Pesadillas para adultos

He crecido leyendo los libros de la saga ‘Pesadillas’ de R.L. Stine y, de hecho, fue gracias a ellos (y a películas como ‘Pesadilla en Elm Street’) por lo que me empecé a interesar por el mundo del terror. La nostalgia me puede y echo mucho de menos recorrerme la biblioteca municipal en busca de libros nuevos de ‘Pesadillas’. Por eso, no pude evitar ver como la fan más fiel la película homónima de 2015 basada en esta colección de terroríficos libros infantiles y en la figura de R.L. Stine, un film bastante mejorable pero entretenido.

Películas frikis aparte, hace poco he tenido el placer de leer ‘Superstitious’, la primera novela de terror para adultos de R.L. Stine. A pesar de que se publicó en el año 95, desconocía por completo su existencia y me llevé una gran sorpresa al localizar un ejemplar en la biblioteca. No sabía lo que me iba a encontrar ni si el estilo del autor diferiría mucho con su narración en ‘Pesadillas’, su serie de libros juvenil. Pero sí, la diferencia es evidente y en ‘Superstitious’ vemos a un escritor mucho más diabólico, sanguinario y morboso. Y eso, por supuesto, es de agradecer.

R L Stine pesadillas terror

Robert Lawrence Stine, el creador de nuestras pesadillas

Al más puro estilo de ‘Los crímenes de Oxford’, pero mucho más salvaje, ‘Superstitious’ tiene como escenario un campus universitario donde tienen lugar violentos y sangrientos asesinatos. Sara Morgan elige precisamente este momento para regresar a la universidad y volver a estudiar, lugar donde conoce al profesor Liam O’Connor. Su acento irlandés y sus supersticiones son rasgos que a Sara le parecen encantadores y hacen que se enamore de él, pero los crímenes del campus y otros sucesos aún más inquietantes empañan esta historia de amor idílica.

Aunque esta novela no tuvo tan buena acogida como los libros de ‘Goosebumps’ (‘Pesadillas’), éxito difícil de superar, merece la pena leer al R.L. Stine más maduro en una historia a la que no le falta detalle: violencia, sexo (¡y rock and roll!) y sucesos paranormales.

Nota: En España podéis encontrar el libro traducido como ‘Superstición diabólica’.

El género de terror, un eterno marginado

Sé que hace mucho tiempo que no escribo, pero a veces los quehaceres universitarios me lo impiden. Sin embargo, hoy he estado reflexionando sobre algo que me gustaría compartir aquí: el género de terror está tremendamente infravalorado. Esto no quiere decir que no haya muchos seguidores de este género -que, de hecho, los hay-, pero a pesar de su éxito entre el público, la crítica -e, incluso, hasta el propio público- lo percibe como un género ‘menor’.

Hablemos, por ejemplo, de literatura. En una conversación con amigos o conocidos, es fácil que se enorgullezcan de haber leído ‘Los Miserables’, ‘Oliver Twist’ y hasta sagas juveniles como ‘Harry Potter’, pero rara vez alguien cita algún libro de terror como lectura preferida. Si acaso, algunas obras míticas de Stephen King como ‘Carrie’. ¿Quiere decir esto que en el género de terror no se hace buena literatura y que, por tanto, el estilo de sus escritores no es cuidado y merecedor de alabanzas? En mi opinión, no. Hay escritores de terror que no tienen nada que envidiar a los pertenecientes a los ‘géneros mayores’, como es el caso de Joe Hill, cuyo estilo literario me parece impecable. De hecho, los escritores de este género lo tienen más difícil, porque no es nada sencillo conseguir que un lector sienta miedo al leer. En mi opinión, es más fácil provocar llanto e incluso risa, pero… ¿miedo? Para eso hay que dominar perfectamente el ritmo de la narración y describir de forma detallada y con un léxico rico y visual los ambientes. A pesar de ello, este talento no es tenido en cuenta, y es algo que no solo podemos observar con autores contemporáneos, sino con algunos clásicos como Bécquer, del que se idolatran sus Rimas y se ignoran mucho más sus Leyendas, a pesar de la maestría que demuestra en ellas. Stephen King define a la perfección esta realidad en una entrevista para Rolling Stone: “Para algunos, si la ficción se convierte en superventas es necesariamente mala. Si algo es accesible para mucha gente, es para tontos, porque la mayoría de la gente lo es. Eso es puro elitismo. No comulgo con ello.”

Con el cine sucede algo muy parecido. Entre las películas favoritas de los cinéfilos rara vez se encuentran producciones de terror, independientemente del tipo que sean -clásicos como ‘La matanza de Texas’ o de estilo gore como ‘SAW’-. A pesar de ello, son películas que han marcado y que están llenas de escenas icónicas como el vídeo de ‘The Ring’ o el momento en el que Regan, la niña poseída por el demonio, baja las escaleras en ‘El exorcista’. Y hablando de ‘El Exorcista’, la cinta de William Friedkin es la única película de terror nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscars, un dato que deja claro la consideración que tiene el género entre los críticos. Lógicamente, no digo que todas las películas del género sean de Oscar -de hecho, la calidad de las películas de terror se está resintiendo mucho actualmente y se innova más bien poco en los temas y en la ejecución-, pero muchas sí porque son auténticos espectáculos visuales -tal es el caso de ‘El Resplandor’ de Kubrick- y no deberían quedar relegadas simplemente a los festivales de cine fantástico y de terror como el de Sitges.

"Así que no te gusto, ¿eh?"

             “Así que no te gusto, ¿eh?”

