‘Horns’ o cómo hacer las cosas bien

La primera vez que vi a Daniel Radcliffe en pantalla, yo tenía diez u once años y ya había devorado los libros de ‘Harry Potter’ que se habían publicado hasta entonces. La película, por supuesto, me encantó, y a día de hoy me sigo sabiendo de memoria los diálogos. Los años han pasado y vi crecer literalmente a Daniel a lo largo de toda la saga. Cuando se estrenó la última película y el joven mago -ya no tan joven- se despidió de todos los fans, creí que nunca podría ver a Daniel fuera del papel de Harry. Por supuesto que lo hice y en películas muy diferentes como la romántica ‘Amigos de más’, en la que no me decepcionó en absoluto. Eso sí, siempre tenía en mente una vocecilla que me recordaba que estaba viendo “al chico de Harry Potter”. Esa es la sombra que le ha acompañado durante su carrera como actor, ser visto como “el de Harry Potter”.

Hace unos meses, me enteré de que se había rodado una película sobre uno de mis libros de terror favoritos, ‘Horns’ de Joe Hill. Desde ‘El traje del muerto’, el hijo de Stephen King me atrajo mucho, como ya expliqué en los primeros posts de este blog. Admito que sentí cierta decepción al saber que sería Daniel el que interpretaría a Ig Perrish, el protagonista de ‘Horns’. No es que crea que Daniel sea mal actor, al igual que tampoco pienso eso de Tom Felton o Emma Watson, pero para mí estaba demasiado ligado al rostro de Harry Potter y esa imagen no me casaba nada con el diabólico Iggy. Anoche, por fin, pude ver la película y me di cuenta de lo equivocada que estaba. Elegir a Daniel fue un tremendo acierto.

horns

Pero no fue el único acierto de la película. De hecho, y a pesar de que en toda película siempre se cambian algunas cosas respecto a los libros en los que se basan, la versión cinematográfica de ‘Horns’ ha sido un acierto en sí mismo. Como adaptación es buena y todo aquel que haya leído previamente el libro disfrutará recordando algunos detalles y recreando escenas memorables. Los que, por contra, no hayan leído la novela, se rendirán ante un guion impecable y una película que mezcla el terror con el amor y algunos toques de fantasía. Incluso, hay cabida para algunas escenas gore y de humor negro. La ambientación y la genial banda sonora -siempre es un placer escuchar a David Bowie– harán el resto.

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El género de terror, un eterno marginado

Sé que hace mucho tiempo que no escribo, pero a veces los quehaceres universitarios me lo impiden. Sin embargo, hoy he estado reflexionando sobre algo que me gustaría compartir aquí: el género de terror está tremendamente infravalorado. Esto no quiere decir que no haya muchos seguidores de este género -que, de hecho, los hay-, pero a pesar de su éxito entre el público, la crítica -e, incluso, hasta el propio público- lo percibe como un género ‘menor’.

Hablemos, por ejemplo, de literatura. En una conversación con amigos o conocidos, es fácil que se enorgullezcan de haber leído ‘Los Miserables’, ‘Oliver Twist’ y hasta sagas juveniles como ‘Harry Potter’, pero rara vez alguien cita algún libro de terror como lectura preferida. Si acaso, algunas obras míticas de Stephen King como ‘Carrie’. ¿Quiere decir esto que en el género de terror no se hace buena literatura y que, por tanto, el estilo de sus escritores no es cuidado y merecedor de alabanzas? En mi opinión, no. Hay escritores de terror que no tienen nada que envidiar a los pertenecientes a los ‘géneros mayores’, como es el caso de Joe Hill, cuyo estilo literario me parece impecable. De hecho, los escritores de este género lo tienen más difícil, porque no es nada sencillo conseguir que un lector sienta miedo al leer. En mi opinión, es más fácil provocar llanto e incluso risa, pero… ¿miedo? Para eso hay que dominar perfectamente el ritmo de la narración y describir de forma detallada y con un léxico rico y visual los ambientes. A pesar de ello, este talento no es tenido en cuenta, y es algo que no solo podemos observar con autores contemporáneos, sino con algunos clásicos como Bécquer, del que se idolatran sus Rimas y se ignoran mucho más sus Leyendas, a pesar de la maestría que demuestra en ellas. Stephen King define a la perfección esta realidad en una entrevista para Rolling Stone: “Para algunos, si la ficción se convierte en superventas es necesariamente mala. Si algo es accesible para mucha gente, es para tontos, porque la mayoría de la gente lo es. Eso es puro elitismo. No comulgo con ello.”

