¿Por qué mis series favoritas son de terror?

Me he percatado de algo: la mayoría de series que sigo son de terror. Es algo que no puedo evitar. Donde esté un buen drama macabro o una comedia terrorífica, que se quite todo lo demás. Así que, sin más dilación, os dejo algunas recomendaciones especialmente dedicada a los seriéfilos amantes del género de terror:

1. The Walking Dead (AMC)
Sí, soy consciente de que ‘The Walking Dead’ es un producto de masas, una serie seguida por millones de espectadores como, por ejemplo, ‘Juego de Tronos’. Aun así, yo no me cansaré nunca de recomendarla a todos aquellos que, por increíble que parezca, todavía no han visto ni un solo capítulo. A lo largo de sus 7 temporadas, ‘The Walking Dead’ ha sabido renovarse y no perder el ritmo, fidelizando a una audiencia que sigue la serie no solo por sus genialmente caracterizados zombies, sino por unos personajes con los que es fácil empatizar y a los que duele mucho verles morir en pantalla.

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2. Penny Dreadful (HBO)
Amo esta serie porque ha sacado de los libros clásicos de terror a personajes como Drácula, Frankenstein o Dorian Gray para protagonizar una trama gótica de lo más emocionante. La serie recrea a la perfección el Londres más tenebroso del siglo XIX, todo ello con un reparto estelar claramente dominado por la gran Eva Green.

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3. Scream Queens (FOX)
Reconozco que a veces me pongo muy pesada con esta serie, pero es que no me puede gustar más. Para mí es de las mejores comedias de los últimos años y un genial homenaje al género slasher. Tiene un regusto noventero afrodisíaco y cuenta con actores míticos como Jamie Lee Curtis o John Stamos. Si queréis saber más sobre la serie protagonizada por las insoportablemente divertidas Channels (Emma Roberts, Abigail Breslin y Billie Lourd), aquí podéis leer más.

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4. Bates Motel (Universal)
Quién tras ver ‘Psicosis’, una de las películas más famosas de Alfred Hitchcock, sintiera curiosidad de saber más sobre la relación entre Norman Bates y su madre, esta es su serie. ‘Bates Motel’ es una precuela del clásico de Hitchcock ambientada en la actualidad, pero plagada de guiños a los años 60. También os he hablado antes de ella por aquí.

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5. Stranger Things (Netflix)
Había pensado en reservar mi quinto puesto de series a ‘Hannibal’ o a ‘American Horror Story’, pero creo que el fenómeno ‘Stranger Things’ debía tener su lugar en esta lista. Es cierto que es más una serie de ciencia ficción que de terror, pero en ella abundan referencias a iconos del cine de horror como ‘Alien’ o ‘Jaws’. A todo esto hay que sumar su tétrica estética y su macabro monstruo protagonista, el Demogorgon.

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Espero que os haya gustado este repaso por mis series de terror favoritas. ¿Me recomendáis alguna más?

P.D: Sé de una serie que posiblemente ocupe un lugar en futuras listas y, por supuesto, en mi corazón. Se trata de ‘Santa Clarita Diet’, la última apuesta de Netflix que podremos ver a partir de febrero. Ya os contaré, amigos.

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Pesadillas para adultos

He crecido leyendo los libros de la saga ‘Pesadillas’ de R.L. Stine y, de hecho, fue gracias a ellos (y a películas como ‘Pesadilla en Elm Street’) por lo que me empecé a interesar por el mundo del terror. La nostalgia me puede y echo mucho de menos recorrerme la biblioteca municipal en busca de libros nuevos de ‘Pesadillas’. Por eso, no pude evitar ver como la fan más fiel la película homónima de 2015 basada en esta colección de terroríficos libros infantiles y en la figura de R.L. Stine, un film bastante mejorable pero entretenido.

Películas frikis aparte, hace poco he tenido el placer de leer ‘Superstitious’, la primera novela de terror para adultos de R.L. Stine. A pesar de que se publicó en el año 95, desconocía por completo su existencia y me llevé una gran sorpresa al localizar un ejemplar en la biblioteca. No sabía lo que me iba a encontrar ni si el estilo del autor diferiría mucho con su narración en ‘Pesadillas’, su serie de libros juvenil. Pero sí, la diferencia es evidente y en ‘Superstitious’ vemos a un escritor mucho más diabólico, sanguinario y morboso. Y eso, por supuesto, es de agradecer.