Por suerte, hay un ámbito en el que parece que el género de terror se está revalorizando: el de las series. Ya no es solo que cada vez se produzcan más series de esta temática y que sean un éxito de masas -como por ejemplo, ‘American Horror Story’-, sino que son reconocidas por los críticos –‘The Walking Dead’– y se innova en productos de calidad –‘Bates Motel’ homenajeando a ‘Psicosis’ o la imprescindible ‘Penny Dreadful’-.

Me remito a la tesis de Stephen King para dejar clara mi opinión: porque un producto atraiga al gran público y sirva a la función de entretener, no quiere decir que sea menos valioso o elaborado. Esto es lo que sucede con el género de terror, una creación divina -o diabólica- que alberga auténtica obras de arte y, sobre todo, no deja nunca indiferente.

“Nepenthe”, una renovación del género de terror

Leer sirve para muchas cosas: para llorar, para reír o, simplemente, para pasar el rato. Pero, sin duda, también sirve para vivir al límite. Sí, seguro que os ha pasado con algún libro: a medida que avanzabais sus páginas y capítulos, os sentíais totalmente parte de la historia y sufríais en vuestras propias carnes todo lo que le sucedía a los personajes. Si queréis vivir de nuevo ese tipo de sensaciones, os recomiendo un libro de terror que he leído recientemente: Nepenthe. Y es que así es como definiría mi última lectura: otra forma de vivir al límite. Os contaré un poquito más…

Apocalipsis. Muerte. Sueño. Pavor. Vida. Placer. Oscuridad. Desesperación. Celos. Maldad. Sangre fría. Eva.

Creo que este puede ser mi resumen más exacto. No quiero spoilearos absolutamente nada, solo os diré que no se trata de la típica historia del fin del mundo. Más bien es una alegoría a la vida y a la muerte, una historia de personas que se cruzan en un mundo que huele a miedo. Y, además, made in Spain. La culpable de todo es Nieves Mories, una escritora abulense que regala a los internautas pildoritas de terror y lírica en su blog Cien gramos de Soma. Os puedo asegurar que también nos regala una gran novela, más de 300 páginas de pura tensión que traspasa las el papel y hace sentir. Sobre todo hace sentir.

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En mi opinión, el principal punto fuerte de la obra son los personajes. Son complejos y muy distintos entre ellos. Se nota que su creación ha sido pausada y cuidada, trabajando cada detalle de sus enrevesadas personalidades y vidas. La propia Nieves admite que “son lo más importante de Nepenthe, no la trama, ni la situación. Intenté escribir una novela de personas llevadas al límite, fuera físico o mental.” Bueno, pues lo ha conseguido. O, al menos, los personajes consiguen llevar al límite al lector, capaz de sentir esa tensión existente en todo momento, esa desesperación y esos instintos primarios que brotan de ellos en situaciones extremas. La escritora también nos cuenta que en Nepenthe “nadie es del todo bueno ni del todo malo, y eso pasa también en la vida real”. Quizá por eso es sencillo empatizar con ellos, porque son reales.

Siguiendo con los personajes, otro aspecto positivo del libro es Eva. Aunque ya la descubriréis cuando lo leais, os adelanto que es un personaje que engancha, muy magnético. Las protagonistas femeninas suelen escasear en la literatura y, cuando aparecen, se muestra a estas mujeres como sumisas, blandas y sin personalidad. Por supuesto que no generalizo, pero hay que reconocer que estos atributos suelen aparecer en los personajes femeninos frente a la dureza y audacia de los masculinos. Pues bien, Eva no es así, sino que es capaz de controlar, enamorar, provocar odio y enloquecer a su entorno. Y todo a la vez. Por eso, es un personaje muy completo que me ha gustado mucho y que creo que os va a sorprender.

Otro de los rasgos más importantes de un libro es el espacio o los espacios. En este caso, hay muy pocos escenarios (de hecho, la mayor parte del relato transcurre en un búnker). Ese encerramiento en el búnker me recuerda a las extrañas cuevas de The Host o a la cárcel de The Walking Dead, y creo que es difícil y arriesgado concentrar toda la trama en un único lugar. Sin embargo, creo que Nepenthe aprovecha esta circunstancia para transmitir la claustrofobia al lector y para exprimir al máximo a los personajes en tremendas situaciones de tensión. También me llamó bastante la atención que el escenario sea España, algo que no suele ocurrir en la mayoría de los libros de terror. “La elección fue sencilla: escribí sobre lo que conozco”, cuenta Nieves, “Soy de Ávila, y conozco los lugares que he descrito. Su olor, su color. El tacto de sus piedras, las casas, los caminos. Todo tenía que ser real y tangible, tenía que ayudar a darle credibilidad a una historia bastante increíble.”

Y, por fin, llegamos a una de las cosas que más me gustan: los monstruos. No podían faltar, ¿verdad? Y es que no os he comentado qué sucedía en el Apocalipsis de Nepenthe. No, no se trata de zombies. Las criaturas que aparecen son indefinidas, deformes, viscosas, voraces, sexuales, extrañas. El desconocimiento deja más libertad a la imaginación y… al miedo. Yo, por ejemplo, me las imagino tal que así:

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Ilustración de Anton Samenov

Si antes hablábamos de personajes muy reales, ahora tenemos que mencionar cómo la novela es real en sí misma. Sí, es una novela fantástica, pero aborda cuestiones y conflictos tan ciertos como la vida misma. Y esa es otra de las cosas que más me ha gustado, la ausencia de tabúes. Si se dan situaciones de violencia entre personajes o relacionadas con los monstruos, aparecen descritas tal y como suceden, con detalles visuales y necesarios. Lo mismo sucede con el sexo: si hay tensión sexual o incluso actos sexuales, aparecen sin tapujos. Y la verdad es que esta autenticidad es algo a tener en cuenta y valorar (el escritor Joe Hill me parece también un genio en cuanto a mostrar el sexo y la violencia sin veladuras).

