Pesadillas para adultos

He crecido leyendo los libros de la saga ‘Pesadillas’ de R.L. Stine y, de hecho, fue gracias a ellos (y a películas como ‘Pesadilla en Elm Street’) por lo que me empecé a interesar por el mundo del terror. La nostalgia me puede y echo mucho de menos recorrerme la biblioteca municipal en busca de libros nuevos de ‘Pesadillas’. Por eso, no pude evitar ver como la fan más fiel la película homónima de 2015 basada en esta colección de terroríficos libros infantiles y en la figura de R.L. Stine, un film bastante mejorable pero entretenido.

Películas frikis aparte, hace poco he tenido el placer de leer ‘Superstitious’, la primera novela de terror para adultos de R.L. Stine. A pesar de que se publicó en el año 95, desconocía por completo su existencia y me llevé una gran sorpresa al localizar un ejemplar en la biblioteca. No sabía lo que me iba a encontrar ni si el estilo del autor diferiría mucho con su narración en ‘Pesadillas’, su serie de libros juvenil. Pero sí, la diferencia es evidente y en ‘Superstitious’ vemos a un escritor mucho más diabólico, sanguinario y morboso. Y eso, por supuesto, es de agradecer.

R L Stine pesadillas terror

Robert Lawrence Stine, el creador de nuestras pesadillas

Al más puro estilo de ‘Los crímenes de Oxford’, pero mucho más salvaje, ‘Superstitious’ tiene como escenario un campus universitario donde tienen lugar violentos y sangrientos asesinatos. Sara Morgan elige precisamente este momento para regresar a la universidad y volver a estudiar, lugar donde conoce al profesor Liam O’Connor. Su acento irlandés y sus supersticiones son rasgos que a Sara le parecen encantadores y hacen que se enamore de él, pero los crímenes del campus y otros sucesos aún más inquietantes empañan esta historia de amor idílica.

Aunque esta novela no tuvo tan buena acogida como los libros de ‘Goosebumps’ (‘Pesadillas’), éxito difícil de superar, merece la pena leer al R.L. Stine más maduro en una historia a la que no le falta detalle: violencia, sexo (¡y rock and roll!) y sucesos paranormales.

Nota: En España podéis encontrar el libro traducido como ‘Superstición diabólica’.

Listen

Sandy estaba feliz y últimamente era difícil que eso ocurriera. Habían pasado siete meses desde la muerte de su hermano, pero aún no había podido superarlo. Brandon no solo era su hermano, sino su amigo, un compañero apenas unos minutos mayor que ella. Era su hermano mellizo y no se hacía a la idea de no escucharle tararear canciones de Linkin Park en la ducha, de no pelearse con él por quedarse con la mejor parte de la empanada de mamá, de no ver los hoyuelos que surgían en su rostro juvenil siempre que reía. Llevaban dieciocho años compartiendo experiencias y ahora ya no quedaba nada. Fue la propia Sandy quien encontró su frío cadáver sobre la alfombra de su habitación. Llevaba su camiseta favorita, la de la caricatura de Steve Jobs, y sus grandes cascos reposaban sobre sus orejas aún emitiendo sonidos amortiguados. Amaba la música y hasta la propia muerte le sorprendió escuchándola. Eso reconfortaba un poco a Sandy.

La cuestión era que, tras siete meses de noches sin dormir y lágrimas en los lavabos del instituto, Sandy se sentía preparada para pasar página. Había decidido entrar en la habitación de Brandon y echar un vistazo a sus cosas para bucear en los recuerdos. Todo estaba como el día que se fue, excepto su cadáver, claro. Sandy pensó en hojear un rato sus cómics, pero entonces vio sobre el escritorio la caratula de un CD. La portada era negra y unas letras verdes y difusas dibujaban la palabra “DANGER”. San no conocía el grupo, pero si le gustaba a su hermano, tenía que ser bueno. Brandon le había demostrado a lo largo de su vida juntos que tenía buen gusto musical (excepto cuando le dio por escuchar a Fall Out Boy, claro). La cuestión es que Sandy confiaba en él, y no solo musicalmente hablando, así que abrió la carcasa y sacó el CD, ligeramente desgastado por el uso.