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Robert Lawrence Stine, el creador de nuestras pesadillas

Al más puro estilo de ‘Los crímenes de Oxford’, pero mucho más salvaje, ‘Superstitious’ tiene como escenario un campus universitario donde tienen lugar violentos y sangrientos asesinatos. Sara Morgan elige precisamente este momento para regresar a la universidad y volver a estudiar, lugar donde conoce al profesor Liam O’Connor. Su acento irlandés y sus supersticiones son rasgos que a Sara le parecen encantadores y hacen que se enamore de él, pero los crímenes del campus y otros sucesos aún más inquietantes empañan esta historia de amor idílica.

Aunque esta novela no tuvo tan buena acogida como los libros de ‘Goosebumps’ (‘Pesadillas’), éxito difícil de superar, merece la pena leer al R.L. Stine más maduro en una historia a la que no le falta detalle: violencia, sexo (¡y rock and roll!) y sucesos paranormales.

Nota: En España podéis encontrar el libro traducido como ‘Superstición diabólica’.

Listen

Sandy estaba feliz y últimamente era difícil que eso ocurriera. Habían pasado siete meses desde la muerte de su hermano, pero aún no había podido superarlo. Brandon no solo era su hermano, sino su amigo, un compañero apenas unos minutos mayor que ella. Era su hermano mellizo y no se hacía a la idea de no escucharle tararear canciones de Linkin Park en la ducha, de no pelearse con él por quedarse con la mejor parte de la empanada de mamá, de no ver los hoyuelos que surgían en su rostro juvenil siempre que reía. Llevaban dieciocho años compartiendo experiencias y ahora ya no quedaba nada. Fue la propia Sandy quien encontró su frío cadáver sobre la alfombra de su habitación. Llevaba su camiseta favorita, la de la caricatura de Steve Jobs, y sus grandes cascos reposaban sobre sus orejas aún emitiendo sonidos amortiguados. Amaba la música y hasta la propia muerte le sorprendió escuchándola. Eso reconfortaba un poco a Sandy.

La cuestión era que, tras siete meses de noches sin dormir y lágrimas en los lavabos del instituto, Sandy se sentía preparada para pasar página. Había decidido entrar en la habitación de Brandon y echar un vistazo a sus cosas para bucear en los recuerdos. Todo estaba como el día que se fue, excepto su cadáver, claro. Sandy pensó en hojear un rato sus cómics, pero entonces vio sobre el escritorio la caratula de un CD. La portada era negra y unas letras verdes y difusas dibujaban la palabra “DANGER”. San no conocía el grupo, pero si le gustaba a su hermano, tenía que ser bueno. Brandon le había demostrado a lo largo de su vida juntos que tenía buen gusto musical (excepto cuando le dio por escuchar a Fall Out Boy, claro). La cuestión es que Sandy confiaba en él, y no solo musicalmente hablando, así que abrió la carcasa y sacó el CD, ligeramente desgastado por el uso.

Pulsó el botón del play de su discman y algo empezó a sonar. Parecía música, pero Sandy no está del todo segura. “Qué single tan extraño”, pensó. Gritos. Rasguños. “¿Qué diablos está sonando?”, gritó Sandy para sus adentros. Sintió el sudor frío, gélido, sobre su frente. Le faltaba el aire. Intentó gritar, pero no logró articular ni una sola palabra. Le ardía la garganta y le escocían los ojos. La música, si es que podía llamarse así, seguía sonando. Era desesperante. Ni siquiera sabía lo que estaba escuchando, pero no podía quitarse los cascos. Lo intentó, pero había algo que la retenía. Empezó a dolerle el pecho como si le estuvieran clavando un puñal oxidado. Sentía que su cuerpo se partía por la mitad y que su cabeza estaba a punto de reventar. Jamás había experimentado tanto dolor ni tanta desesperación. No había sangre ni heridas, pero ella sentía que se rompía por dentro, que la música la estaba destrozando. “Esta es la música que Brandon estaba escuchando antes de morir. Esta es la música que le mató”. Los pensamientos viajaron fugazmente por la mente de Sandy, pero ya era demasiado tarde.

Marcus atraviesa el umbral de la puerta con cierta timidez. La madre de Brandon y Sandy, con gesto triste e inexpresivo, le guía hasta la habitación. “Coge lo que quieras. Yo ya no quiero ver estos objetos. Yo la quiero a ella, y a él, y… ya no están”, le dice la desdichada mujer en tono frío, luchando por no derrumbarse. Marcus asiente con la cabeza un poco nervioso. Se siente un poco mal por estar allí, en la casa de sus vecinos muertos, pero la propia señora Nesbitt le ha pedido que echara un vistazo a las cosas de sus hijos y se llevara lo que quisiera. La vista de Marcus recorre las estanterías y ve de todo: cómics, libros, gorras… Y, entonces, ve el CD. “¿Seguro que no quieres llevarte nada más?”, pregunta indiferente la señora Nesbitt. Pero no hay nada que le interese más que el CD de ‘Danger’. No conoce al grupo, pero no le importa: el disco le ha hipnotizado y sabe que tiene que llevárselo, que es lo único que merece la pena de aquel solitario cuarto juvenil. “No, gracias, señora Nesbitt. Me llevo solo esto. Lo pondré esta noche en mi fiesta de cumpleaños en honor a Brandon y Sandy. Quiero que todos lo escuchen”.