Como veis, Nepenthe es una lectura que me ha parecido muy interesante y que os recomiendo. Por citar algún defecto (como siempre a un nivel muy subjetivo), podría decir que el inicio de la novela me descolocó un poco. Al principio no sabía de qué personaje se trataba ni en qué consistía realmente la historia, pero a la vez esto puede ser una ventaja en el sentido de que vas descubriendo poco a poco a los distintos personajes, en qué se relacionan y donde se encuentran. Además, todo está narrado con un estilo sencillo y directo, aunque a la vez hay descripciones elaboradas tanto de lugares como de recuerdos, historias y situaciones. Según la propia autora, sus influencias principales son Poe y Stephen King, aunque siempre tratando de buscar su estilo propio (algo que, analizando la trama y el lenguaje, creo que sí consigue).

Si leéis la novela y os gusta, seguramente os preguntéis si habrá continuación y si la autora engendrará algún otro hijo literario. Respecto a una posible segunda parte de Nepenthe, Nieves Mories lo tiene claro: “No habrá secuela para Nepenthe. Lo que ocurra después, sucederá en la mente de los lectores. No fue una obra pensada para tener continuidad”. Sin embargo, confiesa que está desarrollando otras historias que no tienen nada que ver y que están plagadas de nuevos elementos, paisajes y personas que tienen historias que contar. Mientras sigue esbozando estas nuevas historias, nos quedaremos leyendo Nepenthe con Marilyn Manson o Smashing Pumpkins de fondo, grupos muy apropiados como banda sonora del libro según la autora (yo añadiría también Avenged Sevenfold e incluso alguna canción de Muse). Aunque, en realidad, explica que la mejor sinfonía para este “cuento sobre el dolor” es el silencio (lo que no quiere decir que la música no sea un factor importante en el relato). Sea como sea, os animo a que os embarquéis en esta nueva lectura (podéis conseguir el libro aquí) que, seguro, no os dejará indiferentes.

Si os apetece, podemos compartir opiniones sobre el libro en los comentarios. 🙂

Víctor Blázquez: “Contar historias siempre ha sido mi mayor sueño”

Primero fueron los zombies; después, los extraterrestres y, ahora, los nazis. Después del gran éxito de “El cuarto jinete”, Víctor Blázquez no ha parado de escribir. Los zombies de “El cuarto jinete” le supieron a poco y, por eso, se atrevió con su secuela, “El cuarto jinete: Armagedón”. Al escribir “Orilla intranquila” decidió cambiar de criaturas, sustituyendo los muertos vivientes por alienígenas, aunque el tema del apocalipsis seguía presente. Ahora acaba de lanzar “No existen los monstruos”, una obra que se adentra en los secretos de la Segunda Guerra Mundial, conservando sus toques de terror más personales.

No existen los monstruos

Portada de “No existen los monstruos”, el nuevo libro de Víctor Blázquez

“Checoslovaquia está ocupada por los nazis y un grupo de guerrilleros se lanza en paracaídas tras las líneas enemigas con el objetivo de preparar el mayor atentado que los Aliados hayan planteado jamás. Con ellos viaja un americano del que nadie sabe nada y, por tanto, del que desconfían. Y, mientras tanto, en Praga se suceden una serie de muertes terribles…”. Estas son las palabras que Víctor nos desvela sobre su último libro, “No existen los monstruos”, que vio la luz el pasado 22 de noviembre. Aunque es un thriller histórico, el autor reconoce que incluye “acción, suspense y amor” y, como no, “unas gotitas de terror”.

Aunque opina que madura como escritor con cada historia que escribe, su estilo propio está más patente que nunca en esta historia. Es un libro del que está muy orgulloso no solo por el resultado, sino por su largo proceso de gestación: “La labor de documentación ha sido exhaustiva y agotadora. Esta novela lleva en mi mente más de cinco años sin decidirse a salir y, mientras tanto, no he dejado de leer e informarme sobre el tema”. Y es que no solo ha investigado sobre la vida en aquella época, sino sobre armamento, vestuario y todo tipo de detalles que se incluyen en la obra. “Incluso, aproveché un viaje de placer a Praga para visitar algunas de las localizaciones”, explica, “He intentado ser lo más exhaustivo posible en la documentación, aunque luego mi estilo de narración tienda más a lo visual que a lo descriptivo y se salte algunas cosas”.

Precisamente es su estilo innovador el que le ha hecho un hueco en el mundo literario. Con “El cuarto jinete” ya experimentó con la inusual narración en segunda persona y, por supuesto, con los zombies. “Elegí a los zombies porque siempre me han gustado por la capacidad que tienen para arrinconar a los personajes y llevarlos al límite”, explica Víctor, “Además, otra razón de peso es la puerta que ha abierto la línea Dolmen a los autores noveles en su línea 5”. Y es que Víctor ya nos contó en otra entrevista que la “moda” actual por el género Z le ha dado más visibilidad, así como “El cuarto jinete” le ha abierto una puerta inmensa: “Yo escribo desde hace muchos años pero no había publicado nada hasta entonces”.