Pulsó el botón del play de su discman y algo empezó a sonar. Parecía música, pero Sandy no está del todo segura. “Qué single tan extraño”, pensó. Gritos. Rasguños. “¿Qué diablos está sonando?”, gritó Sandy para sus adentros. Sintió el sudor frío, gélido, sobre su frente. Le faltaba el aire. Intentó gritar, pero no logró articular ni una sola palabra. Le ardía la garganta y le escocían los ojos. La música, si es que podía llamarse así, seguía sonando. Era desesperante. Ni siquiera sabía lo que estaba escuchando, pero no podía quitarse los cascos. Lo intentó, pero había algo que la retenía. Empezó a dolerle el pecho como si le estuvieran clavando un puñal oxidado. Sentía que su cuerpo se partía por la mitad y que su cabeza estaba a punto de reventar. Jamás había experimentado tanto dolor ni tanta desesperación. No había sangre ni heridas, pero ella sentía que se rompía por dentro, que la música la estaba destrozando. “Esta es la música que Brandon estaba escuchando antes de morir. Esta es la música que le mató”. Los pensamientos viajaron fugazmente por la mente de Sandy, pero ya era demasiado tarde.

Marcus atraviesa el umbral de la puerta con cierta timidez. La madre de Brandon y Sandy, con gesto triste e inexpresivo, le guía hasta la habitación. “Coge lo que quieras. Yo ya no quiero ver estos objetos. Yo la quiero a ella, y a él, y… ya no están”, le dice la desdichada mujer en tono frío, luchando por no derrumbarse. Marcus asiente con la cabeza un poco nervioso. Se siente un poco mal por estar allí, en la casa de sus vecinos muertos, pero la propia señora Nesbitt le ha pedido que echara un vistazo a las cosas de sus hijos y se llevara lo que quisiera. La vista de Marcus recorre las estanterías y ve de todo: cómics, libros, gorras… Y, entonces, ve el CD. “¿Seguro que no quieres llevarte nada más?”, pregunta indiferente la señora Nesbitt. Pero no hay nada que le interese más que el CD de ‘Danger’. No conoce al grupo, pero no le importa: el disco le ha hipnotizado y sabe que tiene que llevárselo, que es lo único que merece la pena de aquel solitario cuarto juvenil. “No, gracias, señora Nesbitt. Me llevo solo esto. Lo pondré esta noche en mi fiesta de cumpleaños en honor a Brandon y Sandy. Quiero que todos lo escuchen”.

¿Merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’?

Hacer una película sobre una historia tan conocida como la del monstruo de Frankenstein no es tarea fácil. Por eso, sentía mucha curiosidad por ‘Victor Frankenstein’ de Paul McGuigan, precuela en la que el doctor Frankenstein y su ayudante Igor son interpretados por dos de mis actores favoritos, James McAvoy y Daniel Radcliffe.

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Está bien arriesgar y eso es algo demostró Burr Steers con ‘Orgullo, prejuicio y zombies’ en su macabra versión de la novela más famosa de Jane Austen. McGuigan ha intentado hacer lo mismo con el clásico de Mary Shelley pero, en mi opinión, no con el mismo éxito. Si tuviera que resumir ‘Victor Frankenstein’ en una sola frase, la definiría como “una película que promete mucho y cumple poco”.

La primera parte de la cinta sí merece la pena, pues en ella profundizamos en el personaje de Igor Strausman (que en realidad no es Igor Strausman, pero eso ya lo veréis) de la mano de un expresivo y sensible Daniel Radcliffe. También me gusta la interpretación de Frankenstein de James McAvoy, que le aporta cierta rebeldía de la que carece en otras versiones del clásico y en el propio libro de Shelley. La película empieza así como una precuela original y divertida, en la que los inicios de la amistad entre el doctor y su ayudante se plantean de una forma diferente, mezclando el terror con el humor ácido.

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Bravo, Daniel, bravo.