‘V/H/S’: cuando el terror se rebobina

¿Alguien se acuerda a estas alturas de 2015 de las cintas de vídeo? Yo no puedo evitar recordar las gruesas carátulas de las películas y las cintas de color negro carbón que el aparato reproductor de VHS engullía con ansia. Después, el inquietante sonido del rebobinado, que contribuía a restar mi paciencia. Y, por último, la película apareciendo en pantalla o, mejor dicho, los tráilers.

La cultura VHS y el cine de terror siempre han ido de la mano. Sobre todo, me refiero a las cintas de vídeo caseras y al concepto de película snuff (grabación de asesinatos reales). Son muchos los títulos de terror cuyo argumento gira en torno a las imágenes filmadas en cinta, como ‘The Ring’ (2002), ‘Sinister’ (2012) y, sobre todo, ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (1992). El hecho de estar ante imágenes ‘caseras’ aumenta la sensación de realismo y, precisamente por ello, se ha apostado incluso por trilogías y sagas como las cuatro entregas de ‘REC’ y ‘Paranormal Activity’.

Hace unos días tuve el placer de visionar ‘V/H/S – Las Crónicas del miedo’, una producción estadounidense estrenada en 2012 engendrada por varios directores del género de terror como  Adam Wingard (‘You’re next’, 2011) o Ti West (‘The house of the devil’, 2009). En sus dos horas de metraje conviven dispares subgéneros de terror como el slasher, fantasmas y exorcismos, diferentes historias que comparten canal: todas son narradas a través de cintas VHS.

La película comienza presentando a un grupo de matones que invierten su tiempo en destrozar mobiliario urbano y a acosar a chicas mientras lo filman todo para ganar dinero a costa de ello. Un excéntrico caballero contacta con uno de los gamberros y le pide que consiga una cinta que contiene imágenes terribles, pero cuando el grupo acude a la casa en la que se encuentra dicha cinta, descubre la existencia de no una, sino de varias cintas malditas que albergan macabras historias.

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Exactamente, son cinco videorrelatos distintos los que articulan ‘V/H/S’ y, si tuviera que elegir el mejor de ellos, creo que me quedaría con la primera de las cintas, Amateur Night. Unos tipos fiesteros creen estar disfrutando de la mejor noche de sus vidas: chicas, alcohol, sexo… Para más inri, uno de ellos lo está grabando todo con unas gafas con cámara incorporada, pero este objetivo escondido presenciará también como su alocada fiesta se transforma en una sangrienta pesadilla.

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No obstante, el resto de cintas tampoco se quedan atrás en cuanto a calidad y horror. Tenemos una pareja que disfruta de su luna de miel en Arizona, aunque hay alguien que les vigila mientras duermen. Otra de las cintas relata el viaje de un grupo de amigos en un siniestro bosque en el que tuvieron lugar perversos crímenes. Internet también tiene su lugar en esta antología de terror con un brillante corto sobre relaciones a distancia, webcams y extrañas criaturas que acechan en la noche. La última cinta versa sobre una casa encantada en la que se adentran unos chicos en Halloween y, lo más sorprendente de esta historia, es su impactante desenlace.

Vais a pasar miedo y vais a disfrutar. Al estar fragmentada en cinco historias, la película se hace corta y os quedaréis con ganas de más. Por suerte, hay dos entregas más: ‘V/H/S 2’ (2013) y `V/H/S: Viral’ (2014). Yo pienso verlas muy pronto. ¿Os atrevéis vosotros?

5 razones para ser fan de ‘Scream Queens’

Podemos hacer muchas cosas con el género de terror: amarlo, sentir miedo, disfrutarlo y hasta reírnos de él. Esto último es lo que hace ‘Scream Queens’, la serie de Fox que explota los tópicos más comunes del cine de terror mediante un humor ácido y absurdo. En concreto, podemos entender ‘Scream Queens’ como una divertida parodia del género slasher, del que ya hemos hablado en este blog, pues precisamente está inspirada en la saga más representativa de este género: ‘Scream’. Yo estoy totalmente enganchada y creo que a vosotros también os puede conquistar por muchas razones:

1. Risas y gritos a partes iguales
¿‘Scream Queens’ da miedo? Sí, o al menos, mantiene al espectador en tensión y suele procurarle una buena dosis de pequeños sustos cada capítulo.
¿’Scream Queens’ hace reír? Sí, y mucho. Es una serie “mala” a propósito, una cóctel de situaciones absurdas y de clichés llevados al límite.