Otra de sus innovaciones llegó con “Orilla intranquila”, un libro especial por, entre otras cosas, tener banda sonora. El escritor eligió la canción “Valientes” del grupo Histeria Innokua para “hacerlo más inmersivo” y “enriquecer la historia”. Aunque la canción no habla de invasiones extraterrestres en el sentido literal, sí hace referencia a la lucha y a la resistencia, por lo que Víctor recomienda acompañar la lectura con la música de fondo. La música es un atributo que puede hacer disfrutar más este libro que el autor sevillano escribió por su interés en la cultura precolombina, entre otras cosas, aunque confiesa no sentir mucho miedo por las profecías.

Con V de Víctor
Hace ya unos cuantos años, un niño sudoroso sostenía un termómetro en la boca y era engullido por una decena de mantas. Mientras Víctor pasaba el sarampión, su madre le leía un libro de aventuras y fantasía. Fue entonces cuando se dio cuenta de que quería ser escritor. Quería materializar esas épicas batallas que imaginaba en su mente y, de hecho, lo hizo. “Empecé a leer con más ganas y a escribir mis historias en un cuaderno que aún conservo. Eran unas historias terribles, pero mi madre las leía con pasión”. A partir de entonces nunca dejó de escribir, aunque también pensó en ser director de cine y contar historias mediante imágenes. Víctor sonríe: “Contar historias. A eso se reduce todo, ¿no?”

Víctor Blázquez

El insaciable lector de Stephen King y Adam Folsom, entre otros, opina que un escritor nace y se hace. “Hay una parte que se nace, que es el deseo de contar historias. Pero es imposible ser escritor si no te haces, si no te formas y lees y escribes mucho. Y, sobre todo, si no te rodeas de gente que te encauce y te muestre tus puntos fuertes y débiles”. También nos cuenta que no tiene una fórmula particular para crear sus personajes. Simplemente, piensa lo que “le vendría bien a la historia” (por ejemplo, un tipo egoísta) y lo toma como punto de partida para después profundizar. Además, siempre intenta dotar a cada personaje “de algo positivo y algo negativo” e, incluso, a veces se inspira en gente que conoce, aunque coge “cosas tan pequeñas” de ellos que no cree que alguna vez lleguen a sentirse identificados.

Aunque puede parecer que un escritor de terror no le tiene miedo a nada, Víctor confiesa su mayor temor en la vida: “Todos mis miedos están relacionados con mis hijos. Que les pueda pasar algo me aterra”. Recordando de nuevo a ese niño con sarampión que soñaba con historias de guerrero y criaturas, confiesa que temía a la oscuridad. “Luego llegó Expediente X, me enganchó y acabé perdiendo el miedo a la oscuridad. Eso sí, los insectos a una distancia prudente, por favor”. También sonríe al recordar de su infancia películas como “Los goonies” o “El vuelo de los dragones” y afirma que puede recitar pasajes enteros. También es fan de “Pulp Fiction” y, en cuanto a películas de zombies, se queda con “28 días después”. Con el tema del fin del mundo no es tan conciso y cita numerosos films: “Doomsday”, “Mad Max” y, sin duda, “Armageddon”. Entre risas, pregunta: “¿Acaso no dicen que las mujeres lloran con Tú y yo y los hombres con Armageddon?”

BSO
Así como “Orilla intranquila” contaba con su banda sonora, ¿la vida de Víctor Blázquez también? El escritor nos desvela la música perfecta para 10 momentos de su vida.

– Lunes por la mañana. Las sábanas se te pegan pero tienes que levantarte.
“Iberia sumergida” de Héroes del Silencio. No hay nada que me ponga más a tono que esa canción.

– Conduces… en un atasco.
“Nostalgias imperiales”, de Bunbury.

– Conduces… en una carretera desierta y vieja, como la ruta 66.
Algo de White Buffalo. “The Whistler”, podría ser.

– Una tarde cualquiera estás jugando con tus hijos.
Aquí mandan ellos, probablemente “Los Cantajuegos”.

– Otra tarde cualquiera, momento con esa persona especial.
“El rescate”, Bunbury de nuevo. Es una canción preciosa sobre el amor.

– Sale el sol y decides salir a correr o montar en bicicleta para motivarte.
“El disparo de Lucky Luck”, de Histeria Innokua.

– Feliz Navidad.
Menos villancicos, lo que sea.

– Desempolvas álbumes de fotos antiguas.
“Yo mismo”, de Shuarma.

– Acabas de tener una idea literaria estupenda. ¡Proyecto a la vista!
Lo que le pegue a la historia. O lo que al menos a mí me parezca que le pegue en ese momento. Puede ser una banda sonora, por ejemplo. Me suelen motivar bastante.

– Acabas de terminar tu libro. ¡Uf!
Curiosamente, no tengo canción para esto…

Recorrido
El tiempo pasa y, a lo largo de su vida, Víctor confiesa que jamás olvidará lugares como México, donde se enamoró de sus costumbres y su gente. Tampoco su tierra, Sevilla, de la que tiene preciosos recuerdos sobre todo relacionados con su familia y amigos. Tiene claro que si fuese un superhéroe no sería uno “blandito” como Superman, sino otro más misterioso y con lado oscuro como Batman. Vaya donde vaya (por ejemplo, a lugares que quiere conocer como Venecia y Roma), nunca se marchará sin su reproductor de música y no echará de menos la tortilla de patata con cebolla (“¡Es un sacrilegio echarle cebolla!”). Y, finalmente, cuando sea un anciano y mire hacia atrás, desea que le recuerden como buena persona y buen padre. “No me importa si me recuerdan como buen escritor. Ni siquiera importa que sepan que escribí unas cuantas novelas en mi época. Me parece mucho más importante lo otro”.