Lo que bien comienza, no siempre bien acaba. Esta ‘comedia de terror’ va dejando paso a muchas (¡¡demasiadas!!) escenas de acción que distraen y abruman al espectador, perdiendo profundidad en los personajes y en tramas más interesantes como la relación de los protagonistas o la propia creación del monstruo. Y así es hasta el final, un desenlace un poco insípido y ligeramente abierto. O eso da a entender.

Respondiendo a la pregunta que se plantea en el título, sí, merece la pena ver ‘Victor Frankenstein’. Merece la pena siempre que no tengas nada mejor que hacer, claro.

¿Qué pensaría Jane Austen de ‘Orgullo, prejuicio y zombis’?

Si Jane Austen levantara la cabeza y pudiera ver ‘Orgullo, prejuicio y zombis’, la excéntrica versión cinematográfica de su obra cumbre, ‘Orgullo y prejuicio’, se daría un susto de muerte. Y es que Burr Steers, el director y guionista de la película, ha roto todos los esquemas del clásico de Austen.

orgullo prejuicio y zombis

Por supuesto, hay muchas cosas que se mantienen invariables. Jane Austen vería a una Elizabeth Bennet interpretada por Lily James (‘Cenicienta’, ‘Downtown Abbey’) con el mismo carácter tozudo y escéptico que la protagonista de su libro. La soberbia de Mr. Darcy, al que da vida Sam Riley (‘On the road’, ‘Maléfica’), también se conserva en el filme. Incluso, Austen sería testigo de los estereotipos con los que cargaban las mujeres del siglo XIX, cuya máxima aspiración debía consistir en ser bellas, delicadas y encontrar un marido rico y con renombre que las mantuviera.

Darcy y Elizabeth en Orgullo, prejuicio y zombis

No obstante, la novelista también contemplaría sangre, vísceras y cerebros humanos. En ‘Orgullo, prejuicio y zombis’, una plaga de muertos vivientes invade el mundo y causa el caos en la apacible población inglesa de Meryton. Las tranquilas tardes de té y partidas de naipes se ven interrumpidas por estos pecualiares zombies (ya veréis por qué son peculiares, ya…) al que las damas y caballeros británicos hacen frente con dagas, sables y llaves de karate.

hermanas bennet en Orgullo y prejuicio y zombis

En definitiva, Jane Austen vería una película que, no os voy a engañar, es demasiado surrealista, pero tiene los sustos y puntos necesarios para entretener y acercarnos a una de las mayores obras de la literatura inglesa desde el punto de vista más creepy. Se escandalizaría, sí, pero seguro que también se alegraría de ver hasta dónde ha llegado la influencia de su novela. Y, desde el momento en que la viera, empezaría a devorar todas las temporadas de ‘The Walking Dead’. Seguro.

‘V/H/S’: cuando el terror se rebobina

¿Alguien se acuerda a estas alturas de 2015 de las cintas de vídeo? Yo no puedo evitar recordar las gruesas carátulas de las películas y las cintas de color negro carbón que el aparato reproductor de VHS engullía con ansia. Después, el inquietante sonido del rebobinado, que contribuía a restar mi paciencia. Y, por último, la película apareciendo en pantalla o, mejor dicho, los tráilers.

La cultura VHS y el cine de terror siempre han ido de la mano. Sobre todo, me refiero a las cintas de vídeo caseras y al concepto de película snuff (grabación de asesinatos reales). Son muchos los títulos de terror cuyo argumento gira en torno a las imágenes filmadas en cinta, como ‘The Ring’ (2002), ‘Sinister’ (2012) y, sobre todo, ‘El proyecto de la bruja de Blair’ (1992). El hecho de estar ante imágenes ‘caseras’ aumenta la sensación de realismo y, precisamente por ello, se ha apostado incluso por trilogías y sagas como las cuatro entregas de ‘REC’ y ‘Paranormal Activity’.