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2. Personajes excelentes
Como ya he dicho, ‘Scream Queens’ explota los tópicos más recurrentes del cine de terror, por lo que entre sus personajes se encuentran perfiles muy típicos como el de Grace (chica buena, curiosa y que siempre sobrevive a los ataques del psicópata en cuestión, como Sidney en ‘Scream’), Zayday (best friend de la protagonista, aunque más espabilada que ella), Pete (amigo y proyecto de novio de la protagonista, un pagafantas tan adorable que acabas hasta sospechando de él), las Chanels (las víctimas preferidas de todo asesino en serie, una manada de pijas asustadizas que únicamente se dedican a adorar a su abeja reina, Chanel nº1), Dennise (en todas las películas de terror adolescente hay algún policía, normalmente  un poco estúpido, lo cual es el caso de esta vigilante de seguridad), la Decana Cathy Munsh (persona con autoridad que se siente impotente al no poder parar al asesino que, en este caso, está destruyendo su reputación y la de la institución que dirige) y Wes (padre de Grace, típico familiar preocupado y entrometido).

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3. Reparto aún más excelente
Si los personajes molan, los actores que los interpretan, más. Y es que mezclar a personalidades tan dispares como la actriz Emma Roberts (es conocida por ser la sobrina de Julia Roberts, aunque su interpretación en esta serie hace que destaque por sí misma), Jamie Lee Curtis (actriz veterana e hija de dos brillantes estrellas del cine clásico: Tony Curtis y Janet Leigh), la cantante Ariana Grande (¿Quién no ha sufrido con la tirantez de su enorme coleta?), Lea Michele (la protagonista absoluta de la exitosa serie ‘Glee’), Abigail Breslin (os sonará su cara porque es, nada más y nada menos, que la adorable niña de ‘Little Miss Sunshine’), el guapísimo Diego Boneta (y, para más inri, latino),  y Nick Jonas, el pequeño de los Jonas Brothers (de alguna forma había que enloquecer a las teenagers, ¿no?) poseía salir muy mal o muy bien. Y, en este caso, ha salido bien.

4. Estética teen
No hay nada más atractivo que los crímenes sangrientos entre adolescentes, sobre todo si tienen lugar en un campus universitario. ‘Scream Queens’ se adentra en el universo de las hermandades, las novatadas y las fiestas cool, aportando siempre el ingrediente más terrorífico: la muerte.

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Los Dollar Shcollars, la hermandad masculina más posh del campus

5. Referencias cinematográficas
¡Atención, cinéfilos! Estamos ante una serie que no solo es una parodia, sino todo un homenaje a las películas más icónicas del cine de terror. Tal es así, que algunos capítulos están inspirados en famosísimos títulos como ‘La matanza de Texas’, ‘Halloween’, ‘El Resplandor’ o ‘Piscosis’.  Simplemente maravilloso.

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Jamie Lee Curtis emulando a su madre en ‘Psicosis’

 

‘It Follows’ y el miedo de no estar solo

Que si el cine de terror siempre es igual, que si ya no se hacen películas como las de antes, que si el género está sobrevalorado… Estas son solo algunas de las frases que los amantes del terror nos vemos obligados a escuchar cada día. Bien es cierto que estoy en parte de acuerdo con que el cine de terror clásico es inigualable y que, actualmente, se abusa de temas demasiado recurrentes como los exorcismos y casas invadidas de espíritus que enloquecen a los mediums. Aun así, y como ya he dicho en otras ocasiones, el cine de terror es un género bastante incomprendido e infravalorado y, quién dice que no tiene sustancia (que no tiene ‘chicha’, vamos), no ha visto demasiadas buenas pelis. En los últimos años, las películas de este género se están reinventando, sobre todo en su variante más indie. Se ha empezado a apostar por el miedo más psicológico, ese que hace temblar el cuerpo, las entrañas y hasta el alma.

Hay propuestas bastante originales como las entregas de ‘The Purge’ (de las que también hemos hablado aquí), que explotan el lado más diabólico y grotesco del acto de matar, confluyendo los intereses de un Estado que quiere “limpiar” el país de los estratos más desfavorecidos y el puro disfrute que sienten algunas personas al acabar con la vida de alguien.

