¿Merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’?

Hacer una película sobre una historia tan conocida como la del monstruo de Frankenstein no es tarea fácil. Por eso, sentía mucha curiosidad por ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan, precuela en la que el doctor Frankenstein y su ayudante Igor son interpretados por dos de mis actores favoritos, James McAvoy y Daniel Radcliffe.

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Está bien arriesgar y eso es algo demostró Burr Steers con ‘Orgullo, prejuicio y zombies’ en su macabra versión de la novela más famosa de Jane Austen. McGuigan ha intentado hacer lo mismo con el clásico de Mary Shelley pero, en mi opinión, no con el mismo éxito. Si tuviera que resumir ‘Victor Frankenstein’ en una sola frase, la definiría como “una película que promete mucho y cumple poco”.

La primera parte de la cinta sí merece la pena, pues en ella profundizamos en el personaje de Igor Strausman (que en realidad no es Igor Strausman, pero eso ya lo veréis) de la mano de un expresivo y sensible Daniel Radcliffe. También me gusta la interpretación de Frankenstein de James McAvoy, que le aporta cierta rebeldía de la que carece en otras versiones del clásico y en el propio libro de Shelley. La película empieza así como una precuela original y divertida, en la que los inicios de la amistad entre el doctor y su ayudante se plantean de una forma diferente, mezclando el terror con el humor ácido.

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Bravo, Daniel, bravo.

Lo que bien comienza, no siempre bien acaba. Esta ‘comedia de terror’ va dejando paso a muchas (¡¡demasiadas!!) escenas de acción que distraen y abruman al espectador, perdiendo profundidad en los personajes y en tramas más interesantes como la relación de los protagonistas o la propia creación del monstruo. Y así es hasta el final, un desenlace un poco insípido y ligeramente abierto. O eso da a entender.

Respondiendo a la pregunta que se plantea en el título, sí, merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’. Merece la pena siempre que no tengas nada mejor que hacer, claro.

‘Horns’ o cómo hacer las cosas bien

La primera vez que vi a Daniel Radcliffe en pantalla, yo tenía diez u once años y ya había devorado los libros de ‘Harry Potter’ que se habían publicado hasta entonces. La película, por supuesto, me encantó, y a día de hoy me sigo sabiendo de memoria los diálogos. Los años han pasado y vi crecer literalmente a Daniel a lo largo de toda la saga. Cuando se estrenó la última película y el joven mago -ya no tan joven- se despidió de todos los fans, creí que nunca podría ver a Daniel fuera del papel de Harry. Por supuesto que lo hice y en películas muy diferentes como la romántica ‘Amigos de más’, en la que no me decepcionó en absoluto. Eso sí, siempre tenía en mente una vocecilla que me recordaba que estaba viendo “al chico de Harry Potter”. Esa es la sombra que le ha acompañado durante su carrera como actor, ser visto como “el de Harry Potter”.

Hace unos meses, me enteré de que se había rodado una película sobre uno de mis libros de terror favoritos, ‘Horns’ de Joe Hill. Desde ‘El traje del muerto’, el hijo de Stephen King me atrajo mucho, como ya expliqué en los primeros posts de este blog. Admito que sentí cierta decepción al saber que sería Daniel el que interpretaría a Ig Perrish, el protagonista de ‘Horns’. No es que crea que Daniel sea mal actor, al igual que tampoco pienso eso de Tom Felton o Emma Watson, pero para mí estaba demasiado ligado al rostro de Harry Potter y esa imagen no me casaba nada con el diabólico Iggy. Anoche, por fin, pude ver la película y me di cuenta de lo equivocada que estaba. Elegir a Daniel fue un tremendo acierto.

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Pero no fue el único acierto de la película. De hecho, y a pesar de que en toda película siempre se cambian algunas cosas respecto a los libros en los que se basan, la versión cinematográfica de ‘Horns’ ha sido un acierto en sí mismo. Como adaptación es buena y todo aquel que haya leído previamente el libro disfrutará recordando algunos detalles y recreando escenas memorables. Los que, por contra, no hayan leído la novela, se rendirán ante un guion impecable y una película que mezcla el terror con el amor y algunos toques de fantasía. Incluso, hay cabida para algunas escenas gore y de humor negro. La ambientación y la genial banda sonora -siempre es un placer escuchar a David Bowie– harán el resto.