Hace unos días tuve el placer de visionar ‘V/H/S – Las Crónicas del miedo’, una producción estadounidense estrenada en 2012 engendrada por varios directores del género de terror como  Adam Wingard (‘You’re next’, 2011) o Ti West (‘The house of the devil’, 2009). En sus dos horas de metraje conviven dispares subgéneros de terror como el slasher, fantasmas y exorcismos, diferentes historias que comparten canal: todas son narradas a través de cintas VHS.

La película comienza presentando a un grupo de matones que invierten su tiempo en destrozar mobiliario urbano y a acosar a chicas mientras lo filman todo para ganar dinero a costa de ello. Un excéntrico caballero contacta con uno de los gamberros y le pide que consiga una cinta que contiene imágenes terribles, pero cuando el grupo acude a la casa en la que se encuentra dicha cinta, descubre la existencia de no una, sino de varias cintas malditas que albergan macabras historias.

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Exactamente, son cinco videorrelatos distintos los que articulan ‘V/H/S’ y, si tuviera que elegir el mejor de ellos, creo que me quedaría con la primera de las cintas, Amateur Night. Unos tipos fiesteros creen estar disfrutando de la mejor noche de sus vidas: chicas, alcohol, sexo… Para más inri, uno de ellos lo está grabando todo con unas gafas con cámara incorporada, pero este objetivo escondido presenciará también como su alocada fiesta se transforma en una sangrienta pesadilla.

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No obstante, el resto de cintas tampoco se quedan atrás en cuanto a calidad y horror. Tenemos una pareja que disfruta de su luna de miel en Arizona, aunque hay alguien que les vigila mientras duermen. Otra de las cintas relata el viaje de un grupo de amigos en un siniestro bosque en el que tuvieron lugar perversos crímenes. Internet también tiene su lugar en esta antología de terror con un brillante corto sobre relaciones a distancia, webcams y extrañas criaturas que acechan en la noche. La última cinta versa sobre una casa encantada en la que se adentran unos chicos en Halloween y, lo más sorprendente de esta historia, es su impactante desenlace.

Vais a pasar miedo y vais a disfrutar. Al estar fragmentada en cinco historias, la película se hace corta y os quedaréis con ganas de más. Por suerte, hay dos entregas más: ‘V/H/S 2’ (2013) y `V/H/S: Viral’ (2014). Yo pienso verlas muy pronto. ¿Os atrevéis vosotros?

Oda a Tate Langdon

Me he hecho fan de American Horror Story. Más de cuatro años después del estreno de su primera temporada, he decidido darle una oportunidad. Llego tarde, sí, pero llego para quedarme. Y uno de los culpables de este enamoramiento seriéfilo es Tate Langdon.

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Le quise desde el principio. Su estética grunge atormentada me evocaba una síntesis entre Kurt Cobain y James Dean. Creía en la locura, pero no estaba loco. No creía en el amor, pero se enamoró.

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Se manchó las manos de sangre incontables veces. Es increíble que el mismo tipo sádico, despiadado e insensible ante el dolor ajeno, pueda poseer al mismo tiempo una sensibilidad tan intensa. Él no comprende al mundo, pero el mundo tampoco lo comprende a él.

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Es irónico y ácido, pero también puede ser romántico. Esconde su debilidad tras una coraza de rebeldía e indiferencia. Es siniestro y aborrece la normalidad. No huye de nada y huye de todo.

Es Tate.

5 razones para ser fan de ‘Scream Queens’

Podemos hacer muchas cosas con el género de terror: amarlo, sentir miedo, disfrutarlo y hasta reírnos de él. Esto último es lo que hace ‘Scream Queens’, la serie de Fox que explota los tópicos más comunes del cine de terror mediante un humor ácido y absurdo. En concreto, podemos entender ‘Scream Queens’ como una divertida parodia del género slasher, del que ya hemos hablado en este blog, pues precisamente está inspirada en la saga más representativa de este género: ‘Scream’. Yo estoy totalmente enganchada y creo que a vosotros también os puede conquistar por muchas razones:

1. Risas y gritos a partes iguales
¿‘Scream Queens’ da miedo? Sí, o al menos, mantiene al espectador en tensión y suele procurarle una buena dosis de pequeños sustos cada capítulo.
¿’Scream Queens’ hace reír? Sí, y mucho. Es una serie “mala” a propósito, una cóctel de situaciones absurdas y de clichés llevados al límite.