Justamente ayer tuve el placer de ver por primera vez ‘It Follows’, la película con la que el joven director David Robert Mitchell consiguió ser aclamado por la crítica en el Festival de Cannes de 2014. Lejos de todos los típicos de algunas producciones del género, ‘It Follows’ apuesta por el terror más psicológico y real. Y es que… ¿quién no ha tenido la sensación de ser seguido u observado por la calle? Esto es precisamente lo que le sucede a Jay, la protagonista, víctima de una maldición que ha llegado a ella de la forma más sorprendente: mediante el sexo. Pero esta analogía con las enfermedades de transmisión sexual va mucho más allá, ya que todo aquel que sufra esta maldición será presa de un horrible y mortal destino si no se la transmite pronto a otra persona.

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Las escenas de muerte, sufrimiento y sangre son escasas y poco explícitas, pero no son necesarias. La clave está en la tensión de saberse observado, de sentir una presencia que solo tú puedes ver anhelando tu cuerpo. Es precisamente esta tensión la que consigue que los 100 minutos de la cinta, construida en un ritmo lento, transcurran deprisa. Cada escena y cada detalle visual están cuidados y pulidos al límite al igual que una banda sonora que transporta al espectador a un lugar donde las pesadillas se hacen realidad.

Confiad en mí y disfrutad de ‘It Follows’. Os aseguro que jamás volveréis a dejar de vigilar vuestras espaldas.

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El castigo

* Continuación de La partida

Bebí otro trago de whisky sin sentir nada. La garganta ya no me ardía como la primera vez. Había llovido y el pavimento estaba mojado, pero no me importaba. Pensaba permanecer toda la noche allí sentada, calándome los vaqueros y bebiendo alcohol barato. Estaba harta de la vida y la vida estaba harta de mí. Mi familia, o lo que quedaba de ella, me daba de lado, y los pocos amigos que tenía se habían evaporado. Únicamente me tenía a mí misma, y eso no me reconfortaba demasiado.

Abrí los ojos lentamente y mi mirada se topó con una robusta sombra. Me tendió la mano, que era igual de voluminosa pero muy cuidada. El hombre se acarició la barba mientras se presentaba. Se llamaba Gaspar y no fui capaz de adivinar de dónde provenía su acento. Tampoco importaba demasiado. Él me ofreció una oportunidad, una nueva opción de vida. Cogí su mano, me incorporé y le seguí. Al fin y al cabo, no tenía nada que perder.

Me llevó a su casa, donde me di una ducha y me vestí con ropa limpia que él me cedió. Me dolía un poco la cabeza y mi aliento seguía oliendo a alcohol, pero por lo demás me encontraba bastante bien. Nos sentamos en las suntuosas butacas de su gran salón y comenzó a explicarme lo que quería de mí. No se entretuvo demasiado: deseaba ofrecerme un trabajo. En otra etapa de mi vida, me hubiera estremecido al escucharle y hubiera huido de allí tras conocer en que consistía el empleo en cuestión. Pero yo solo quería vivir o, mejor dicho, olvidarme de vivir. Lo acepté sin dudar. Jamás había matado a nadie, pero todo era cuestión de práctica. Me juré a mí misma hacer las cosas bien y convertirme en la mejor asesina a sueldo de la ciudad.

Los primeros encargos no fueron fáciles. Al ser una novata, me temblaba el pulso cada vez que tenía que apretar el gatillo y sentía un doloroso peso en el estómago cada vez que lo hacía. Sin embargo, la práctica hizo que la torpeza y el remordimiento se esfumaran. Era como si cada vez que le arrebataba la vida a alguien, yo ganara un poco de vida. Una vida podrida y maldita, sí, pero vida después de todo. Poco a poco, me fui aficionando al miedo en los ojos de mis víctimas, al aroma de la sangre y a la tensión liberada cada vez que cumplía mi misión. Gaspar me pagaba siempre puntualmente y yo sentía que por fin tenía un papel en este horrendo mundo.

Todo iba tan bien que nunca imaginé que acabaría recibiendo un encargo al que no podría hacer frente. Gaspar tenía muchos enemigos y uno de ellos era un empresario irlandés. Quería vengarse de él y no encontraba mejor manera de hacerlo que arrebatándole lo que más quería. Pero yo no me sentía capaz de hacer lo que me pedía. No podía matar al hijo del irlandés por mucho que lo intentara, a pesar de que sabía que la consecuencia, o más bien, el castigo, sería jugar una partida de póker a muerte. La causa no era el miedo ni la culpa, sino una fuerza mucho más poderosa. Él fue la única persona por la que un día sentí algo parecido al amor, y… ¿quién soy yo para luchar contra el amor?