El precio justo

Desde el primer día que la vi, supe que tendría que pagar un alto precio por estar a su lado. Recuerdo con sorprendente claridad el suave contoneo de sus caderas al caminar. Puedo evocar en apenas unos segundos el tono perlado de su piel, así como la profundidad de esos ojos grises coronados por espesas pestañas oscuras. Cada vez que balanceaba su sedosa melena color caramelo, un dulce pero intenso aroma se apoderaba de mí y me volvía loco. Más, mucho más…

Jamás me dirigió la mirada. De hecho, no solía hacer mucho caso a nadie. Solía sentarse en la puerta del instituto y dejar perderse a su mirada en el cielo encapotado. Era preciosa, cualquiera se daba cuenta de ello, pero también solitaria y excéntrica. Aun así, a pesar de su carácter distante y de su seriedad, no dejé de pensar en ella ni un solo día. Cuando me despertaba cada mañana, estaba deseando llegar al instituto para cruzarme con ella en los pasillos y poder apreciar algo más cerca sus tensos y carnosos labios. Su rostro era de una belleza tan apolínea que hacía daño. De hecho, parecía una belleza sobrehumana. Ella poseía algo que le hacía diferente a todas las demás, no sé si era su expresión, su sencillez o su poder. Solo sabía que no podría aguantar mucho más sin rozar sus manos…

Por fin, llegó el día. No recuerdo si llovía o simplemente el cielo se había teñido de gris, solo sé que, por primera vez, ella me miró. Fue una mirada breve, fugaz, pero muy intensa. Jamás había visto unas pupilas tan decididas como las suyas, unas cejas arqueadas en semejante gesto desafiante, unos ojos que desprendieran tanto poder y… tanto deseo. No sé como se pudo fijar en mí, un chico delgaducho de 1 metro 80 y tímidos ojos azules verdosos. Pero ocurrió. Ella se detuvo, clavó sus ojos en mí y, por primera vez, sonrió. Fue una sonrisa dura y controladora, pero mis pulsaciones se aceleraron al ver esa hilera de dientes perfectos e inmaculados.

No hicieron falta palabras. Simplemente, la seguí. Ella se abría paso con firmeza a través de los pasillos del instituto y yo seguía su estela. No podía pensar, ni siquiera respirar; solo podía suspirar al ver cómo se balanceaban los bucles de su melena y cómo esos vaqueros desgastados se ceñían a sus tersas nalgas. En menos de 5 minutos empezaría mi clase de Matemáticas, pero yo continúe tras ella hasta la calle. Sí, abandonamos el edificio, algo que jamás había hecho en mis seis años de instituto. Increíblemente, no tenía miedo. No temía encontrarme a mi madre o a algún vecino porque estábamos atravesando la zona más deshabitada y oscura del barrio. Tampoco tenía miedo de lo que me iba a suceder a continuación, pues solo podía pensar en el aleteo de sus suaves párpados.

Llegamos a un viejo local abandonado que bastantes inviernos atrás había estado ocupado por un videoclub. La puerta estaba entreabierta. Cuando la cruzamos, se cerró lentamente, a ritmo del chirriar de sus visagras. La estancia estaba oscura, pero ella sacó un mechero de color rojo y comenzó a encender velas. Yo no me había percatado todavía, pero la habitación estaba plagada de velas colocadas en el polvoriento suelo. En ese momento me sentía un poco tonto, pues estaba quieto como un pasmarote mientras ella se agachaba y las encendía una a una. Después, sin ni siquiera mirarme, sacó de su bandolera una gruesa manta de color esmeralda. Con un elegante movimiento, la extendió en el centro del habitáculo, resultando una cama improvisada rodeada por más de una docena de gruesas velas amarillentas. Levantó la cabeza lentamente y asintió. Ella sabía que yo sabía lo que iba a suceder. Y también sabía que había accedido a ello. Lo supo desde el primer día en que la miré. Y lo sabría siempre. Se desprendió con facilidad de sus impecables Converse blancas y se dispuso sobre la manta con las piernas cruzadas, como hacían los indios del viejo Oeste. Noté cómo me temblaban las manos y el rubor de mis mejillas, pero una oportunidad así solo se me presentaría una vez en la vida. Y nunca mejor dicho. Por eso, tragué saliva y di un paso al frente. Después otro. Y en apenas medio minuto, me encontraba sobre la manta, sentado junto a ella más cerca de lo que nunca había podido soñar…

Ella llevó las riendas. Fue ella quién guió mis inexpertas caricias sobre su cuerpo. Fue ella la que consiguió que memorizara todas sus curvas, todas sus texturas. Fue ella la que aprisionó mis labios entre los suyos, duros y fríos. Fue ella la que enredó mis dedos entre sus cabellos y la que me dejó saborear el dulce sabor de su piel. Poco a poco, fui atreviéndome a más. Notaba que a cada beso, a cada caricia, a cada mirada, ella me pertenecía un poco más. ¡Vaya necio! Era justamente al revés… Pero yo me sentía poderoso, deseado y afortunado. No podía dejar escapar ese momento, no podía dejarla escapar de mis brazos. Me abandoné en ella, una y otra vez, y ella me hacía sentir cada vez mejor. Consiguió que llegara a creer que me amaba tanto como yo a ella. Aquello era mejor que mis sueños, protagonizados siempre por esos felinos ojos grises. Y entonces, llegó el momento que ella más ansiaba. Llegó el momento de pagar el precio.