Con el cine sucede algo muy parecido. Entre las películas favoritas de los cinéfilos rara vez se encuentran producciones de terror, independientemente del tipo que sean -clásicos como ‘La matanza de Texas’ o de estilo gore como ‘SAW’-. A pesar de ello, son películas que han marcado y que están llenas de escenas icónicas como el vídeo de ‘The Ring’ o el momento en el que Regan, la niña poseída por el demonio, baja las escaleras en ‘El exorcista’. Y hablando de ‘El Exorcista’, la cinta de William Friedkin es la única película de terror nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscars, un dato que deja claro la consideración que tiene el género entre los críticos. Lógicamente, no digo que todas las películas del género sean de Oscar -de hecho, la calidad de las películas de terror se está resintiendo mucho actualmente y se innova más bien poco en los temas y en la ejecución-, pero muchas sí porque son auténticos espectáculos visuales -tal es el caso de ‘El Resplandor’ de Kubrick- y no deberían quedar relegadas simplemente a los festivales de cine fantástico y de terror como el de Sitges.

"Así que no te gusto, ¿eh?"

             “Así que no te gusto, ¿eh?”

Por suerte, hay un ámbito en el que parece que el género de terror se está revalorizando: el de las series. Ya no es solo que cada vez se produzcan más series de esta temática y que sean un éxito de masas -como por ejemplo, ‘American Horror Story’-, sino que son reconocidas por los críticos –‘The Walking Dead’– y se innova en productos de calidad –‘Bates Motel’ homenajeando a ‘Psicosis’ o la imprescindible ‘Penny Dreadful’-.

Me remito a la tesis de Stephen King para dejar clara mi opinión: porque un producto atraiga al gran público y sirva a la función de entretener, no quiere decir que sea menos valioso o elaborado. Esto es lo que sucede con el género de terror, una creación divina -o diabólica- que alberga auténtica obras de arte y, sobre todo, no deja nunca indiferente.

Escritores terroríficos: JOE HILL.

Ahora que se acercan las vacaciones el tiempo libre se nos amontona y, a veces, no sabemos como llenarlo. Aparte de soñar con zombies y calderos llenos de vísceras, un buen pasatiempo puede ser la lectura. Y por supuesto, Shakespeare aparte, no hay nada mejor que un buen libro de terror que te deje petrificado en pleno tren o que consiga que te hagas pipí en la cama y no puedas pegar ojo. No obstante, no conoces ningún libro que te haga pasar verdadero miedo pero cuyo argumento no apeste, sino que te sorprenda. No te preocupes, esa pesadilla se va a acabar…

Os presento a JOE HILL, un escritor estadounidense que está cambiando las nociones clásicas del terror. Os puedo asegurar como lectora y amante de las historias sangrientas que no os dejará indiferente. Os recomendaré los dos libros que yo me he leído de este autor que, casualmente, son los más conocidos. ¡Ahí van, pequeños vampiros!

Fantasmas: Para cada noche, una historia. Sí, lo que lees, este libro agrupa 14 historias fantasmagóricas y espeluznantes que te dejarán helado. Desde monstruos imposibles y babosos que arrasan insistitutos y devoran hasta la pizzara hasta extrañas apariciones de espíritus en bosques misteriosos. Sí, hay argumentos e historias para todos los gustos y estómagos. En mi caso, no me gustan demasiado las de efectos especiales (veáse la del Niño langosta) y prefiero las de misterio y sanrgientos fantasmas que regresan del mundo de los muertos. No obstante, lee y opina tú mismo.

El traje del muerto: Increíble, maravillosa, orgásmica. Así defino yo esta obra en la cual me enamoré de Joe Hill. ¿Por qué me gusta? Porque no es la típica historia de terror que ha explotado la industria hollywoodiense. En este caso, el protagonista es un excéntrico rockero asquerosamente rico que gasta su fortuna en macabros artilugios (partes del cuerpo humanas, terroríficos talismanes, una película porno con final sangriento, etc.). Su última y carísima adquisición es el traje de un difunto que acabará perturbando su paz y que está bastante ligado con su vida, más de lo que él cree. Terror, rock, sexo, misterio… este libro tiene de todo. Recomendadísimo.

Y esto es todo por hoy. Espero que disfrutéis con Joe Hill y su extraordinario sentido del… terror.