La partida

Dicen que quién es desafortunado en el juego, tiene suerte en el amor. Ya os digo yo que eso es una auténtica patraña. Llevo toda la vida buscando el amor y lo único que he recibido son mentiras y algunas dosis de sexo. Ningún hombre era para mí o yo no estaba hecha para ningún hombre. Quizá por eso probé suerte con las mujeres, más dulces al sonreír y más lentas al besar. También falló. Creo que estoy condenada a caminar sola, a arroparme con mi propio abrazo, a dormir en una cama que se me antoja demasiado ancha. El destino así lo ha querido y yo no soy quién para llevarle la contraria.

Dicen también que, cuando uno está a punto de morir, ve pasar su vida en diapositivas. Las escenas se deslizan con rapidez, fundiéndose entre sí, emborronando recuerdos malos y buenos, desdibujando rostros amigos y amortiguando la voz de los eternos rivales. En mi caso, yo solo me he visto a mí. Me veo sentada en mi sillón rojo masticando palomitas dulces y observando con gesto aburrido los capítulos repetidos de ‘Twin Peaks’. Los vivos colores de la pantalla del televisor se reflejan en mi rostro cetrino y en el claro iris de mis ojos cansados. Jamás he visto una mirada tan triste como la mía. Incluso las prostitutas que pululan cada noche por mi calle desprenden más vida que yo. Pero eso no importa nada ahora que voy a perecer sobre un charco de mi propia sangre.

Nunca se me ha dado demasiado bien jugar al póker. Ya os dije que el amor y el juego no mantienen una relación inversa. Mi abuela, el ser más dulce que jamás he conocido, siempre nos ganaba al parchís. Era una vencedora nata, y eso no la impedía amar a mi abuelo con todas sus fuerzas. Yo, sin embargo, me siento como un ser inerte desplazado en un mundo vivo, de sentimientos que se me escapan. Mi boca está completamente seca porque desconozco las cartas de mis contrarios. En la mesa somos cuatro personas, si es que se nos puede denominar así. Primero estoy yo, una chiquilla impasible que en el fondo está temblando de miedo. A mi derecha está Rubí, la joven más despampanante que podáis imaginar. Creo que nunca he visto unos labios tan rojos como los suyos. Hay otra mujer más, Casandra, una mujer asiática silenciosa en el juego y fuera de él. Por último, cada vez que levanto la mirada me encuentro con el rostro de Gaspar, un hombre corpulento y de barba espesa. Sé que en su caro traje guarda un revólver que ha prometido disparar apuntando a mi cabeza si pierdo esta partida. Me estaría marcando un farol si os dijera que voy a sobrevivir. Casi puedo sentir el impacto de la bala en mi pálida frente, el peso de mis párpados muertos, la frialdad de mi piel sin vida. Pero no os voy a engañar: me lo he buscado yo misma. Soy yo la que ha escrito el final de su vida, un desenlace doloroso y agónico. Siempre me han gustado los dramas de Shakespeare y las películas de Tarantino, pues en ambos casos la sangre es siempre protagonista. Quizá por eso llevo puesto el vestido blanco que me regalaron mis padres cuando me licencié en Historia del Arte. Sé que el contraste con la textura y el brillo de la sangre será magnífico. Ahora me siento como uno de los macabros cuadros de Bacon o, mejor dicho, como una de las oscuras pinturas de Caravaggio. El fin está cerca. Llega el momento de descubrir las cartas. Primero es Rubí quién coloca las suyas sobre la mesa. Después, la impasible Casandra. Gaspar muestra las suyas, convencido de ser el vencedor. Yo desvelo las mías, convencida de perder en el juego y también en la vida. Él saca la pistola y me apunta con tranquilidad. Antes de que apriete el gatillo, yo le dedico una sonrisa igual de tranquila y, posiblemente, la primera sonrisa sincera de mi vida.

LEE LA SEGUNDA PARTE: El castigo

6 razones para dar una oportunidad a ‘Fear The Walking Dead’

El otoño es una fecha especial para algunos de nosotros que, en vez de pensar en hojas doradas cayendo de los árboles, soñamos con zombies sedientos de sangre y hambrientos de vísceras y de carne humana. Pero mientras esperamos la llegada de la sexta temporada de ‘The Walking Dead’ en octubre, podemos ir disfrutando de un delicioso aperitivo: ‘Fear The Walking Dead’.

