‘La cumbre escarlata’, la delicia de los amantes del horror sobrenatural

Guillermo del Toro (‘El laberinto del fauno’, ‘Pacific Rim’) ha regresado pisando fuerte. Con motivo de la Fiesta del Cine y el consecuente abaratamiento de las entradas, he aprovechado hoy para ver la nueva propuesta del director mexicano, ‘La cumbre escarlata’. Creo que han sido 3 euros muy bien gastados y que es una película que os gustará si sentís especial atracción por las pelis de fantasía con toques macabros. Sí, efectivamente, estoy pensando en Tim Burton.

la cumbre escarlata

La trama es sencilla: una joven escritora víctima de una tragedia familiar se enamora de un misterioso noble -pero arruinado- con el que decide casarse y marcharse a vivir a su tétrica mansión, conocida como La cumbre escarlata por el sangriento color que adquiere la nieve al mezclarse con la arcilla de las minas del lugar. Sin embargo, el galán caballero, que no es otro que el guapo actor Tom Hiddleston, no está solo: su inseparable hermana y unos inquilinos un tanto fantasmagóricos campan a sus anchas por la casa de color bermejo.

la cumbre escarlata

Para mí han sido 2 horas de disfrute y algún susto que otro. Aunque la califiquen como película de terror, yo no la incluiría como tal en el género o, al menos, lo haría con ciertos matices. Es una historia de pasión, amor, venganza y el peso del pasado, aunque también hay fantasmas, sustos y un par de escenas un poco gore. A continuación os ofrezco mi breve resumen:

Lo mejor:
– El guion es bastante original y la historia está bien hilada. Son dos horas de metraje que no se hacen nada largas.
– El reparto
 es bueno, sobre todo por Tom Hiddleston y Jessica Chastain. Charlie Hunnam también me ha sorprendido. ¡Qué bien que al final no hiciera de Christian Grey!
– Lo visual. En serio, disfrutaréis como niños de los alucinantes contrastes entre colores y de sangrientas escenas que resultan hasta bellas. Además, detalles como el vestuario están especialmente cuidados.
La película está plagada de referencias literarias, con claras alusiones a obras como ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, ‘El fantasma de Canterville’ de Oscar Wilde o la mismísima novela ‘Drácula’. De hecho, la protagonista, Edith (Mia Wasikowska), es un vivo reflejo de Mary Shelley, autora de ‘Frankenstein’.

Lo peor:
– Hay un par de efectos especiales poco pulidos. En la sala de cine se escapó más de una risita al ver el aspecto artificial de uno de los fantasmas.

– A veces se utilizan transiciones entre escenas de lo más cutres, tipo las que incluye el programa Movie Maker. Es una pena que una película tan cuidada estéticamente parezca en algunas ocasiones una presentación de Power Point.
– El doblaje al castellano, aunque me refiero particularmente al personaje de Edith, al que pone voz Michelle Jenner, cuyo tono es demasiado aniñado (y no puedo evitar acordarme de Hermione, lo admito).

la cumbre escarlata jessica chastain

En definitiva, si no sabéis qué ver durante estos días, tirad por el horror de Guillermo del Toro. No creo que os defraude.

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El género de terror, un eterno marginado

Sé que hace mucho tiempo que no escribo, pero a veces los quehaceres universitarios me lo impiden. Sin embargo, hoy he estado reflexionando sobre algo que me gustaría compartir aquí: el género de terror está tremendamente infravalorado. Esto no quiere decir que no haya muchos seguidores de este género -que, de hecho, los hay-, pero a pesar de su éxito entre el público, la crítica -e, incluso, hasta el propio público- lo percibe como un género ‘menor’.