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2. Personajes excelentes
Como ya he dicho, ‘Scream Queens’ explota los tópicos más recurrentes del cine de terror, por lo que entre sus personajes se encuentran perfiles muy típicos como el de Grace (chica buena, curiosa y que siempre sobrevive a los ataques del psicópata en cuestión, como Sidney en ‘Scream’), Zayday (best friend de la protagonista, aunque más espabilada que ella), Pete (amigo y proyecto de novio de la protagonista, un pagafantas tan adorable que acabas hasta sospechando de él), las Chanels (las víctimas preferidas de todo asesino en serie, una manada de pijas asustadizas que únicamente se dedican a adorar a su abeja reina, Chanel nº1), Dennise (en todas las películas de terror adolescente hay algún policía, normalmente  un poco estúpido, lo cual es el caso de esta vigilante de seguridad), la Decana Cathy Munsh (persona con autoridad que se siente impotente al no poder parar al asesino que, en este caso, está destruyendo su reputación y la de la institución que dirige) y Wes (padre de Grace, típico familiar preocupado y entrometido).

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3. Reparto aún más excelente
Si los personajes molan, los actores que los interpretan, más. Y es que mezclar a personalidades tan dispares como la actriz Emma Roberts (es conocida por ser la sobrina de Julia Roberts, aunque su interpretación en esta serie hace que destaque por sí misma), Jamie Lee Curtis (actriz veterana e hija de dos brillantes estrellas del cine clásico: Tony Curtis y Janet Leigh), la cantante Ariana Grande (¿Quién no ha sufrido con la tirantez de su enorme coleta?), Lea Michele (la protagonista absoluta de la exitosa serie ‘Glee’), Abigail Breslin (os sonará su cara porque es, nada más y nada menos, que la adorable niña de ‘Little Miss Sunshine’), el guapísimo Diego Boneta (y, para más inri, latino),  y Nick Jonas, el pequeño de los Jonas Brothers (de alguna forma había que enloquecer a las teenagers, ¿no?) poseía salir muy mal o muy bien. Y, en este caso, ha salido bien.

4. Estética teen
No hay nada más atractivo que los crímenes sangrientos entre adolescentes, sobre todo si tienen lugar en un campus universitario. ‘Scream Queens’ se adentra en el universo de las hermandades, las novatadas y las fiestas cool, aportando siempre el ingrediente más terrorífico: la muerte.

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Los Dollar Shcollars, la hermandad masculina más posh del campus

5. Referencias cinematográficas
¡Atención, cinéfilos! Estamos ante una serie que no solo es una parodia, sino todo un homenaje a las películas más icónicas del cine de terror. Tal es así, que algunos capítulos están inspirados en famosísimos títulos como ‘La matanza de Texas’, ‘Halloween’, ‘El Resplandor’ o ‘Piscosis’.  Simplemente maravilloso.

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Jamie Lee Curtis emulando a su madre en ‘Psicosis’

 

‘La cumbre escarlata’, la delicia de los amantes del horror sobrenatural

Guillermo del Toro (‘El laberinto del fauno’, ‘Pacific Rim’) ha regresado pisando fuerte. Con motivo de la Fiesta del Cine y el consecuente abaratamiento de las entradas, he aprovechado hoy para ver la nueva propuesta del director mexicano, ‘La cumbre escarlata’. Creo que han sido 3 euros muy bien gastados y que es una película que os gustará si sentís especial atracción por las pelis de fantasía con toques macabros. Sí, efectivamente, estoy pensando en Tim Burton.