Hace ya una semana que se estrenó el primer capítulo del esperado spin-off de ‘The Walking Dead’ y estoy deseando ver el siguiente capítulo. No sabía lo que me iba a encontrar y lo cierto es que tenía mis dudas sobre la calidad de la serie. ¿No se estaría explotando ya demasiado el “fenómeno The Walking Dead”? ¿Tendrían sus creadores, Robert Kirkman y Dave Erickson, la suficiente imaginación para crear una propuesta diferente y original? Aunque habrá que esperar a que transcurran más capítulos para responder con más firmeza a estas preguntas, el primer capítulo me ha dejado un sabor más que bueno. ‘Fear The Walking Dead’ ha recuperado en su inicio la esencia más tétrica y emocionante de ‘The Walking Dead’ y ha lanzado un dardo de esperanza a todos los fans del universo zombie. Si aún no la habéis visto, os ofrezco unas cuantas razones para que os animéis a hacerlo. ¡Vamos allá!

1. Si ‘The Walking Dead’ es cool, ¿por qué su hermana no iba a serlo?
Os gusta ‘The Walking Dead’. Estáis enganchados desde que visteis a Rick levantarse de la cama de un destartalado hospital. Sufrís con la muerte de cada personaje, conocéis de memoria cada escondrijo del grupo (la granja, la cárcel, etc.) y os morís por saber el desenlace de esta terrorífica apocalipsis. Entonces… ¿por qué no os iba a gustar ‘Fear The Walking Dead’? Los personajes son distintos y el tiempo, también (la trama de ‘Fear The Walking Dead’ localiza en los momentos antes de estallar el virus, es decir, cuando el mundo todavía no está infestado de zombies y solo hay unos cuantos casos aislados), pero la razón de la serie sigue siendo la misma: sobrevivir a una muerte que te pisa los talones.
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2. No es un sustituto, sino un complemento
Como ya he dicho, las historias de ambas series son independientes y, por tanto, permiten observar la apocalipsis zombie desde un punto de vista distinto. Quizá ‘Fear The Walking Dead’ responda a algunas incógnitas que se plantean en ‘The Walking Dead’, sobre todo en relación al surgimiento de la plaga zombie y su posterior desarrollo y expansión.

3. Frank Dillane
Es cierto que estamos acostumbrados a los brotes de locura de Rick, al rugido de la moto de Daryl y al brillo de la hoja de la katana de Michonne, pero conocer a personajes nuevos siempre provoca curiosidad. ¡Seguro que acabamos cogiendo cariño también a la familia Clark! Sea como sea, a mí me ha parecido especialmente interesante el personaje de Nick, el hijo drogadicto de la familia Clark. El actor que se pone en su piel es Frank Dillane, hijo del también actor Stephen Dillane (‘The Hours’, ‘Juego de Tronos’). Además, Frank interpretó a Tom Riddle (es decir, Voldemort de joven) en ‘Harry Potter y el misterio del príncipe’), con lo cual se ha ganado toda mi simpatía.

Nick (Frank Dillane), el indiscutible protagonista del inicio de 'Fear The Walking Dead'

Nick (Frank Dillane), el indiscutible protagonista del inicio de ‘Fear The Walking Dead’

4. Poderío femenino
Aunque todavía es pronto para hablar, creo que los personajes femeninos de ‘Fear The Walking Dead’ no nos van a dejar indiferentes. Me gusta mucho el personaje de Madison, una mujer trabajadora, valiente y con carácter. En este primer capítulo se ha tenido que enfrentar con situaciones muy duras y desagradables como el incidente de Nick, pero a pesar de eso no se ha derrumbado ni una sola vez delante de sus hijos. Creo que es importante que las series promocionen el modelo de la mujer fuerte, y no el de la mujer sumisa en apuros al que el cine y otras series nos tienen acostumbrados. De hecho, estaría muy bien que Madison ostentase el rol de líder al estilo de Rick en ‘The Walking Dead’, aunque como ya he dicho, aún es pronto para aventurarse.

5. ¿Posible crossover?
En principio, ‘The Walking Dead’ y ‘Fear The Walking Dead’ son dos series independientes, con tramas y personajes distintos. Sin embargo, ambas historias tienen en común el escenario: un apocalipsis zombie. Por ello, no sería raro que más adelante las historias se unieran y los personajes de ambas series se conocieran. Quizá la próxima aventura de Rick y su grupo sea conocer a la familia Clark (y a los que se hayan unido), que también habrá superado miles de obstáculos para sobrevivir desde que se extendió el virus. No sé si esto se hará realidad algún día, pero por soñar que no quede.
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6. Arma contra los spoilers
Internet es un lugar peligroso y no solo por los hackers y amenazas virtuales similares. Los spoilers son como terribles granadas que campan a sus anchas por Internet y las redes sociales con el objetivo de fastidiarnos el final o detalles importantes del capítulo que aún no hemos visto. Si a estos spoilers habituales le sumas que ‘The Walking Dead’ es una serie basada en un cómic y algunos de los que se los han leído se dedican a desvelar hechos cruciales como la muerte de algunos personajes, el peligro es aún mayor. Como ‘Fear The Walking Dead’ ha sido creada directamente a partir de ‘The Walking Dead’ y no se basa en libros ni cómics, no hay peligro a recibir spoilers de este tipo. Aun así, hay que estar siempre alertas, amigos.

