hermana real del actor) y los padres que tienen que enfrentarse a vivir con un hijo con problemas psicológicos.

2) Esquizofrenia y sonambulismo
Ya lo hemos dicho, pero lo repetimos: la película se atreve a mostrar dos trastornos que suelen ser obviados por el cine hollywoodiense. Esto es bastante interesante porque hace reflexionar sobre lo difícil que puede llegar a ser padecer alguno de ellos y, sobre todo, lo frustrante que es que es que las personas de tu entorno no te entiendan y te tomen por loco (y, si nos ponemos, los espectadores más enrevesados pueden meditar sobre el concepto de “locura” y su relación o asociación con las enfermedades psicológicas).

3) El temor al fin del mundo
Se ha escrito mucho sobre el fin del mundo, ¿verdad? Algunos apuestan que serán los zombies los que hagan que se extinga la especie humana, mientras que otros apuestan por extraterrestres o por la propia naturaleza. Sea como sea, los seres humanos sentimos un miedo innato hacia el apocalipsis. Incluso los que afirmamos tomárnoslo a broma, solemos preguntarnos en bajito: “¿Y si fuera verdad?”. Y si no, recordad todo el drama que se montó con el supuesto fin del mundo de los mayas en 2012 (¿Qué cara se les quedaría a los que escribieron libros sobre eso?). Pues bien, en “Donnie Darko” se trata este tema de forma superficial, inquietando al pobre Donnie en sus largas y aterradoras noches de visiones.

4) Censura a la profesora que “corrompe” a los alumnos
Otro de los puntos fuertes de la película es que  muestra los rasgos de la sociedad americana más conservadora. Por eso, la imagen de Donnie y de sus compañeros de clase es la de unos niños uniformados que, a la mínima que rebaten algo, son considerados unos rebeldes (lo que sucede cuando Donnie cuestiona a una profesora en el debate fe-verdad). Este rechazo a las nuevas ideas por parte de padres y centros escolares alcanza su esplendor con la expulsión de la profesora de Literatura (Drew Barrymore), que no sigue las lecturas propuestas por el colegio y propone libros a los alumnos que no interesan para los ideales conservadores de la sociedad. Por tanto, aquí vemos otra idea interesante: la importancia de la educación en el adoctrinamiento ideológico de los jóvenes.

5) El maldito conejo
Hemos visto varios aspectos de psicología y reflexión, aunque lo más terrorífico es la figura del conejo Frank. Su aspecto es diabólico pero, sin duda, lo que más miedo da son sus apariciones repentinas y esa forma de mirar fijamente a Donnie con esos ojos terroríficos y permaneciendo totalmente quieto. No os recomiendo ver la película con la luz apagada, porque hay escenas en las que el conejo da muy mal rollo y no pararéis de imaginaros que lo tenéis detrás vuestra, con su sádica mirada enfocando vuestra nuca. Y, puestos a sacar más reflexiones profundas, podemos identificar al dulce conejito con ese amigo imaginario que muchos niños y jóvenes tienen a lo largo de sus vidas (en este caso, una especie de Pepito Grillo del mal).

frank donnie darko

6) Toda acción tiene sus consecuencias
¿Y si una mañana pierdes el autobús y te ves obligado a ir andando a clase y te cae una maceta en la cabeza y mueres? O a lo mejor sucede lo contrario y perder ese autobús te salva de un accidente de tráfico mortal. Y… ¿no has pensado que por haberte parado a hablar con tu vecino has llegado diez minutos tardes a la tienda donde podrías haber conocido al amor de tu vida, que acaba de salir por la puerta? O, quizá, si no hubieras dado a “Me gusta” en la foto de aquella chica, ella no habría empezado a hablarte y ahora no llevaríais medio año saliendo. En definitiva, todo lo que hagas tiene sus consecuencias y puede cambiar el transcurso de los hechos. No voy a detenerme mucho en esto porque tiene mucho que ver con el final de “Donnie Darko”, pero sin duda es una cuestión algo escalofriante sobre la que muchos hemos pensado.

Al margen de estas interpretaciones, os recomiendo esta película (por muchos alabada y considerada cine de culto y por otros todo lo contrario) para que saquéis vuestras propias conclusiones. ¿Qué por qué verla? Porque toca muchos temas, porque hay escenas visualmente muy fuertes, porque el conejo Frank tiene un rollo muy timburtoniano y porque Jake Gyllenhaal está magnífico en su interpretación (y con apenas 21 añitos). ¡Disfrutad!