Fue más rápido de lo que pensé. Ella me miró con compasión, casi con ternura. Acto seguido, sus pupilas se dilataron. Yo quedé maravillado. Se acercó a mí, y permaneció unos segundos escuchando nuestras respiraciones acompasadas. Rozó mis labios con sus dedos y, después, los besó dulcemente. Sus labios fueron perfumando los míos, al igual que mis mejillas. Luego, llegaron a mi cuello. Esta vez, fue su lengua la que exploró todos sus recovecos. Yo cerré los ojos y suspiré. Ella cogió mi mano y me acarició con sus largas y cuidadas uñas. Y entonces, lo hizo. Sus colmillos perforaron mi piel y se tiñeron de color bermejo. Succionó, sin prisa pero sin pausa. Y, mientras tanto, sujetaba mi mano con cariño pero con firmeza. No me resistí ni una sola vez. Era mi destino, y ambos lo sabíamos. Era el precio que tenía que pagar por la lujuria, por enamorarme de un ser como aquel.

Y, mientras mi voz se apagaba y mi vista se nublaba, mientras mi corazón se congelaba y mi cuerpo desfallecía, sonreí. Sonreí y recordé la primera vez que sus ojos se clavaron en mí. Sonreí porque había tenido su cintura entre mis manos, porque había descansado sobre sus pechos, porque había dedicado unos instantes de su eterna vida en alguien como yo. Y eso ya me hacía más especial que cualquiera.

Terroríficamente Poe

En este blog ya hemos hablado alguna vez de genios clásicos del género de terror. Por desgracia, no todo el mundo se deja embriagar por la magia de los autores de siglos pasados y se conforma con el “terror enlatado” que nos vende la industria hollywoodiense o las series de televisión. Nadie niega la importancia de best sellers actuales o de grandes estrenos cinematográficos (yo soy la primera que consume estos contenidos con ansias de pavor), pero muchas veces solo los antiguos escritores son capaces de presentar auténticas historias de miedo, narraciones ajenas a cualquier filtro, relatos puros y escritos con pluma y sangre. Y es que en la actualidad, con tantos efectos especiales y con argumentos tan explotados, parece que nada nos sorprende y que cuesta dar con una buena historia de terror. Por eso, a veces es bueno sucumbir a la nostalgia y sumergirse en el pasado para experimentar el verdadero horror…

El pionero del relato corto
Probablemente, aquel 19 de enero de 1809 el cielo se tornaba grisáceo y el frío desnudaba a los árboles de la ciudad de Boston. Así, en un panorama frío, hostil y terrorífico, nacería Edgar Allan Poe, que años más tarde llevaría al papel innumerables escalofriantes historias. Lo cierto es que Poe puede calificarse como un hombre polifacético, pues no solo se ganó la vida como periodista o crítico, sino que entregó su alma a la poesía. No obstante, las creaciones que más le dieron a conocer y que hicieron que su nombre quedara grabado en el firmamento de la inmortalidad fueron sus relatos breves. De hecho, Poe es considerado uno de los pioneros estadounidenses en este arte.

Entre sus cuentos destacan diversos géneros, como el detectivesco o el de ciencia ficción. Pero, posiblemente, los más interesantes sean los llamados por muchos macabros. Y lo cierto es que es una denominación que hace justicia al contenido… El estilo de Poe es exquisito, deteniéndose en los detalles y explotando la belleza incluso de los sucesos más trágicos. La temática es bastante variada, desde el sufrimiento por amor hasta la auténtica locura y sed de sangre. Y, lo que más me llama la atención (al igual que en las Leyendas de Bécquer) es esa forma de generar pavor casi instantáneo. No necesita imágenes ni ningún tipo de reclamo audiovisual, sino que con sus escenarios descritos y las sensaciones de los personajes es capaz de trasladar esos peligros a la realidad del lector, que no puede evitar interrumpir su lectura y vigilar sus espaldas…

Para acabar, quería citar los dos cuentos que más me han dejado petrificada. Para muchos críticos y lectores, Los crímenes de la calle Morgue es la obra cúspide de los relatos de Poe, pero yo he “sufrido” bastante más con El gato negro. Quizá es porque estoy acostumbrada a que el centro de mis pesadillas sea ocupado por asesinos, psicópatas o zombies, es decir… humanos (o casi). Sin embargo, este breve relato ha conseguido que tiemble al pensar en la maldad escondida en el animal protagonista de la historia: un gato. ¡Un simple gato! Una pequeña criatura que desencadena terribles acontecimientos, que provoca macabras prácticas y que intimida solo con la mirada amarillenta.

La otra historia que me ha hecho estremecer ha sido Lady Ligeia, un relato de amor que, sin necesidad de incluir sangre, vísceras y torturas, mantiene la tensión durante toda la lectura y eriza el vello hasta del más valiente. Además, una especie de aire místico envuelve toda la obra… Muy, muy recomendable.

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Edgar Allan Poe (1809-1849) – Fotografía de Kevin Dooley

No dudéis en leer al menos un cuento de Poe (son muy breves, de verdad), pero mientras lo hacéis no dejéis de vigilar vuestras espaldas… por si acaso.

Anne Rice, una dama del terror

No son pocos los seguidores de Anne Rice (1941), una de las escritoras del género de terror más famosas. La escritora americana lleva engendrando célebres obras desde los 70, labrándose toda una reputación de genio del thriller. Ya lo admite ella misma al hablar de su biografía: lleva interesándose por los vampiros y la brujería desde su niñez, temas que ha repetido sin cesar en sus libros. La industria hollywoodiense no ha hecho más que acrecentar su éxito adaptando historias como Entrevista con el vampiro La reina de los condenados a la gran pantalla.