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El género de terror, un eterno marginado

Sé que hace mucho tiempo que no escribo, pero a veces los quehaceres universitarios me lo impiden. Sin embargo, hoy he estado reflexionando sobre algo que me gustaría compartir aquí: el género de terror está tremendamente infravalorado. Esto no quiere decir que no haya muchos seguidores de este género -que, de hecho, los hay-, pero a pesar de su éxito entre el público, la crítica -e, incluso, hasta el propio público- lo percibe como un género ‘menor’.

Hablemos, por ejemplo, de literatura. En una conversación con amigos o conocidos, es fácil que se enorgullezcan de haber leído ‘Los Miserables’, ‘Oliver Twist’ y hasta sagas juveniles como ‘Harry Potter’, pero rara vez alguien cita algún libro de terror como lectura preferida. Si acaso, algunas obras míticas de Stephen King como ‘Carrie’. ¿Quiere decir esto que en el género de terror no se hace buena literatura y que, por tanto, el estilo de sus escritores no es cuidado y merecedor de alabanzas? En mi opinión, no. Hay escritores de terror que no tienen nada que envidiar a los pertenecientes a los ‘géneros mayores’, como es el caso de Joe Hill, cuyo estilo literario me parece impecable. De hecho, los escritores de este género lo tienen más difícil, porque no es nada sencillo conseguir que un lector sienta miedo al leer. En mi opinión, es más fácil provocar llanto e incluso risa, pero… ¿miedo? Para eso hay que dominar perfectamente el ritmo de la narración y describir de forma detallada y con un léxico rico y visual los ambientes. A pesar de ello, este talento no es tenido en cuenta, y es algo que no solo podemos observar con autores contemporáneos, sino con algunos clásicos como Bécquer, del que se idolatran sus Rimas y se ignoran mucho más sus Leyendas, a pesar de la maestría que demuestra en ellas. Stephen King define a la perfección esta realidad en una entrevista para Rolling Stone: “Para algunos, si la ficción se convierte en superventas es necesariamente mala. Si algo es accesible para mucha gente, es para tontos, porque la mayoría de la gente lo es. Eso es puro elitismo. No comulgo con ello.”

Con el cine sucede algo muy parecido. Entre las películas favoritas de los cinéfilos rara vez se encuentran producciones de terror, independientemente del tipo que sean -clásicos como ‘La matanza de Texas’ o de estilo gore como ‘SAW’-. A pesar de ello, son películas que han marcado y que están llenas de escenas icónicas como el vídeo de ‘The Ring’ o el momento en el que Regan, la niña poseída por el demonio, baja las escaleras en ‘El exorcista’. Y hablando de ‘El Exorcista’, la cinta de William Friedkin es la única película de terror nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscars, un dato que deja claro la consideración que tiene el género entre los críticos. Lógicamente, no digo que todas las películas del género sean de Oscar -de hecho, la calidad de las películas de terror se está resintiendo mucho actualmente y se innova más bien poco en los temas y en la ejecución-, pero muchas sí porque son auténticos espectáculos visuales -tal es el caso de ‘El Resplandor’ de Kubrick- y no deberían quedar relegadas simplemente a los festivales de cine fantástico y de terror como el de Sitges.

"Así que no te gusto, ¿eh?"

             “Así que no te gusto, ¿eh?”

Por suerte, hay un ámbito en el que parece que el género de terror se está revalorizando: el de las series. Ya no es solo que cada vez se produzcan más series de esta temática y que sean un éxito de masas -como por ejemplo, ‘American Horror Story’-, sino que son reconocidas por los críticos –‘The Walking Dead’– y se innova en productos de calidad –‘Bates Motel’ homenajeando a ‘Psicosis’ o la imprescindible ‘Penny Dreadful’-.

Me remito a la tesis de Stephen King para dejar clara mi opinión: porque un producto atraiga al gran público y sirva a la función de entretener, no quiere decir que sea menos valioso o elaborado. Esto es lo que sucede con el género de terror, una creación divina -o diabólica- que alberga auténtica obras de arte y, sobre todo, no deja nunca indiferente.