Amistades que matan

La sangre, cuyo tono negruzco relucía siniestramente, goteaba sobre la encimera de mármol. Aquellas lágrimas color vino morían en las baldosas lisas y blancas, dibujando sinuosos charcos. Justo encima del fregadero estaba Lucy. Sus pálidas y delgadas piernas colgaban inertes, plagadas de sangrientas salpicaduras. De la herida de su vientre manaba todo un manantial, tiñendo su desgastada camiseta de Los Ramones y sus cortísimos pantalones vaqueros. Curiosamente, las Converse blancas permanecían inmaculadas, sin ni un solo rastro de la tragedia.

Sarah observó la escena desde el umbral de la puerta. Jamás se imaginó que vería a su mejor amiga en esas circunstancias, con los grandes ojos azules vidriosos y abiertos de par en par y la boca desencajada. Pero, lo más raro, es que se sentía extrañamente serena. Dio otro mordisco a la manzana fingiendo desinterés, aunque en realidad sentía curiosidad por comprender cómo había acabado todo así. Solo había pasado una hora desde que volvía del instituto hablando con Lucy sobre el chico nuevo de clase. Estaban ya en último curso, pero seguían charlando sobre banalidades como los chicos guapos o el nuevo corte de pelo de Alice, la pija estúpida de la clase. La verdad es que era una pena que Lucy hubiera acabado así, desangrada por la furia de un cuchillo jamonero. ¡Oh, el cuchillo! Sarah se acercó y lo depositó cuidadosamente en la encimera, justo al lado de la mano de Lucy. Sarah se acercó un poco más y contempló sus uñas mordidas y decoradas con esmalte morado. No pudo evitar sonreír al recordar las veces que se habían pintado las uñas mutuamente en el recreo o en la propia clase. A veces, incluso, las decoraban con unas brillantes pegatinas con formas graciosas (estrellitas, corazones y cosas de esas), aunque eso solían haciendo en sus “reuniones pijama”, mientras engullían palomitas dulces y veían una película de Matthew Mcconaughey. Palomitas… Le estaba entrando hambre. La manzana apenas había saciado su apetito. Por desgracia, el microondas se había puesto perdido de la sangre de su amiga, por lo que el tentempié tendría que esperar. 

Sarah parpadeó muy rápido. Sintió unas repentinas náuseas. “¿Qué pasa? ¡Vaya cara tienes!”, le dijo Lucy, algo alarmada. Lucy… Sí, allí estaba Lucy, con su metro sesenta y cinco de estatura y su lisa melena castaña. Sarah permaneció con la boca abierta, observando como su amiga (sana y salva) dejaba caer su mochila y se sentaba sobre la encimera, agotada. “Pufff… ¡estoy cansadísima! Si no fuera por el bombón nuevo en clase, me moriría”, exclamó poniendo los ojos en blanco. Sarah seguía sin reaccionar. ¿Qué estaba pasando? Recordaba con toda claridad a su amiga muerta, tendida sobre la encimera con gotas de sangre hasta en el piercing de la nariz. También recordaba el manchado cuchillo jamonero en sus manos, tras cometer la atroz acción. “En serio, tía, ¿me puedes decir que te pasa? Ni que hubieras visto un muerto…”. Muerto. Un muerto. Sarah miró a su amiga y contestó con un hilo de voz: “Yo… precisamente… es que hace un momento…”. Las palabras murieron en sus labios. No sabía qué decir. Había sido una estúpida. ¿Por qué hubiera asesinado a su mejor amiga? ¿Acaso no tenía cosas mejores que hacer que organizar una masacre en la cocina de su casa? Había visto demasiadas películas de miedo. Se apartó el flequillo de los ojos castaños y rió. Fue una carcajada de liberación. Lucy la miró como si estuviera loca, pero después acabó riendo también. ¡Por fin su amiga había dejado de tener esa cara de pasmada! “Venga, vamos arriba a investigar el Facebook del chico nuevo. Por su apellido parece de familia francesa…”, propuso animada Sarah. La cara de Lucy se iluminó y, al instante, bajó de un salto de la encimera. Se dirigió a la escalera dando saltitos y Sarah la siguió. Pero, al dirigir una última mirada a la cocina, se le heló la sangre. Sobre la encimera había una manzana mordida y… ensangrentada.