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Populares actores como Brad Pitt han encarnado a los personajes de Rice.

Un estilo inconfundible.
Los libros de Anne Rice se componen de páginas plagadas de historias sobre espiritismo, bebedores de sangre y brujas. Todas las historian están narradas de forma detallada y con gran énfasis en las descripciones tanto de personajes como de escenarios. Los capítulos suelen ser bastante extensos y el estilo de Rice, pausado, pero el ritmo y la intriga se mantienen hasta el último momento. La capacidad de la escritora de Nueva Orleans de relacionar historias y personajes es asombrosa, provocando en el lector el deseo de descubrir nuevos puntos de enlace del enrevesado argumento. Además, la autora de trilogías como Las brujas Mayfair combina técnicas narrativas como el informe con ágiles y dinámicos diálogos. También demuestra un gran conocimiento histórico, pues suele contextualizar bastante bien sus relatos (por ejemplo, en Las brujas Mayfair describe detalladamente la historia de cada bruja de la familia Mayfair, tanto las pertenecientes al siglo XVI como las más actuales). Cabe destacar que otra de las claves de su éxito es la temática, que abarca ámbitos bastante atrayentes y morbosos para el espectador como los sucesos paranormales, la religión y el sexo.

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Anne Rice es una de las mujeres que más ha aportado a la literatura de terror y que más ha inspirado a escritores posteriores. Ha influido en varias generaciones con historias originales, intrigantes y dramáticas. Ha creado personajes (como el vampiro Lestat) que se han internado en nuestro imaginario. En definitiva, ha descubierto nuevas formas de entender el terror y ha sabido plasmar en el papel sentimientos como la curiosidad, el deseo y, sobre todo, el pavor.

Siempre recomendada, Mrs Anne Rice.

Entrevista a Víctor Blázquez, un genio español del thriller

Reconocedlo: os encantan los zombies.
O al menos a la mayoría… Seguro que habéis visto mínimo dos veces “La matanza de Texas” y esperáis ansiosos que emitan “The walking dead”. 
Si es así, este es vuestro libro: “El cuarto jinete”.

El descuido de un trabajador de una fábrica que estaba pensando en todo menos en lo que tenía que pensar, hace que se extienda un virus que se convierte en una pesadilla para el pueblo Castle Hill. Los vecinos tendrán que hacer todo lo posible por no ser devorados por zombies, zombies sedientos de sangre y hambrientos de vísceras.

Pero que quizá los zombies no sean vuestro fuerte no quiere decir que no os vaya gustar esta exitosa novela. He tenido el privilegio de entrevistar a Víctor Blázquez, el autor de “El cuarto jinete” y me ha dejado un mensaje para vosotros:

«Si no os gustan los zombies, “El cuarto jinete” es un thriller, uno que contiene zombies, sí, pero que no deja de ser una novela trepidante que os va a atrapar en cuanto llevéis unas cuantas páginas.»

Así que ya sabéis, sean cuales sean vuestros intereses, tenéis que leer este libro.

A continuación, os voy a dejar algunas preguntas que le hice a Víctor, aunque podéis ver la entrevista completa en Objetivo Periodismo.

P: Hola Víctor. Escribes sobre terror… ¿también lees sobre terror? ¿Hay algún autor u obra (ya sea escrita o audiovisual) que te haya servido de inspiración?
R: Consumo mucho género de terror. De hecho, el 90% de los libros que debo haberme leído en mi vida son de terror o novela negra. Y como inspiración más obvia, Stephen King, Allan Folsom, Joe Hill, Clive Cussler… aunque si te refieres a inspiración para “El cuarto jinete” entonces solo los dos primeros.

P: Aludiendo directamente a “El cuarto jinete”, ¿cuál es el personaje que te costó más definir?
R: Hay varios que me llevaron más trabajo que otros. Por supuesto, tengo que citar a Mark, que para mí es uno de los personajes más redondos de la historia… pero también al sacerdote. Es un hombre que tiene una fe absoluta en Dios pero últimamente está enfadado con Él por algo que le ha ocurrido… Esa sensación de dualidad me llevó bastante trabajo. Quise trabajarla para que fuera importante aun cuando se toca apenas un par de veces.


P: ¿Por qué elegiste Castle Hill como principal escenario de la historia?
R: Existe un Castle Hill en la realidad pero no es el de la novela. Yo inventé Castle Hill como una especie de homenaje a Stephen King, mezclando Castle Rock con Chester Mills. Quise recrear la esencia de pueblo americano que todos tenemos en mente por los cientos de películas americanas que hemos visto y que transcurren en esos lugares.

P: Una pregunta típica pero necesaria, ¿has pensado ya en una segunda parte de “El cuarto jinete”? Si no es así, ¿tienes en mente escribir otro libro con nuevas historias?
R: La secuela de El cuarto jinete se titulará “El cuarto jinete: Armagedón” y saldrá a la venta en los próximos meses. Aún no hay fecha exacta pero la editorial lo confirmó hace poco.
Y también tengo una novela alejada del género zombie buscando editorial por ahí. Ya veremos si sale adelante.