Hablemos, por ejemplo, de literatura. En una conversación con amigos o conocidos, es fácil que se enorgullezcan de haber leído ‘Los Miserables’, ‘Oliver Twist’ y hasta sagas juveniles como ‘Harry Potter’, pero rara vez alguien cita algún libro de terror como lectura preferida. Si acaso, algunas obras míticas de Stephen King como ‘Carrie’. ¿Quiere decir esto que en el género de terror no se hace buena literatura y que, por tanto, el estilo de sus escritores no es cuidado y merecedor de alabanzas? En mi opinión, no. Hay escritores de terror que no tienen nada que envidiar a los pertenecientes a los ‘géneros mayores’, como es el caso de Joe Hill, cuyo estilo literario me parece impecable. De hecho, los escritores de este género lo tienen más difícil, porque no es nada sencillo conseguir que un lector sienta miedo al leer. En mi opinión, es más fácil provocar llanto e incluso risa, pero… ¿miedo? Para eso hay que dominar perfectamente el ritmo de la narración y describir de forma detallada y con un léxico rico y visual los ambientes. A pesar de ello, este talento no es tenido en cuenta, y es algo que no solo podemos observar con autores contemporáneos, sino con algunos clásicos como Bécquer, del que se idolatran sus Rimas y se ignoran mucho más sus Leyendas, a pesar de la maestría que demuestra en ellas. Stephen King define a la perfección esta realidad en una entrevista para Rolling Stone: “Para algunos, si la ficción se convierte en superventas es necesariamente mala. Si algo es accesible para mucha gente, es para tontos, porque la mayoría de la gente lo es. Eso es puro elitismo. No comulgo con ello.”

Con el cine sucede algo muy parecido. Entre las películas favoritas de los cinéfilos rara vez se encuentran producciones de terror, independientemente del tipo que sean -clásicos como ‘La matanza de Texas’ o de estilo gore como ‘SAW’-. A pesar de ello, son películas que han marcado y que están llenas de escenas icónicas como el vídeo de ‘The Ring’ o el momento en el que Regan, la niña poseída por el demonio, baja las escaleras en ‘El exorcista’. Y hablando de ‘El Exorcista’, la cinta de William Friedkin es la única película de terror nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscars, un dato que deja claro la consideración que tiene el género entre los críticos. Lógicamente, no digo que todas las películas del género sean de Oscar -de hecho, la calidad de las películas de terror se está resintiendo mucho actualmente y se innova más bien poco en los temas y en la ejecución-, pero muchas sí porque son auténticos espectáculos visuales -tal es el caso de ‘El Resplandor’ de Kubrick- y no deberían quedar relegadas simplemente a los festivales de cine fantástico y de terror como el de Sitges.

"Así que no te gusto, ¿eh?"

             “Así que no te gusto, ¿eh?”

Por suerte, hay un ámbito en el que parece que el género de terror se está revalorizando: el de las series. Ya no es solo que cada vez se produzcan más series de esta temática y que sean un éxito de masas -como por ejemplo, ‘American Horror Story’-, sino que son reconocidas por los críticos –‘The Walking Dead’– y se innova en productos de calidad –‘Bates Motel’ homenajeando a ‘Psicosis’ o la imprescindible ‘Penny Dreadful’-.

Me remito a la tesis de Stephen King para dejar clara mi opinión: porque un producto atraiga al gran público y sirva a la función de entretener, no quiere decir que sea menos valioso o elaborado. Esto es lo que sucede con el género de terror, una creación divina -o diabólica- que alberga auténtica obras de arte y, sobre todo, no deja nunca indiferente.

“Nepenthe”, una renovación del género de terror

Leer sirve para muchas cosas: para llorar, para reír o, simplemente, para pasar el rato. Pero, sin duda, también sirve para vivir al límite. Sí, seguro que os ha pasado con algún libro: a medida que avanzabais sus páginas y capítulos, os sentíais totalmente parte de la historia y sufríais en vuestras propias carnes todo lo que le sucedía a los personajes. Si queréis vivir de nuevo ese tipo de sensaciones, os recomiendo un libro de terror que he leído recientemente: Nepenthe. Y es que así es como definiría mi última lectura: otra forma de vivir al límite. Os contaré un poquito más…

Apocalipsis. Muerte. Sueño. Pavor. Vida. Placer. Oscuridad. Desesperación. Celos. Maldad. Sangre fría. Eva.

Creo que este puede ser mi resumen más exacto. No quiero spoilearos absolutamente nada, solo os diré que no se trata de la típica historia del fin del mundo. Más bien es una alegoría a la vida y a la muerte, una historia de personas que se cruzan en un mundo que huele a miedo. Y, además, made in Spain. La culpable de todo es Nieves Mories, una escritora abulense que regala a los internautas pildoritas de terror y lírica en su blog Cien gramos de Soma. Os puedo asegurar que también nos regala una gran novela, más de 300 páginas de pura tensión que traspasa las el papel y hace sentir. Sobre todo hace sentir.