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La trama es sencilla: una joven escritora víctima de una tragedia familiar se enamora de un misterioso noble -pero arruinado- con el que decide casarse y marcharse a vivir a su tétrica mansión, conocida como La cumbre escarlata por el sangriento color que adquiere la nieve al mezclarse con la arcilla de las minas del lugar. Sin embargo, el galán caballero, que no es otro que el guapo actor Tom Hiddleston, no está solo: su inseparable hermana y unos inquilinos un tanto fantasmagóricos campan a sus anchas por la casa de color bermejo.

la cumbre escarlata

Para mí han sido 2 horas de disfrute y algún susto que otro. Aunque la califiquen como película de terror, yo no la incluiría como tal en el género o, al menos, lo haría con ciertos matices. Es una historia de pasión, amor, venganza y el peso del pasado, aunque también hay fantasmas, sustos y un par de escenas un poco gore. A continuación os ofrezco mi breve resumen:

Lo mejor:
– El guion es bastante original y la historia está bien hilada. Son dos horas de metraje que no se hacen nada largas.
– El reparto
 es bueno, sobre todo por Tom Hiddleston y Jessica Chastain. Charlie Hunnam también me ha sorprendido. ¡Qué bien que al final no hiciera de Christian Grey!
– Lo visual. En serio, disfrutaréis como niños de los alucinantes contrastes entre colores y de sangrientas escenas que resultan hasta bellas. Además, detalles como el vestuario están especialmente cuidados.
La película está plagada de referencias literarias, con claras alusiones a obras como ‘Otra vuelta de tuerca’ de Henry James, ‘El fantasma de Canterville’ de Oscar Wilde o la mismísima novela ‘Drácula’. De hecho, la protagonista, Edith (Mia Wasikowska), es un vivo reflejo de Mary Shelley, autora de ‘Frankenstein’.

Lo peor:
– Hay un par de efectos especiales poco pulidos. En la sala de cine se escapó más de una risita al ver el aspecto artificial de uno de los fantasmas.

– A veces se utilizan transiciones entre escenas de lo más cutres, tipo las que incluye el programa Movie Maker. Es una pena que una película tan cuidada estéticamente parezca en algunas ocasiones una presentación de Power Point.
– El doblaje al castellano, aunque me refiero particularmente al personaje de Edith, al que pone voz Michelle Jenner, cuyo tono es demasiado aniñado (y no puedo evitar acordarme de Hermione, lo admito).

la cumbre escarlata jessica chastain

En definitiva, si no sabéis qué ver durante estos días, tirad por el horror de Guillermo del Toro. No creo que os defraude.

‘It Follows’ y el miedo de no estar solo

Que si el cine de terror siempre es igual, que si ya no se hacen películas como las de antes, que si el género está sobrevalorado… Estas son solo algunas de las frases que los amantes del terror nos vemos obligados a escuchar cada día. Bien es cierto que estoy en parte de acuerdo con que el cine de terror clásico es inigualable y que, actualmente, se abusa de temas demasiado recurrentes como los exorcismos y casas invadidas de espíritus que enloquecen a los mediums. Aun así, y como ya he dicho en otras ocasiones, el cine de terror es un género bastante incomprendido e infravalorado y, quién dice que no tiene sustancia (que no tiene ‘chicha’, vamos), no ha visto demasiadas buenas pelis. En los últimos años, las películas de este género se están reinventando, sobre todo en su variante más indie. Se ha empezado a apostar por el miedo más psicológico, ese que hace temblar el cuerpo, las entrañas y hasta el alma.

Hay propuestas bastante originales como las entregas de ‘The Purge’ (de las que también hemos hablado aquí), que explotan el lado más diabólico y grotesco del acto de matar, confluyendo los intereses de un Estado que quiere “limpiar” el país de los estratos más desfavorecidos y el puro disfrute que sienten algunas personas al acabar con la vida de alguien.

Justamente ayer tuve el placer de ver por primera vez ‘It Follows’, la película con la que el joven director David Robert Mitchell consiguió ser aclamado por la crítica en el Festival de Cannes de 2014. Lejos de todos los típicos de algunas producciones del género, ‘It Follows’ apuesta por el terror más psicológico y real. Y es que… ¿quién no ha tenido la sensación de ser seguido u observado por la calle? Esto es precisamente lo que le sucede a Jay, la protagonista, víctima de una maldición que ha llegado a ella de la forma más sorprendente: mediante el sexo. Pero esta analogía con las enfermedades de transmisión sexual va mucho más allá, ya que todo aquel que sufra esta maldición será presa de un horrible y mortal destino si no se la transmite pronto a otra persona.