P: “El cuarto jinete” ha tenido muy buena acogida y ha estado en la lista de los más vendidos de FNAC. ¿Te lo esperabas? ¿Crees que puedes llegar a crear todo un fenómeno fan?
R: La verdad es que no. Uno le tiene aprecio a su criatura pero cuando sale a la venta el miedo a estrellarse está ahí presente. He tenido la suerte de que la novela está gustando y por tanto se ha estado vendiendo bastante bien. No sé si algún día crearé un fenómeno fan, ya veremos, paso a paso.

P: Estamos en un momento en el que el “género zombie” tiene mucho éxito, ¿crees que eso te está ayudando a impulsar tu libro o que te perjudica debido a la competencia que hay?
R: Hombre, a mí en concreto me ha ayudado porque de no ser por la existencia de Dolmen y su línea Z probablemente ninguna editorial me hubiera publicado esta novela teniendo en cuenta que era novel y encima estaba escrita con ese uso de la segunda persona que en algunos círculos se considera fuera de moda…

El cuarto jinete

Y después de que Víctor Blázquez nos haya contado todo y más sobre su libro y los secretos del género zombie, solo me queda recomendaros esta novela que no os va a dejar indiferentes…

Todos hemos leído algún libro de “Pesadillas”.

Mientras escribo este post, reconozco que me invade la nostalgia. Me acuerdo de cuando tenía 10-12 años y me inicié en el mundo de la literatura de terror leyendo la colección de libros “Pesadillas”, de R.L Stine.
Para refrescaros la memoria: acordaos de la palabra “Pesadillas” escrita en una especie de sangre verde (perteneciente a cualquier extraño monstruo) en la parte posterior de la portada del libro.
Acordaos de esas historias tan excitantes que nos dejaban sin aliento, historias con giros y finales inesperados que nos hacían devorar las páginas.

pesadillas libros

Esta serie de libros tan terrorífica fue creada en 1992 por el escritor estadounidense R.L Stine. “Pesadillas” (o “Goosebumps”, su título original) se componía de historias que solían sucederle a niños de unos 12 años. Por eso me sentía tan identificada con los cuentos y acababa inmersa en la lectura…

Recuerdo que había historias de todo tipo: espíritus, marcianos, plagas de insectos extraños, muñecos diabólicos, etc.
También recuerdo que se hizo una serie de televisión emitida en España en Antena 3 que cosechó bastante éxito.
También hubo una película basada en la obra de R.L Stine que se llamaba “La hora del terror2, protagonizada por Emily Osment (Sí, Lily, la amiga de Hannah Montana).

Pesadillas R.L Stine

La colección de Stine es inmensa y hay historias de terror de todos los tipos.

Se creó todo un fenómeno fan alrededor de Stine y sus terroríficas historias, y he de reconocer que creo que me he leído todos los libros y alguno varias veces. Son libros muy recomendables para niños-adolescentes, pues inspirar miedo pero también son intrigantes y divertidos. Un terror sano pero que ofrece mucho material a la imaginación… Por eso, muchas veces “Pesadillas” nos daba pesadillas por las noches. Y aunque los años pasen… lo sigue haciendo.

Terror japonés, delicia freak.

AVISO IMPORTANTE: Este post es solo apto para personas con un grado de “freakydad” superior al 75%.

¿Conocéis “Battle Royale”?
Un resumen rápido y gráfico: LIBRO – PELI – COMIC

Lo cierto es que yo conocí primero la película gracias a la recomendación de un amigo (freak, por supuesto), un largometraje basado en un libro que se convirtió en best seller debido a la polémica que suscitó. La película generó todo un fenómeno fan, por lo que el autor del libro, Koushun Takami, creó un manga de la historia del libro.

battle royale

Y os preguntaréis, ¿cual es el argumento?
Bueno, lo cierto es que los japoneses no se han complicado mucho la vida, pero gracias a su excentricidad y a una imaginación macabra han llegado al éxito.

Para controlar a los rebeldes adolescentes, el Gobierno organiza cada año un “juego”…
Los alumnos del instituto de Shiroiwa están ilusionados por realizar una supuesta excursión cultural, pero lo que no saben es que se dirigen a una deshabitada isla en la que se llevará a cabo el macabro juego… Las reglas son muy simples: cuando pasen tres días, solo puede quedar un estudiante en la isla. Para ello, los compañeros deberán matarse entre ellos hasta que solo quede un superviviente y, en caso de no suceder eso, unos collares metálicos que lleva cada uno en el cuello explotarán. Simple pero escalofriante.

Y, en mi opinión, no es una peli friki sin más. Puede plantear una pregunta: En casos extremos, ¿seríamos capaces de matar a seres queridos para sobrevivir? Parece fácil pero… bueno, mejor no verse en la situación.

Aun así, lo que más llama la atención del film es la forma tan despiadada que tienen los alumnos de matar a sus propios compañeros. Cada joven tiene un arma distinta (desde una metralleta hasta unos simples prismáticos), y con ese arma tienen que defenderse y acabar con la vida de los demás para salvar la suya. Algunos sucumben al terror y acaban suicidándose, pero la mayoría deja a un lado todo tipo de compañerismo y dispara, clava estacas o decapita a quien intenta impedir su victoria.

battñe royale

Una película para pasar un rato de sufrimiento que… ¡está en Youtube!   ( http://www.youtube.com/watch?v=tooORxF8pPU )

¡Ah! Y para los que se queden con ganas de más hay una buena noticia. Existe una segunda parte de “Battle Royale” (no basada en ningún libro), aunque no puedo opinar porque no la he visto. En cuanto a la primera parte, aunque es muy desagradable y no apta para gente con miedo a la sangre, mantiene la tensión hasta el último minuto.

battle royale

Y es que los japoneses nos ganan hasta en locura…