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En mi opinión, el principal punto fuerte de la obra son los personajes. Son complejos y muy distintos entre ellos. Se nota que su creación ha sido pausada y cuidada, trabajando cada detalle de sus enrevesadas personalidades y vidas. La propia Nieves admite que “son lo más importante de Nepenthe, no la trama, ni la situación. Intenté escribir una novela de personas llevadas al límite, fuera físico o mental.” Bueno, pues lo ha conseguido. O, al menos, los personajes consiguen llevar al límite al lector, capaz de sentir esa tensión existente en todo momento, esa desesperación y esos instintos primarios que brotan de ellos en situaciones extremas. La escritora también nos cuenta que en Nepenthe “nadie es del todo bueno ni del todo malo, y eso pasa también en la vida real”. Quizá por eso es sencillo empatizar con ellos, porque son reales.

Siguiendo con los personajes, otro aspecto positivo del libro es Eva. Aunque ya la descubriréis cuando lo leais, os adelanto que es un personaje que engancha, muy magnético. Las protagonistas femeninas suelen escasear en la literatura y, cuando aparecen, se muestra a estas mujeres como sumisas, blandas y sin personalidad. Por supuesto que no generalizo, pero hay que reconocer que estos atributos suelen aparecer en los personajes femeninos frente a la dureza y audacia de los masculinos. Pues bien, Eva no es así, sino que es capaz de controlar, enamorar, provocar odio y enloquecer a su entorno. Y todo a la vez. Por eso, es un personaje muy completo que me ha gustado mucho y que creo que os va a sorprender.

Otro de los rasgos más importantes de un libro es el espacio o los espacios. En este caso, hay muy pocos escenarios (de hecho, la mayor parte del relato transcurre en un búnker). Ese encerramiento en el búnker me recuerda a las extrañas cuevas de The Host o a la cárcel de The Walking Dead, y creo que es difícil y arriesgado concentrar toda la trama en un único lugar. Sin embargo, creo que Nepenthe aprovecha esta circunstancia para transmitir la claustrofobia al lector y para exprimir al máximo a los personajes en tremendas situaciones de tensión. También me llamó bastante la atención que el escenario sea España, algo que no suele ocurrir en la mayoría de los libros de terror. “La elección fue sencilla: escribí sobre lo que conozco”, cuenta Nieves, “Soy de Ávila, y conozco los lugares que he descrito. Su olor, su color. El tacto de sus piedras, las casas, los caminos. Todo tenía que ser real y tangible, tenía que ayudar a darle credibilidad a una historia bastante increíble.”

Y, por fin, llegamos a una de las cosas que más me gustan: los monstruos. No podían faltar, ¿verdad? Y es que no os he comentado qué sucedía en el Apocalipsis de Nepenthe. No, no se trata de zombies. Las criaturas que aparecen son indefinidas, deformes, viscosas, voraces, sexuales, extrañas. El desconocimiento deja más libertad a la imaginación y… al miedo. Yo, por ejemplo, me las imagino tal que así:

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Ilustración de Anton Samenov

Si antes hablábamos de personajes muy reales, ahora tenemos que mencionar cómo la novela es real en sí misma. Sí, es una novela fantástica, pero aborda cuestiones y conflictos tan ciertos como la vida misma. Y esa es otra de las cosas que más me ha gustado, la ausencia de tabúes. Si se dan situaciones de violencia entre personajes o relacionadas con los monstruos, aparecen descritas tal y como suceden, con detalles visuales y necesarios. Lo mismo sucede con el sexo: si hay tensión sexual o incluso actos sexuales, aparecen sin tapujos. Y la verdad es que esta autenticidad es algo a tener en cuenta y valorar (el escritor Joe Hill me parece también un genio en cuanto a mostrar el sexo y la violencia sin veladuras).

Como veis, Nepenthe es una lectura que me ha parecido muy interesante y que os recomiendo. Por citar algún defecto (como siempre a un nivel muy subjetivo), podría decir que el inicio de la novela me descolocó un poco. Al principio no sabía de qué personaje se trataba ni en qué consistía realmente la historia, pero a la vez esto puede ser una ventaja en el sentido de que vas descubriendo poco a poco a los distintos personajes, en qué se relacionan y donde se encuentran. Además, todo está narrado con un estilo sencillo y directo, aunque a la vez hay descripciones elaboradas tanto de lugares como de recuerdos, historias y situaciones. Según la propia autora, sus influencias principales son Poe y Stephen King, aunque siempre tratando de buscar su estilo propio (algo que, analizando la trama y el lenguaje, creo que sí consigue).