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Las escenas de muerte, sufrimiento y sangre son escasas y poco explícitas, pero no son necesarias. La clave está en la tensión de saberse observado, de sentir una presencia que solo tú puedes ver anhelando tu cuerpo. Es precisamente esta tensión la que consigue que los 100 minutos de la cinta, construida en un ritmo lento, transcurran deprisa. Cada escena y cada detalle visual están cuidados y pulidos al límite al igual que una banda sonora que transporta al espectador a un lugar donde las pesadillas se hacen realidad.

Confiad en mí y disfrutad de ‘It Follows’. Os aseguro que jamás volveréis a dejar de vigilar vuestras espaldas.

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El castigo

* Continuación de La partida

Bebí otro trago de whisky sin sentir nada. La garganta ya no me ardía como la primera vez. Había llovido y el pavimento estaba mojado, pero no me importaba. Pensaba permanecer toda la noche allí sentada, calándome los vaqueros y bebiendo alcohol barato. Estaba harta de la vida y la vida estaba harta de mí. Mi familia, o lo que quedaba de ella, me daba de lado, y los pocos amigos que tenía se habían evaporado. Únicamente me tenía a mí misma, y eso no me reconfortaba demasiado.

Abrí los ojos lentamente y mi mirada se topó con una robusta sombra. Me tendió la mano, que era igual de voluminosa pero muy cuidada. El hombre se acarició la barba mientras se presentaba. Se llamaba Gaspar y no fui capaz de adivinar de dónde provenía su acento. Tampoco importaba demasiado. Él me ofreció una oportunidad, una nueva opción de vida. Cogí su mano, me incorporé y le seguí. Al fin y al cabo, no tenía nada que perder.

Me llevó a su casa, donde me di una ducha y me vestí con ropa limpia que él me cedió. Me dolía un poco la cabeza y mi aliento seguía oliendo a alcohol, pero por lo demás me encontraba bastante bien. Nos sentamos en las suntuosas butacas de su gran salón y comenzó a explicarme lo que quería de mí. No se entretuvo demasiado: deseaba ofrecerme un trabajo. En otra etapa de mi vida, me hubiera estremecido al escucharle y hubiera huido de allí tras conocer en que consistía el empleo en cuestión. Pero yo solo quería vivir o, mejor dicho, olvidarme de vivir. Lo acepté sin dudar. Jamás había matado a nadie, pero todo era cuestión de práctica. Me juré a mí misma hacer las cosas bien y convertirme en la mejor asesina a sueldo de la ciudad.

Los primeros encargos no fueron fáciles. Al ser una novata, me temblaba el pulso cada vez que tenía que apretar el gatillo y sentía un doloroso peso en el estómago cada vez que lo hacía. Sin embargo, la práctica hizo que la torpeza y el remordimiento se esfumaran. Era como si cada vez que le arrebataba la vida a alguien, yo ganara un poco de vida. Una vida podrida y maldita, sí, pero vida después de todo. Poco a poco, me fui aficionando al miedo en los ojos de mis víctimas, al aroma de la sangre y a la tensión liberada cada vez que cumplía mi misión. Gaspar me pagaba siempre puntualmente y yo sentía que por fin tenía un papel en este horrendo mundo.

Todo iba tan bien que nunca imaginé que acabaría recibiendo un encargo al que no podría hacer frente. Gaspar tenía muchos enemigos y uno de ellos era un empresario irlandés. Quería vengarse de él y no encontraba mejor manera de hacerlo que arrebatándole lo que más quería. Pero yo no me sentía capaz de hacer lo que me pedía. No podía matar al hijo del irlandés por mucho que lo intentara, a pesar de que sabía que la consecuencia, o más bien, el castigo, sería jugar una partida de póker a muerte. La causa no era el miedo ni la culpa, sino una fuerza mucho más poderosa. Él fue la única persona por la que un día sentí algo parecido al amor, y… ¿quién soy yo para luchar contra el amor?