Si leéis la novela y os gusta, seguramente os preguntéis si habrá continuación y si la autora engendrará algún otro hijo literario. Respecto a una posible segunda parte de Nepenthe, Nieves Mories lo tiene claro: “No habrá secuela para Nepenthe. Lo que ocurra después, sucederá en la mente de los lectores. No fue una obra pensada para tener continuidad”. Sin embargo, confiesa que está desarrollando otras historias que no tienen nada que ver y que están plagadas de nuevos elementos, paisajes y personas que tienen historias que contar. Mientras sigue esbozando estas nuevas historias, nos quedaremos leyendo Nepenthe con Marilyn Manson o Smashing Pumpkins de fondo, grupos muy apropiados como banda sonora del libro según la autora (yo añadiría también Avenged Sevenfold e incluso alguna canción de Muse). Aunque, en realidad, explica que la mejor sinfonía para este “cuento sobre el dolor” es el silencio (lo que no quiere decir que la música no sea un factor importante en el relato). Sea como sea, os animo a que os embarquéis en esta nueva lectura (podéis conseguir el libro aquí) que, seguro, no os dejará indiferentes.

Si os apetece, podemos compartir opiniones sobre el libro en los comentarios. 🙂

Pelis de miedo que hacen reír: “Arrástrame al infierno”.

Recuerdo con total nitidez lo que pensé al ver el tráiler de la película de Sam Raimi, “Arrástrame al infierno”. Pensé: “¡Oh! Hace mucho que no veo una buena peli de terror. Ésta será mi peli del verano, lo sé”. Como os voy a contar en breve, no soy muy buena adivina que digamos… Puede que la película “marcara” mi verano, pero no precisamente por producirme pavor, sino por provocarme risa (además de la sensación de haber tirado el dinero).

VER TRÁILER EN ESPAÑOL DE “ARRÁSTRAME AL INFIERNO”.

Lo cierto es que el argumento no estaba mal. Christine tenía una vida perfecta, un novio perfecto y trabajaba concediendo créditos en un banco. Sin embargo, a veces se encontraba con situaciones embarazosas, como cuando una anciana (la señora Ganush) acude a pedirle una moratoria y ante la negación de la joven, acaba perdiendo su casa. No obstante, Christine no se lamentó por remordimientos de conciencia, sino por la venganza que la anciana ideó para acabar con la paz de su equilibrada y perfecta vida. La vida de Christine se había convertido en un infierno. De hecho, acaba estando tan desesperada que contrata los servicios de un extraño brujo para conjurar un hechizo que acabe con la anciana que estaba destrozando su vida. Una tarea difícil cuyo final no os develaré por si tenéis intención de ver está comedia, digo peli de terror.

Hasta aquí todo bien, ¿dónde está la gracia? Bueno, pues la gracia está, y aparece en toda la película. Aunque el largometraje cuenta con algunos sustos inesperados, produce más grima que otra cosa (sobre todo por el rostro enloquecido de la anciana y su babosa boca). Los efectos especial son penosos, no tienen nada que ver con los utilizados en otras películas de Sam Raimi como “Spiderman”.
Hay escenas que son tan cutres que provocan carcajadas, como cuando una especie de cabra ataca a Christine (una cabra de juguete, pezuñas incluidas). De juguete parece también el gato que engulle la extraña cabra, que acaba escupiéndolo, saliendo disparado un animal tan tieso que parece comprado en el “todo a cien”. Además, se nota que se han utilizado caretas y rudimentarios efectos informáticos para simular el desprendimiento de los ojos de la cara de la anciana cuando le cae un objeto encima. Sí, una escena propia de los dibujos de Tom y Jerry.

Hay otras escenas cutres que os dejaré que descubráis vosotros mismos, aunque os diré que estéis atentos cuando salen moscas en las pesadillas de Christine (hasta sale el primer plano de una mosca que se frota socarronamente las patas frente a la cámara). Terrorífico, ¿no?

Bueno, en futuras entradas os recomendaré películas que inspiran auténtico terror y que debéis apuntar en la lista de pelis que ver antes de morir. No obstante, esta película cuyo tráiler me cautivó no la recomiendo. Eso sí, si queréis reíros un poco, es una película perfecta, al menos no os dejará indiferentes.

Intentaré hablaros en otras entradas de otras películas que, intentando dar miedo, acaban siendo el más gracioso de los chistes.
Disfrutad, pequeños zombies…

arrástrame al infierno